En el Palacio Real de Madrid, en octubre 1988, con el rey Juan Carlos y la reina Sofía. / efe

La 'prima' Lilibeth

La Familia Real española siempre se refirió con cariño a la monarca ahora fallecida, pero la sombra de Gibraltar pesó en su relación

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSO Madrid

En 1905 Alfonso XIII emprendió una gira europea que, entre otros propósitos, tenía el de encontrar esposa. En Londres tenía un objetivo: Patricia de Connaught, una de las nietas de la reina Victoria. Pero ella lo rechazó. No obstante, el bisabuelo de Felipe VI no se vino de vacío. Atrajo la atención de Victoria Eugenia, con quien contrajo matrimonio al año siguiente. De ahí los lazos fraternales entre las dos familias reales, de ahí que don Juan Carlos se haya referido siempre a la reina Isabel como 'prima' Lilibeth y que don Felipe le haya atribuido el parentesco de 'tía'.

Victoria Eugenia se trajo de Inglaterra la tradición de las tartas nupcionales, reunió una espléndida colección de joyas -las que hoy usa la reina Letizia en las grandes ocasiones- e introdujo la hemofilia en la monarquía española, motivo por el que su marido se distanció y casi la repudió.

Pero «el único problema que queda entre nosotros» -como lo describió la reina Isabel en la única visita de Estado de un monarca británico a nuestro país en 1988- fue y es Gibraltar. Esos seis kilómetros cuadrados ubicados en tan estratégico lugar han sido motivo de disputas durante décadas entre España y Reino Unido, entre don Juan Carlos e Isabel II. Hasta el punto de que los Reyes de España rechazaron asistir a la boda del príncipe de Gales con Diana Spencer en julio de 1981 al tener conocimiento de que la pareja real iniciaría su viaje de novios desde Gibraltar.

Otros encontronazos

Aquel fue el encontronazo más sonado, pero no el único por la soberanía de Peñón. En 2012, la reina Sofía anuló casi a última hora su presencia en la celebración con motivo de los 60 años de la llegada al trono de la reina Isabel por las tensiones entre ambos países. ¿El motivo? La visita del príncipe Eduardo, hijo menor de la reina Isabel, y su esposa al Peñón, dentro de la gira que varios miembros de la casa real británica estaban realizando por las colonias.

Pero el cariño entre ambas familias también quedó de manifiesto en muchas otras ocasiones. En abril de 1986, don Juan Carlos y doña Sofía realizaron un viaje oficial al Reino Unido que dio inicio a un lustro de relaciones inmejorables. Ese verano y el siguiente, de hecho, Carlos y Diana eligieron Marivent para pasar unos días con sus hijos Guillermo y Enrique. Y en 1988 España recibió a la reina Isabel en un viaje que quedará para los anales de la historia. Acompañada de Felipe de Edimburgo, griego de nacimiento y tío segundo de la reina Sofía, la mujer más fotografiada de la historia -contaban ya las crónicas de entonces- visitó Madrid, Sevilla y Barcelona.

En el Congreso de los Diputados, la reina Isabel pronunció un discurso en el que se refirió a la trasición democrática española como «una de las páginas más brillantes en la larga y orgullosa historia de vuestra nación» que fue correspondido con varios minutos de aplausos. Dos años antes, don Juan Carlos se había convertido en el primer monarca que tomaba la palabra en el Parlamento británico.

El ejemplo del emérito -sobre quien Isabel II no se pronunció al anunciar su abdicación, al ser partidaria de que un rey solo deja de ser rey el día de su muerte- lo siguió Felipe VI en el viaje de Estado que los Reyes realizaron en julio de 2017, con el que se selló la buena sintonía de dos familias reales que hoy están de luto.