Salvini, Berlusconi y Meloni saludan durante el mitin de clausura de la campaña electoral de la coalición de centro-derecha en la Piazza del Popolo. / REUTERS

Meloni, Salvini y Berlusconi prometen 5 años de estabilidad en Italia

Los candidatos de los partidos del bloque conservador cierran la campaña de cara a las elecciones del domingo con un multitudinario mitin en Roma

DARÍO MENOR Roma

Los italianos pueden salir de las elecciones parlamentarias del domingo con una madre, un padre y un abuelo que se ocupen de ellos durante los próximos cinco años. Giorgia Meloni, Matteo Salvini y Silvio Berlusconi, líderes de los tres partidos conservadores que, según todas las encuestas, ganarán ampliamente en la inminente cita con las urnas, pusieron el broche a la campaña con un multitudinario mitin celebrado este jueves en Roma en el que apelaron a los sentimientos de los italianos: se propusieron como la única alternativa para solucionar sus problemas y devolverles el orgullo de un país resignado a vivir desde hace décadas en una perenne decadencia. Prometieron, además, un Gobierno unido durante los cinco años de la legislatura.

En una Piazza del Popolo tomada por los seguidores de Fratelli d'Italia (FdI, Hermanos de Italia), el partido de Meloni, que encabeza los sondeos, y en la que apenas se veían banderas de la Liga y de Forza Italia, el primero en tomar la palabra fue el veterano líder esta última fuerza política. En una de sus pocas salidas públicas de la campaña, en la que ha preferido centrarse en vídeos para TikTok grabados desde su despacho, Berlusconi agarró el micrófono para presentarse ante los electores como la voz de la experiencia, como el abuelo en el que confiar. No era una mala estrategia: a punto de cumplir 86 años, el cuatro veces ex primer ministro reivindicó su bagaje en el Gobierno y, en particular, la «magnífica política exterior» que desarrollaron sus Gabinetes.

Fue una manera implícita de decirle a los italianos que pueden estar tranquilos con Forza Italia en el próximo Ejecutivo y que no corre peligro la posición del país en la Unión Europea y en la OTAN. No se trata de una preocupación baladí dada las simpatías de Meloni hacia el presidente húngaro, Viktor Orbán, adalid del euroescepticismo. Salvini, además, durante años ha presumido de su amistad con el presidente ruso, Vladímir Putin, cuyo partido, Rusia Unida, estaba hermanado con la Liga. «Somos la Italia de la gente de bien, de las familias y de las empresas. Queremos construir una Italia con más bienestar, más seguridad y más libertad», dijo el magnate antes de lanzar vivas «a Giorgia» y «a Matteo».

Éste último, que se conforma con ser el próximo ministro del Interior porque Meloni le ha comido el terreno entre los votantes conservadores, repitió una y otra vez que su objetivo es «proteger a Italia y a los italianos». Como el padre que alecciona al hijo adolescente cuando empieza a salir por la noche, Salvini enumeró los peligros que afronta el país y ofreció soluciones para todo. Comenzó con el trabajo, asegurando que con la derecha en el poder bajará el recibo de la luz y del gas, e incluso prometió convocar un referéndum si la Unión Europea no da marcha atrás en su intención de prohibir la venta de los coches de combustión a partir de 2035, una medida que amenaza al coloso automovilístico italiano Fiat. «No permitiremos que en Europa piensen en echar a los trabajadores de las fábricas para crear trabajo en China», clamó Salvini.

Identidad cristiana

Cuando se estaba presentando como el «protector del medioambiente, que no es un patrimonio de la izquierda», sonaron las campanas de una de las iglesias de la Piazza del Popolo, a lo que reaccionó rápido para defender la identidad cristiana de Italia frente a la supuesta amenaza que, a su juicio, supone la llegada de inmigrantes de otras religiones. «¡Viva el sonido de las campanas! No a quien quiere hacernos cambiar nuestro modo de rezar. Quien viene a nuestro país debe decir 'gracias', 'por favor' y respetar lo que somos. No seamos un pueblo de tontos», dijo el candidato de la Liga, cuyo eslogan de campaña tiene un fuerte peso religioso: 'Creo'.

La última en aparecer en el escenario fue Meloni, a la que la presentó un conocido actor como a una «madre» y a una «mujer» que está rompiendo techos de cristal en la política italiana y europea. La candidata de FdI, que había dicho en otra ocasión que pensaba gobernar «como se cría a un hijo», se olvidó en esta ocasión de los llamamientos maternales al apelar al temor. Respondiendo al miedo que puede sentir parte del electorado ante la posible victoria de un partido con orígenes posfacistas, Meloni hizo una lista con todos los que, según ella, sí que tienen que ponerse a temblar, porque va a acabar con sus privilegios. Habló, por supuesto, de la izquierda, de los extranjeros que hacen «competencia desleal» al 'Made in Italy' y de los «esclavistas del tercer milenio» que transportan a a Italia migrantes y refugiados cruzando el Canal de Sicilia.

También respondió a quienes apuestan por una corta experiencia de la alianza conservadora en el poder, algo habitual en un país cuyos ejecutivos duran de media algo más de 13 meses. «Construiremos un Gobierno sólido y unido que durará 5 años», dijo, repitiendo una idea que ya había comentado antes Salvini, que se comprometió a «gobernar bien y juntos durante 5 años».