Más de un millar de personas se manifestaron este fin de semana en Washington para pedir el fin de las ayudas de EE UU a Israel. / AFP

El futuro político de Netanyahu queda en manos de los partidos minoritarios árabes

La alianza de la oposición para formar un Gobierno se queda a cuatro escaños de la mayoría necesaria y resurge la sombra de las elecciones

MIKEL AYESTARAN Corresponsal. Jerusalén

Tras obtener el apoyo del político ultraconservador Naftali Bennett, Yair Lapid trabaja contra el reloj para conseguir los cuatro diputados que le faltan para alcanzar los 61 que le permitan formar el 'Gobierno del cambio' en Israel. El tono triunfalista de la noche del domingo se convirtió este lunes en moderado y Lapid, líder de Yesh Atid, que tiene hasta la medianoche de mañana para desbancar a Benyamin Netanyahu, declaró ante los medios que «hay todavía muchos obstáculos. Esta puede ser nuestra primera prueba. Veremos si podemos encontrar compromisos inteligentes para nuestro importante objetivo».

Ese objetivo no es otro que poner fin a la era del Likud, una misión que ha unido a los partidos centristas Yesh Atid y Azul y Blanco con la derecha radical de Yamina, la menos radical de Israel Beitenu y Nueva Esperanza, y las formaciones de izquierda Avoda y Meretz. Entre todos suman 57 escaños, por los que precisan del apoyo, o al menos la abstención, de los partidos árabes que, hasta el momento, no se han posicionado de manera oficial. Por ello, de momento queda en el limbo el acuerdo de que Bennett asumirá el Ejecutivo durante los dos primeros años, y luego lo entregará el lugar a Lapid, como han desvelado los medios locales.

Bennet y Lapid tienen hasta la medianoche de mañana para cosecharlos apoyos que precisan para su nuevo Ejecutivo

«No se hace nada hasta que se concrete, aunque ellos (Lapid y Bennett) estén en mejor posición, Bibi (apodo de Netanyahu) siempre está un paso adelante, aún no se ha ido», advirtió este lunes Jonathan Rynhold, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Bar Ilan cerca de Tel Aviv.

Amenazas de muerte

Medios conservadores de Israel como el diario 'Maariv' ven a un Netanyahu «más acorralado que nunca». En su editorial destaca que «Bennett aparece de pronto como nuevo primer ministro para convertir a Netanyahu en jefe de la oposición».

El repentino cambio de estrategia de este político de 49 años, que fue líder del consejo de colonos y aboga por la anexión de Cisjordania, es criticado duramente por los partidos ultraortodoxos y parte de sus propios votantes. Su decisión de dar la espalda a Netanyahu para pactar con formaciones de centro e izquierda se ha traducido en amenazas de muerte de tal calibre que su nivel de seguridad ha tenido que ser elevado al grado cinco, el segundo mayor de amenaza en Israel y se han reforzado las medidas para garantizar su protección y la de su 'número dos', Ayelet Shaked.

Si Lapid no logra formar Gobierno, el presidente, Reuven Rivlin, dará el mandato al Parlamento y se abrirá un plazo de 21 días para que cualquier diputado intente lograr los 61 asientos necesarios que le otorguen la mayoría. En caso de que nadie tenga éxito, Israel deberá ir a las urnas por quinta vez en los últimos dos años con lo que Netanyahu, en el poder desde 2009 y quien también fue primer ministro de 1996 a 1999, volvería a tener una nueva oportunidad para que los votantes tuvieran la última palabra sobre su futuro.

Juzgado por «corrupción» en tres casos, es el primer jefe de Gobierno israelí que se enfrenta a procesos penales durante su mandato. Y estas demandas podrían afectarlo si perdiera la inmunidad que tiene por ley.

Esta situación de incertidumbre política coincide con la negociación abierta con Hamás para intentar consolidar el alto el fuego en Gaza después de la última ofensiva. Tras su encuentro con Netanyahu del domingo, Abbas Kamel, jefe de la inteligencia de Egipto, se ha entrevistado también con Yahia Sinwar, líder del grupo islamista en la franja. Es la primera visita de un jefe de inteligencia de El Cairo a Gaza desde 2000 y supone un cambio de estrategia en la política de Abdel Fatah al-Sisi, un gran enemigo de los Hermanos Musulmanes.

El frente de las tecnológicas

CAROLINE CONEJERO | Nueva York

Los profesionales de la tecnología han incrementado la presión sobre los gigantes del sector como Google, Amazon, Facebook y Apple para forzarles a reconsiderar sus estrechos vínculos con Israel tras las secuelas de la ofensiva sobre la Franja de Gaza. Se produce en medio de una creciente tendencia a la militarización de la industria tecnológica de EE UU y un aumento del malestar con los recientes ataques y la actitud de Benyamin Netanyahu, que incluso colmó la paciencia del presidente Joe Biden cuando semanas atrás trató de sellar un alto de fuego.

La voz de la comunidad árabe en Estados Unidos, aunque aún modesta, empieza a hacerse notar y desde los bombardeos en Gaza se han producido protestas en favor de los palestinos ante la sede de la ONU en Nueva York y otras ciudades. Este fin de semana más de un millar de personas se manifestaron ante el Lincoln Memorial de Washington para pedir el fin de la ayuda estadounidense a Israel. Las manifestaciones subrayan el cambio que se está produciendo en la opinión pública estadounidense.

La campaña sobre las corporaciones tecnológicas comenzó con el envío de cartas a los accionistas y directivos de Amazon y Google. Una táctica que ya ha dado resultados en el pasado, como cuando los empleados de Google consiguieron la cancelación de un contrato de inteligencia artificial con el Pentágono. Microsoft también se desprendió de la firma israelí AnyVision por la presión de sus profesionales.

La creciente tensión en el interior de 'la ballena' de la tecnología se ha aliado con activistas externos para elaborar estrategias de agitación eficientes, Su fin es generar un movimiento de presión y capitalizar la polarización política en Washington sobre el posicionamiento ante Israel. Una fractura en la tradicional línea con un giro de los demócratas hacia una posición más dura contra el Gobierno de Netanyahu.