El líder de Estado Islámico, Abú Ibrahim al Hashimi al Quraishi. / Afp / Atlas

El líder del Estado Islámico se autoinmola con su familia durante un ataque estadounidense

A Abdullah, que intentaba reconstruir la fuerza del grupo yihadista sin salir de su caseron, se le considera responsable del genocidio yazidi en 2014

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

Joe Biden tuvo este jueves su momento Bin Laden y la oportunidad de decir que «el mundo es un lugar más seguro» gracias a su liderazgo militar. El presidente pasó la noche con su equipo de seguridad nacional monitoreando por las pantallas la operación que acabó con la vida del líder del Estado Islámico Abu Ibrahimi al-Qurayshi, también conocido como Hajji Abdullah, que «eligió quitarse la vida en lugar de enfrentar a la justicia, en un acto final de cobardía y desesperación, sin tener en cuenta las vidas de su propia familia», dijo el presidente.

A Abdullah, que intentaba reconstruir la fuerza del Estado Islámico sin salir de su caserón, se le considera responsable del genocidio yazidi en 2014. Eso y otros asesinatos alrededor del mundo le habrían dado puntos de crueldad para heredar el califato en 2019, después de que Abu Bakr Al Baghdadi se autoinmolara también durante un operativo estadounidense.

Rodeado por las fuerzas especiales norteamericanas en la casa de Siria en la que vivía con su familia, Abdullah siguió sus pasos al detonar un chaleco explosivo que redujo a ruinas el tercer piso de la vivienda a ruinas, con toda su familia dentro, según la versión estadounidense. Fuentes periodísticas sostienen que seis niños y tres mujeres habrían muerto en el ataque, cifra que Washington ni confirma, ni desmiente. Tanto el Pentágono como la Casa Blanca insistían este jueves en que el presidente Biden prefirió involucrar a las fuerzas especiales en una operación muy arriesgada para salvar el mayor número posible de vidas inocentes, pese a que lo más fácil hubiera sido descargar sobre él un misil teledirigido con un avión sin piloto.

Frente a los 40 minutos que duró el operativo contra Bin Laden en 2011, la operación de este jueves en Siria duró dos horas, «exactamente lo que habíamos planeado», sostuvo el portavoz del Pentágono, John Kirbi, quien negó tajantemente que algo hubiera salido mal. Sin embargo, el general Mark A. Milley tomó la decisión de destruir un helicóptero que experimentaba fallos mecánicos y que, según el Pentágono, no podía volver a la base. El aparato contenía demasiados secretos militares en su mecánica como para dejarlo atrás en una zona dominada por el Estado Islámico.

Buena parte del éxito de esta operación es la cooperación con las fuerzas democráticas sirias del Kurdistanprueba de que el gobierno de Biden reparar las maltrechas relaciones que dejó Donald Trump al dejar a estos aliados en manos del presidente turco Recep Tayyip Erdogan. «Estamos inmensamente orgullosos de las fuerzas que han ejecutado esta misión», presumió Kirbi.

Imagenes del ataque. / AFP

Según contaron los testigos a CNN, al estruendo de los helicópteros en mitad de la noche siguieron voces en árabe con acento iraquí que demandaban a los inquilinos de la casa salir con las manos en alto. El esfuerzo duró al menos media hora, tras la cual los interlocutores se centraron en convencer a las mujeres para que al menos dejaran salir a los niños, pero Abdullah consideraba a sus propios hijos parte del escudo humano que lo protegía.

Uno de sus lugartenientes y su esposa ocupaban la segunda planta, desde la que enfrentaron a mano armada a las tropas americanas, por lo que los militares estadunidenses decidieron «eliminarlos». Este jueves el portavoz del Pentágono admitió que «es posible» que las balas intercambiadas alcanzaran a alguno niños en esa planta, pero subrayaba que al menos cuatro habrían salvado la vida gracias a la paciencia ejercida.

LA CLAVE:

  • Rédito político. Biden asegura que «el mundo es un lugar más seguro» tras la eliminación del perseguido terrorista

Esos niños pertenecerían a la familia «inocente» que ocupaba la primera planta y que, según los estadounidenses, ni siquiera conocían la afiliación al Estado Islámico de sus vecinos. Para Biden la operación es «testamento» de la determinación estadounidense de no levantar la presión sobre la organización terrorista que amenaza su seguridad nacional, incluso si no tiene tropas dentro de Siria. Además, envía un mensaje intimidador a Rusia, en un momento de máxima tensión, y saca brillo a la imagen del presidente que enfrenta los índices de popularidad más bajos de su mandato. Biden habría sido informado de que la inteligencia había localizado el escondite de Abdullah a principios de diciembre, pero no dio luz verde a la operación hasta el martes, «porque era la mejor ventana posible», dijo Kirbin.