Naftali Bennett / EFE

Líder colono, empresario y militar

Naftali Bennett, futuro primer ministro del gobierno de cambio durante los primeros dos años, apuesta por la anexión de Cisjordania y se niega a aceptar la creación de un Estado palestino

MIKEL AYESTAR Jersusalén

Naftali Bennett traslada su fórmula de éxito en el mundo empresarial a la política y tras quince años de carrera llega a la cima del poder en Israel y desbanca a quien fuera su mentor: Benjamín Netanyahu. Hijo de emigrantes llegados desde San Francisco, Bennett nació en Haifa hace 49 años y es un religioso ortodoxo que creció en el seno de una familia secular. Tras pasar temporadas en Estados Unidos y Canadá, estudió Derecho en la Universidad Hebrea de Jerusalén y fundó la empresa de ciberseguridad Cyota, que vendió en 2005 por 123 millones de euros. Este pasado de éxito en el mundo de las start ups y su experiencia como oficial en la unidad Maglan de las fuerzas especiales del Ejército, una de las unidades de élite, son dos de los aspectos que más han marcado la vida del nuevo primer ministro.

Su llegada a la política se produjo en 2006 y eligió el Likud, que por entonces estaba en la oposición y Netanyahu le nombró jefe de gabinete. La aventura no salió como esperaba, decidió reorientar su carrera hacia el sionismo religioso y se convirtió en líder del movimiento colono desde 2010 a 2012. De esta experiencia nació su compromiso con el ultranacionalismo y pasó a encabezar el partido Bayit Yehudi, con el que obtuvo 12 escaños en las elecciones de finales de 2013. Formó parte de la coalición encabezada por Netanyahu y ocupó los ministerios de Economía, Asuntos Religiosos y Diáspora. En las elecciones de 2015 volvió a convertirse en parte de la coalición de gobierno y fue nombrado ministro de Educación.

Tres años después, en medio de la turbulenta vida política de un país cada vez más polarizado por Netanyahu, Bennettt decidió formar su propio partido, le llamó Nueva Derecha y fue su primer gran fracaso porque no logró superar el porcentaje mínimo de votos exigidos para poder entrar en el parlamento. En la vorágine de las cuatro elecciones de los últimos dos años, Nueva Derecha pasó a llamarse Yamina tras aliarse con otros dos partidos pequeños, logró entrar en la cámara y Bennett llegó a ser nombrado ministro de Defensa en uno de los gobiernos interinos de Netanyahu.

En los comicios de marzo de 2021 Yamina obtuvo siete escaños y gracias a ellos y a la colaboración estrecha con Yair Lapid, el ex empresario y ex jefe de los colonos da el salto a la primera línea. El problema que le enfrenta a Netanyahu no es ideológico, es más de gestión y sobre todo personal, lo mismo que le ha pasado al líder del Likud con otros ex protegidos como Avigdor Lieberman o Gideon Saar, que también se han embarcado en el gobierno del cambio.

No al Estado palestino

Bennett se considera un judío «ortodoxo moderno». Es el primer jefe de gobierno con kipá, pero lidera una coalición secular. Esa transversalidad se vio también durante su época como jefe de los colonos ya que lideró el Consejo Yesha, organismo que une a las colonias de Cisjordania, pero nunca ha sido un colono y ha mantenido su residencia en Ra'anana, cerca de Tel Aviv.

Uno de los puntos clave en su programa electoral es la necesidad de pasar de la ocupación a la anexión de Cisjordania. Se opone de manera abierta a la creación de un Estado palestino por lo que no comulga con la solución de los dos Estados que defiende la comunidad internacional, con el gobierno de Joe Biden a la cabeza. Cuando en 2013 declaró «he matado a muchos árabes en mi vida y no hay ningún problema», sus palabras ocuparon todos los titulares de prensa aprovechó para marcar diferencias con Netanyahu porque aseguró estar «más a la derecha» que el primer ministro.

«Debemos seguir trabajando en esta dirección para anexionar esta zona C y darle identidad israelí, lo mismo que hicimos con el Golán y con Jerusalén Este, áreas que con el paso de los años el mundo ya ha comprendido que son nuestras», es una de las máximas que repite el dirigente ultranacionalista en cada campaña. Este gobierno del cambio tendrá la oportunidad de liderar este proyecto que no pudo realizar ni el mismísimo Netanyahu, aunque vista la coalición que tiene a su lado se muestra pragmático y ya ha adelantado que «todos vamos a tener que ceder y no podremos cumplir nuestros programas».