EFE

La ONU elige a un negociador con ETA para mediar en la guerra

Martin Griffiths, quien se reunió con Josu Ternera y varios enviados del Gobierno de Zapatero, ha sido designado como enlace por Guterres

ÓSCAR B. DE OTÁLORA Madrid

El recién nombrado negociador de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para buscar un alto el fuego en Ucrania es Martin Grif¬fiths, que ya jugó un papel clave como mediador entre ETA y el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Destinado en la actualidad en Kabul, dentro de la misión de la ONU en el país, ha sido requerido por el presidente de este organismo, António Guterres, para buscar un enlace entre Moscú y Kiev. Con la esperanza de que pueda reunirse con ambas partes, su misión consistirá, según Guterres, en conseguir un alto el fuego que facilite el envío de ayuda humanitaria e iniciar conversaciones para obtener un acuerdo de paz.

La relación de Martin Griffiths con España surgió en 2004, cuando trabajaba para el centro Henri Dunant, una organización no gubernamental especializada en mediar en todo tipo de conflictos. La asociación, con sede en Ginebra (Suiza), había mostrado de forma discreta su interés en intervenir en contactos para poner fin al terrorismo de ETA. Algunos de sus expertos trabajaron para los gobiernos británico y norteamericano en el final de la violencia en Irlanda del Norte.

Habían conseguido cierta relación con la banda a través de William Douglas, el antropólogo que creó el Centro de Estudios Vascos de la Universidad de Reno. Pero Griffiths informó a sus contrapartes norteamericanas que no veía viables los contactos y comenzó las gestiones por su cuenta. El desempeño de la Henri Dunant fue esporádico durante el mandato de José María Aznar. Pero, tras la victoria electoral de Zapatero, sus gestiones se multiplicaron. El dirigente socialista vasco Jesús Eguiguren y miembros de ETA habían mantenido previamente encuentros exploratorios.

El valor de la empatía

La participación del centro Henri Dunant permitió disponer de una base neutral en la que llevar a cabo las negociaciones. El proceso no se interrumpió ni siquiera cuando la banda cometió el atentado de la T-4 del aeropuerto Adolfo Suarez Madrid-Barajas, en diciembre de 2006, y asesinó a los ecuatorianos Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio. Los contactos se mantuvieron, pero el fracaso de la mesa política de Loyola hizo que ETA volviese a las armas. Entre los atentados que llevó a cabo figuran el asesinato en Mondragón del socialista Isaías Carrasco, la muerte de los guardias civiles Carlos Saénz y Diego Salvá y, en Francia, el tiroteo que costó la vida al gendarme Serge Nerin. Las armas no callaron hasta el 20 de octubre de 2011.

Las actas de las reuniones entre el Gobierno español y ETA quedaron en poder de la Henri Dunant y Griffiths dimitió de su puesto como director ejecutivo después de descubrirse que el contable de la organización había estafado más de un millón de euros de las cuentas del grupo de mediación. En unas declaraciones en 2020, Griffiths se definía como un mediador, «no un negociador», y ponía en valor la empatía a la hora de realizar su papel en lugares en conflicto. El británico se refería a su experiencia con ETA y afirmaba haber conocido a líderes terroristas vascos –no citó nombres, aunque quien más tiempo participó en los encuentros fue José Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera– de los que había aprendido a tratar de entender cómo era su día a día.

Griffiths comenzó a trabajar después para la ONU en asuntos relacionados con las guerras de Yemen y Siria. En 2021, Guterres le nombró subsecretario general de Asuntos Humanitarios y coordinador del Socorro de Emergencia.