El canciller alemán, Olaf Scholz, posa junto a una turbina del gasoducto Nord Stream durante una visita en la localidad de Mülheim an der Ruhr. / reuters

Alemania propone un gasoducto en España para aliviar la dependencia europea de Rusia

El canciller, Olaf Scholz, lamenta que las conexiones con la Península Ibérica no se hubieran reforzado antes

IÑIGO FERNÁNDEZ DE LUCIO

«En el primer año de la carrera de Económicas se aprende que ninguna estrategia de importación y exportación puede ser exitosa si todos los huevos se ponen en un mismo cesto». El canciller alemán, el socialdemócrata Olaf Scholz, lanzó ayer este dardo envenenado a su predecesora en el cargo, Angela Merkel, por apostar a lo largo de sus 16 años al frente del país por Rusia como principal suministrador de gas. No es un problema exclusivo alemán. A principios de año, Moscú producía el 40% del gas que consumía la Unión Europea, lo que en el contexto de la guerra en Ucrania se ha convertido en una poderosa arma en manos del Kremlin para presionar a Occidente.

Para revertir la situación, Scholz propuso este jueves impulsar la construcción de un nuevo gasoducto desde España y Portugal hacia los países de Europa central. Si se hubiesen reforzado antes las conexiones con la Península Ibérica, dijo Scholz, habría sido «una contribución masiva para aliviar y aligerar la situación» actual.

La iniciativa fue muy bien recibida en Madrid. «Valoramos positivamente el mensaje del canciller», se felicitó este jueves la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, Teresa Ribera. «España ha mostrado siempre su disponibilidad y reivindicado una mayor interconexión», apostilló. Scholz anunció que se reunirá con los líderes de España, Portugal y Francia, así como con la presidenta de la Comisión europea, Ursula von der Leyen, para abordar el proyecto.

España y Portugal cuentan con siete plantas de regasificación, más que nadie en Europa. Para hacerse una idea, Italia apenas cuenta con tres y Alemania, con ninguna. Está construyendo tres plantas marinas en el mar del Norte, pero no estarán acabadas hasta mediados de 2023. Demasiado tarde.

Madrid y Lisboa suman siete plantas regasificadoras, más que nadie en Europa

La fortaleza

La posición estratégica de la Península Ibérica les permitiría importar gas licuado de Estados Unidos -que ya se ha convertido en el principal suministrador a nuestro país, por delante de Argelia-, Nigeria o Catar entre otras naciones, con el fin de reconvertirlo en gaseoso y bombearlo Pirineos arriba. España también podría enviar parte del suministro que recibe de Argelia a través del gasoducto Medgaz, que llega a Almería. Hasta febrero también se abastecía de un segundo conducto, el Magreb Europa, que atravesaba previamente Marruecos y cruzaba el Estrecho de Gibraltar, pero las tensiones entre Argel y Rabat llevaron al Gobierno argelino a clausurar esta vía.

'Isla energética'

¿Cuál es el problema? Que, si bien la Península Ibérica es un actor privilegiado para recibir gas -puede regasificar 60.000 millones de metros cúbicos (60 bcm) al año-, lo cierto es que apenas tiene capacidad para enviarlo a Europa. ¿Por qué? Básicamente, porque no hay conexión. Es una 'isla energética'. Actualmente solo hay dos gasoductos que atraviesan la frontera con Francia. Uno está en Irún y el otro, en el Pirineo navarro. Entre los dos bombean 8 bcm al año. Es aproximadamente el 5% de lo que exportaba Moscú a la UE antes de la guerra.

Solamente puede bombear gas Pirineos arriba a través de dos tuberías con poca capacidad

la debilidad

La cuestión no es baladí. Alemania recibía a principios de año el 55% del gas que consumía de Rusia (ahora lo ha rebajado al 26%), a través del gigantesco gasoducto submarino Nordstream 1, con capacidad para transportar hasta 55 bcm anuales. El problema es que ahora la instalación funciona al 20% de su capacidad. Moscú alega problemas técnicos; Berlín denuncia un chantaje. La segunda parte del proyecto, el Nordstream 2, quedó paralizado por la presión de los aliados, especialmente EE UU, que veían con recelo que Alemania aumentase aún más su dependencia de Rusia.

En cualquier caso, la delicada situación ha llevado a la Cancillería germana -y al resto de países con alta dependencia de Moscú- a buscar alternativas. Por ejemplo, ha reabierto minas de carbón y se plantea retrasar el cierre de sus plantas nucleares. Pero hay otra posibilidad: sustituir el gas ruso por otro de distinta procedencia. Y ahí entraría el papel clave de la Península Ibérica.

Por otro lado, Scholz apeló este jueves de nuevo a la «solidaridad europea en tiempos de dificultad». Una petición que no es nueva. Alemania fue la principal promotora del plan de ahorro energético impulsado por Bruselas para que los Veintisiete rebajaran en un 15% su consumo de gas, independientemente de su dependencia de Moscú. La propuesta se encontró la oposición de varios gobiernos, entre ellos los de España y Portugal, que lograron finalmente que se adaptase a la realidad de cada país. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, admitió este jueves que no descarta un cierre completo del abastecimiento de gas a Alemania por parte de Moscú. «Es un escenario que hay que barajar», advirtió.

Los 226 kilómetros que quedan para completar el conducto MidCat

Cuando Olaf Scholz puso este jueves sobre la mesa la necesidad de reforzar la conexión gasística de la Península Ibérica con el resto de Europa todas las miradas se dirigieron a Hostalric, en Girona. Ahí termina el gasoducto MidCat, un proyecto con un presupuesto de 440 millones de euros que permitiría duplicar la capacidad de España para bombear gas al otro lado de la frontera. Está paralizado desde 2019, cuando los reguladores español y francés decidieron detener el proyecto en contra del criterio de su homólogo portugués. La razón esgrimida fue el elevado coste de la infraestructura y la creencia de que el gas era una fuente de energía en declive, en favor de las renovables. Desde el estallido de la guerra con Ucrania, Madrid y París han intensificado contactos para retomar el proyecto. El Gobierno español quiere que la UE ayude a financiar la construcción de los 226 kilómetros que faltan entre Hostalric y la localidad gala de Barbaira.