La Isla de Serpientes está estratégicamente colocada en el Mar Negro. / ep

Rusia se va de la Isla de las Serpientes para «demostrar» que no quiere bloquear el cereal

El Ejército ucraniano dice haber derrotado a las tropas enemigas pero Moscú lo niega y lo califica de «gesto de buena voluntad»

IVIA UGALDE

Cuatro meses después de que la Isla de las Serpientes, una superficie rocosa de apenas 0,17 kilómetros cuadrados ubicada en el noroeste del mar Negro, se convirtiera en símbolo de resistencia frente a la invasión rusa, Ucrania ha alzado el puño de la victoria por la retirada de las tropas enemigas. El enclave, de gran valor estratégico para la contienda dada su ubicación y por ser la llave de las ciudades costeras vecinas y de las rutas de navegación para el suministro mundial de cereales, estaba bajo el control del Kremlin desde finales de febrero. Hasta que ayer ambos bandos anunciaron la retirada de las fuerzas de Moscú con versiones totalmente contrapuestas.

«¡Kaboom! Ya no hay tropas rusas en la Isla de las Serpientes. Nuestras Fuerzas Armadas hicieron un gran trabajo». Fue el eufórico tuit que publicaba el jefe de la oficina del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, Andriy Yermak. El comando militar del sur de Ucrania escribía a su vez en Facebook que durante la noche del miércoles Moscú «evacuó apresuradamente los restos de su guarnición» después de «ataques de nuestras unidades de misiles y artillería».

Para dejar constancia de la derrota infligida al bando ruso a raíz de los ataques perpetrados, el Ejército de Kiev publicó una foto en la citada red social en la que se podía observar cómo cinco columnas de humo negro se elevaban sobre la isla. En este pequeño territorio de 662 metros de largo y 440 metros de ancho -aproximadamente del tamaño de 20 campos de fútbol-, los militares rusos albergaban complejos de defensa aérea, tres unidades de sistemas de artillería de cohetes, un grupo de lanchas y unidades de fuerzas especiales, según desveló el Departamento de Inteligencia Militar de Ucrania (GUR).

Las celebraciones de Kiev por haber recuperado uno de los objetivos más codiciados por Moscú desde las primeras horas de la invasión del pasado 24 de febrero contrastaron con el discurso del Kremlin. El portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Ígor Konashénkov, aseguraba en la cuenta oficial de Telegram que el repliegue suponía un «gesto de buena voluntad», una «demostración de que Rusia no pretende evitar la exportación de grano y productos agrarios desde Ucrania».

Konanshénkov recalcó que el Kremlin de «no permitirá a Kiev especular sobre el asunto de la crisis alimentaria», después de que éste le acusara de robar sus granos y contribuir a la escasez mundial de alimentos por el bloqueo marítimo de exportaciones. Sus palabras se vieron acompañadas por el anuncio de que un primer buque de carga con 7.000 toneladas de cereales, escoltado por la Marina rusa, había zarpado ayer del puerto ucraniano de Berdiansk, ocupado por Moscú, según anunciaron las autoridades prorrusas. «Ahora la pelota está en manos de Ucrania, que no ha retirado aún todas las minas del mar Negro», añadió Konanshénkov.

«Un duro golpe»

Las potencias occidentales se decantaron por la versión de la victoria militar ucraniana teniendo en cuenta que si bien Moscú había mantenido el control de la isla desde febrero, Kiev sostenía que cada vez asestaba más daño al bando rival al hundir barcos de suministro y destruir fortificaciones. El primer ministro británico, Boris Johnson, fue uno de los primeros en congratularse. «Al final, a Putin le resultará imposible someter a un país que no acepta su dominio», afirmó en Madrid, donde participa en la cumbre de la OTAN. Poco después, el presidente estadounidense, Joe Biden, subrayaba que «Ucrania ya le ha dado un duro golpe a Rusia».

La recuperación de la Isla de las Serpientes por parte de Ucrania tiene un marcado simbolismo ya que adquirió fama mundial por el coraje con el que fue defendida por los vigilantes fronterizos en las primeras horas de la invasión. «Buque de guerra ruso, vete a la mierda», respondió por radio un guardia con el dedo corazón en alto cuando se les ordenó rendirse. Ese incidente quedó inmortalizado en un sello postal ucraniano, que se emitió el día en que el Ejército de Kiev hundió ese mismo barco, el 'Moskva', que había sido el buque insignia de la flota rusa del Mar Negro.

Las tropas de Moscú concentran ahora su ofensiva en los focos de resistencia que aún quedan en la ciudad de Lisichansk, el último gran bastión de las fuerzas ucranianas en el territorio de Lugansk, en el este del país y uno de los grandes objetivos del Kremlin. Las autoridades rusas informaron de la toma de la refinería de esa localidad, considerada como una de las más grandes del país, si bien el gobernador ucraniano de Lugansk, Serhiy Haidai, se limitó a confirmar «ataques» contra estas instalaciones.

Las Fuerzas Armadas de Ucrania, aseguraron, por su parte, haber causado «pérdidas significativas» a las tropas rusas en los combates registrados en las últimas horas en los alrededores de Bajmut (este), en el marco del recrudecimiento de la ofensiva en la región del Donbás.