«Personas como Fidel Castro nacen cada dos o tres siglos»

13/08/2017

El Cónsul General de Cuba en Canarias es testimonio obligado y documentado en una fecha de tanto calado para su país y, por extensión, para la multitudinaria colonia de gentes nacidas u originarias del archipiélago con vínculos directos con la isla caribeña.

Las Palmas de Gran Canaria
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— ¿Conoció personalmente a Fidel Castro?

— Por cuestiones de trabajo tuve esa suerte. Yo ingresé en la Cancillería de Cuba en el año 1988 como traductor e intérprete. Y, en alguna que otra delegación en la que participé, él se presentó y en más de una ocasión tuve que traducirle, aunque él hablaba muy bien inglés. Eso sí, se sentía más cómodo en su lengua materna. Fueron tres o cuatro ocasiones en las que estuve con él.

— Dicen que, en las distancias cortas, dejaba huella. ¿Es así?

— Impresionaba. Desde que lo veías llegar, con su forma de caminar, el cuerpo monumental que tenía, tan grande que sobresalía en cualquier sitio al que llegaba... Tenía unas manos bellas, cuidadas, finas... Siempre me llamaron la atención sus manos.

— ¿Qué rasgo de él le sorprendió?

— No era el típico cubano de estar de bromas, hablador, guarachero, de cuentos... No era una persona triste, porque destilaba optimismo y esperanza. Pero esos sentimientos que siempre tuvo los exhibía de una manera más calmada, más calculada.

— Acaba de regresar de Cuba. ¿Ha percibido allí sentimiento de orfandad de Fidel?

— Fidel era una persona que iba al futuro, volvía y te lo contaba. Y hasta fue previsor en ordenarlo todo para cuando ya no estuviera presente, pues en los últimos años se retiró del poder y nos fue acostumbrando a sus ausencias. Aunque eso es imposible. Siempre hubo, hay y habrá necesidad de tenerlo. Hay un dicho cubano que se dice cuando salta algún problema, por muy nimio que sea: Esto no lo sabe Fidel. Porque teníamos la seguridad de que, estuviera donde estuviera, podía resolverlo todo. Si había una tarea pendiente en la salud, él se convertía en el ministro de Salud. Si había un evento deportivo, el se convertía en el ministro de Deportes. Si se iniciaba el curso escolar, el se convertía en ministro de Educación. Lo tocaba todo con las manos.

— ¿Pervivirá su legado?

— Fidel es Fidel. Personas como él nacen cada dos o tres siglos. En Cuba tuvimos la suerte de tener a José Martí, nacido en 1853 y luego a Fidel, que vino al mundo en 1926. A Fidel se le extraña tanto por amigos como por adversarios. Era una persona que se hacía respetar. Amado por sus seguidores y por sus enemigos, respetado. Fue siempre muy ético. En Cuba nunca hubo una ofensa personal hacia ningún líder del mundo. Usaba epítetos o frases, pero nunca denigró a nadie como persona. Nos enseñó esa ética, ese respeto. Ni en los peores momentos de enfrentamiento y agresiones de los Estados Unidos jamás se quemó una bandera americana en Cuba, cosa que se ve a diario en todo el mundo. Fidel nos enseñó a ser fieles a nuestros principios, a no claudicar. Y esto se aplica en política y en la sociedad en general. A finales de la década de los ochenta, con la caída del campo socialista y un desmonoramiento como fichas de dominó, muchos predecían el fin de la Revolución de Cuba. Recuerdo que Fidel decía que no le pusieran recetas. No quería soluciones para nuestro país que se aplicaban en otras partes. Se dijo que Fidel nos llevaría a un holocausto por ser fiel a sus principios. Y esos principios, los que él estableció, han hecho que Cuba dejara, desde 1959, de ser el prostíbulo de América, y sea respetada por todo el mundo. Yo lo he podido comprobar en persona en numerosos países. Dices que eres cubano y, para bien o para mal, hay una expresion peculiar. Él estableció una política exterior de gigante, de primer mundo. Cuba siempre es noticia por su constante cambio y evolución. Y sin recetas.

— En noviembre hará un año de su muerte pero lo tiene muy presente...

— Tenemos sus enseñanzas. Fidel era un libro abierto. Nuestros cancilleres siempre han estado apegados a Fidel. Escuchando sus alertas, sus consejos estratégicos. Presidió muchas delegaciones internacionales. Había que ver cuando llegaba a Nueva York y le preguntaban si no tenía un chaleco antibalas. Se descamisaba y replicaba que tenía un chaleco moral. Hay documentados más de 600 intentos de asesinato contra Fidel. Se fue cuando quiso, nadie pudo con él, se fue invicto. Eso nos reconfortó. Nadie se prepara para una muerte de esa magnitud, pero este detalle te ayuda a sobrellevarla. No murió un ser humano cualquiera. Eso lo han reconocido todos. Tanto aquí, en Canarias, como en otras ciudades y países, las manifestaciones de dolor fueron espontáneas y masivas. En Cuba se dieron mares de gentes acompañando su cortejo fúnebre. Eso es imposible inventarlo, decretarlo, obligarlo.

— ¿Qué futuro está escribiendo Cuba sin Fidel?

— Esta pregunta me la hicieron en Ecuador en 2006. «¿Qué hará usted cuando muera Fidel?», me dijo el periodista. Le contesté que, en primer lugar, lo lloraría mucho. Y después le decía: «Si en su casa se muere su padre, ¿se cierran las puertas y cada miembro de la familia se va por su lado?». ¿Verdad que no? Pues aquí igual. A Fidel hay que estudiarlo más que nunca, leerlo e interpretarlo por su legado moral, político y personal. Era un hombre afable, que le pasaba el brazo por el hombro a cualquiera. No era déspota. No lo idealizo. Hay miles de testimonios que así lo constatan porque él vivía en las calles. Bastante duró con lo poco que dormía y lo poco que comía, siempre pensando en su pueblo. Y su pueblo seguirá con él.