Un soldado ruso acompaña a dos civiles a un punto de votación durante los referéndums para la anexión de los territorios ocupados a Rusia. / ALCALDÍA DE MELITÓPOL

La ONU confirma que los soldados rusos fueron casa por casa con las urnas

EEUU y Albania introducen una resolución ante el Consejo de Seguridad para condenar los referendos

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

Nadie tenía dudas de que el resultado de los improvisados referendos organizados por Rusia para anexionarse los territorios ucranianos de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia serán abrumadoramente favorables a su integración en la Federación Rusa, porque así lo planeó Moscú. Efectivamente, el 'sí' logró un apabullante 97% de apoyo.

Este martes, la subsecretaria para Asuntos Políticos y Construcción de la Paz, Rosemary Di Carlo, confirmó al Consejo de Seguridad que las «autoridades de hecho», acompañadas de soldados, fueron puerta por puerta con las urnas forzando a la población a votar. Con ello confirmaba las acusaciones del alcalde de Melitópol, Ivan Fedorov, que el viernes denunció que ante la poca participación, los soldados rusos, armados con ametralladoras, visitaron a gran parte de los residentes «para que votaran correctamente» e incluso les facilitaron papeletas electorales con una marca que indicaba lo que tenían que votar.

Di Carlo no entró en esos detalles, pero reiteró que las acciones unilaterales para proporcionar «una capa de legitimidad a los intentos de adquirir territorio de otro estado por la fuerza, mientras se clama representar la voluntad del pueblo, no pueden ser considerados legales bajo la ley internacional». La diplomática de 75 años reiteró que Rusia es una «fuerza ocupante» y denunció que sus fuerzas atacan diariamente objetivos civiles e infraestructura de agua y energía, incluso con drones en Odesa.

Con la misma determinación otros miembros del Consejo como Francia aseguraron que «nunca» se reconocerá el resultado de esas farsas de referendos, porque «¿se imaginan lo que supondría para la legalidad internacional si se hiciera?», preguntó su embajador. «¿Cómo podríamos garantizar la seguridad de otros países?».

Los intentos del embajador ruso, Vasily Alekseevich Nebenzya, de compararlos con el referendo de Kosovo y justificar su celebración como una forma de proteger a la población pro rusa de esas regiones fueron frontalmente rechazados por el embajador de Albania, Ferit Hoxha, que lo calificó de «otra mentira de Rusia destinada a distorsionar la realidad».

De hecho, EE UU y Albania se han propuesto registrar la condena en los anales de la historia con una resolución que podría ser votada en este mismo órgano la semana que viene, dependiendo del tiempo que se tomen para lograr un amplio apoyo del resto de los miembros. Lo previsible es que Rusia utilice su derecho a veto para impedirlo, pero la embajadora norteamericana Linda Thomas-Greenfield advirtió que si lo hace «para protegerse a sí misma» trasladará la resolución al pleno de la Asamblea General, un órgano más amplio cuyas decisiones no tienen carácter vinculante. La situación que permite a Rusia ser juez y parte de este proceso ha puesto en entredicho a la ONU, donde crecen las voces para reformar el reparto de poder en el Consejo de Seguridad y limitar el derecho a veto que ostentan solo cinco países -Rusia, EE UU, China, Francia y el Reino Unido-.

El conflicto ucraniano se ha cobrado hasta la fecha al menos 13.844 bajas civiles, según los datos verificados por la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos que compartió Di Carlo, aunque insistió en que las cifras reales son probablemente «considerablemente más altas».