Kamala Harris y el presidente polaco, Andrzej Duda, en Varsovia. / Reuters

Harris apuesta por la ayuda humanitaria y zanja la entrega de los MiG

La vicepresidenta de EE UU destaca en Polonia que «están en juego los principios de la OTAN y la defensa de la integridad territorial, en este caso de Ucrania»

JOANA SERRA Corresponsal en Berlín

Washingon y Varsovia estaban ansiosos por enterrar el disenso desatado por la oferta polaca de entregar sus MiG-29 a Ucrania. Y lo resolvieron en la visita de Kamala Harris al país que ha recibido más de 1,4 millones de desplazados desde el inicio de la invasión rusa. «El mundo está mirando a Polonia», afirmó la vicepresidenta de Estados Unidos ante el presidente polaco, Andrzej Duda, quien calificó de «genocidio» la brutal invasión de Ucrania por parte de Rusia. EE UU aportará 50.000 millones de dólares al Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas, anunció a continuación Harris desde Varsovia. Es un paquete de ayuda que seguirá a los 13.600 millones de euros ya aprobados por la Cámara de Representantes de EE UU, a petición de la administración de Joe Biden. La mitad se destinará a ayuda directa a los refugiados y a compensar los esfuerzos de los países que los acojan.

Polonia, país que se ganó la reputación de insolidario a escala europea por su rechazo a acoger refugiados en la crisis migratoria de 2015 y también los que llegan a través del Mediterráneo, está dando lecciones de solidaridad ahora. «Están en juego los principios de la Alianza y la defensa de la integridad territorial, en este caso de Ucrania», aseguró Harris, para repetir a continuación lo que ha sido el 'mantra' de Biden o del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg: «No cederemos ni una pulgada», en referencia obviamente al territorio de los países de la Alianza.

Suficientemente claro fue también el mensaje de Harris en dirección a Duda y al primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, en relación a la negativa tajante –también de Biden o de Stoltenberg- a convertirse en «parte» del conflicto. Es decir, a entrar activamente en la defensa de Ucrania.

Prestar los aviones de combate MiG-29 a Ucrania entrañaría «un gran riesgo», concedió Harris, a preguntas de los periodistas, en un tema que se había vuelto espinoso. La oferta de Varsovia de entregar sus 28 aparatos de este modelo de fabricación rusa a Ucrania, los únicos para los que han recibido instrucción militar los pilotos ucranianos, había causado ampollas en la OTAN. Harris aterrizó en Polonia cuando ya desde Washington se había calificado de «insostenible» esa propuesta, lanzada el martes y finiquitada unas horas después por el gran socio transatlático.

También la había rechazado de plano el canciller alemán, Olaf Scholz, cuyo país además se habría visto comprometido por la operación. La idea de Varsovia era trasladar sus MiG a la base estadounidense de Ramstein, en suelo alemán, para recibir a cambio F-16 usados estadounidenses.

Schröder, una afrenta o un mediador

Berlín tiene sus propios dilemas a resolver. Especialmente, en lo que compete al Partido Socialdemócrata (SPD) de Scholz. Diez de sus líderes -los presidentes actuales, Saskia Esken y Lars Klingbeil, más ocho exjefes del partido- apremiaron por carta al excanciller Gerhard Schröder a romper con Vladímir Putin. La relación pasada y presente entre ambos políticos es más que una vergüenza para el partido de Scholz. Schröder fue mientras estuvo en el poder -de 1998 a 2005- amigo y aliado político de Putin.

De esos vínculos surgió el gasoducto Nord Stream, que el propio Schröder suscribió unos meses antes de caer derrotado antes la conservadora Angela Merkel en las elecciones anticipadas de 2005. Pocos meses después de dejar el poder, Schröder se puso al frente del consejo de administración de Nord Stream, cargo que sigue ocupando, junto con el del consejo del consorcio energético ruso Rosneft. Está designado para integrarse en el de Gazprom en junio.

Es más que un lamparón para el conjunto de la familia socialdemócrata. De esa relación -pasada y presente- se deriva que la Alemania actual dependa del gas ruso. Un 50 % del gas que importa Alemania procede de Rusia; lo mismo ocurre con el petróleo y el carbón.

En medio de las presiones sobre Schröder y los apuros de su partido, el excanciller parece buscar la rehabilitación. En medios alemanes se aseguraba que había viajado a Moscú para tratar de mediar ante Putin. Por cuenta propia, sin consensuarlo ni con su correligionario Scholz ni con su partido, según fuentes del Ejecutivo y del SPD.