Bergoglio es recibido por un grupo de niños a su llegada a la catedral de Bagdad.

Bergoglio advierte que «extremismo y violencia traicionan a la religión»

Durante su segundo día de visita al país árabe, el Pontífice recuerda la barbarie sufrida por los yazidíes a manos del Estado Islámico

DARÍO MENOR Roma

Tras firmar hace dos años en Abú Dabi con el imán de Al-Azhar, máxima autoridad del islam suní, el Documento sobre la Fraternidad, un texto que marcó un hito en el rechazo del uso de la religión para justificar la violencia, el papa Francisco dio este sábado otros dos importantes pasos en este mismo sentido durante su visita a Irak. Primero lo hizo con la entrevista que mantuvo en la ciudad de Nayaf con el gran ayatolá Al-Sistani, líder espiritual de los chiíes iraquíes, y luego con el encuentro interreligioso que presidió en la antigua ciudad sumeria de Ur, donde según la tradición nació el patriarca bíblico Abraham y, por tanto, un lugar de gran valor simbólico para cristianos, musulmanes y judíos.

«Desde la tierra de nuestro padre Abraham afirmamos que Dios es misericordioso y que la ofensa más blasfema es profanar su nombre odiando al hermano», dijo el Papa, disociando «la hostilidad, el extremismo y la violencia» de la fe al considerarlas una «traición a la religión». Ante los representantes de otros credos y junto a los restos del milenario zigurat de Ur, insistió en que cuando el terrorismo «abusa» de una fe, los creyentes «no podemos callar».

Jorge Mario Bergoglio tuvo muy en cuenta en su intervención la historia reciente de Irak, sacudido por cuatro décadas de guerra y, en los últimos años, desangrado por la violencia religiosa. El ápice del yihadismo se vivió con la eclosión del Estado Islámico (EI), que entre 2014 y 2017 controló buena parte del país y de la vecina Siria, llegando incluso a conquistar Mosul, la tercera ciudad más importante del país. Aunque las autoridades de Bagdad consideran derrotado a este grupo terrorista, sigue operando en algunas zonas del país y mantiene su capacidad para cometer atentados.

«Nubes del terrorismo»

«Sobre este país se cernieron las nubes oscuras del terrorismo, de la guerra y de la violencia. Todas las comunidades étnicas y religiosas sufrieron», recordó Francisco, citando en particular a la minoría yazidí, «que ha llorado la muerte de muchos hombres y ha visto a miles de mujeres, jóvenes y niños raptados, vendidos como esclavos y sometidos a violencias físicas y a conversiones forzadas». El Papa invitó a rezar por todas las víctimas, fueran de uno u otro credo, y por el respeto de la libertad de conciencia y la libertad religiosa. « El terrorismo, cuando invadió el norte de este querido país, destruyó de manera brutal parte de su maravilloso patrimonio religioso, incluyendo iglesias, monasterios y lugares de culto de diversas comunidades», lamentó.

Consciente de que sus palabras iban a tener repercusión en toda la región, Bergoglio aprovechó su discurso en la ceremonia interreligiosa de Ur para mandar un mensaje a la «vecina y martirizada Siria» y a todo Oriente Próximo. « La paz no exige vencedores ni vencidos, sino hermanos y hermanas que, a pesar de las incomprensiones y las heridas del pasado, se encaminan del conflicto a la unidad», dijo.

En su segundo día en Irak, el Pontífice completó su agenda presidiendo una misa en la catedral caldea de Bagdad. Nunca antes un obispo de Roma había oficiado la Eucaristía siguiendo el rito de esta comunidad oriental a la que pertenecen el 80% de los alrededor de 300.000 católicos que siguen viviendo en el país.

Pero su número lleva desplomándose desde hace décadas debido a la persecución religiosa, la guerra y la falta de oportunidades. Bergoglio se hizo eco de esta situación al comentar en su homilía que «el amor es nuestra fuerza, la fuente de fortaleza para aquellos de nuestros hermanos y hermanas que aquí también han sufrido prejuicios, indignidades, maltratos y persecuciones por el nombre de Jesús».