El GRU, el nuevo azote ruso del espionaje occidental

09/09/2018

Los servicios de inteligencia rusos, en este caso la agencia de espionaje militar, el GRU, vuelven a verse involucrados en un contencioso diplomático con Occidente, después de que el Reino Unido implicara a dos agentes rusos en el caso Skripal.

«El GRU se dedica a operaciones político-militares. En mi opinión, esas acusaciones son un invento de los servicios secretos británicos», dijo a Efe Ígor Strelkov, antiguo oficial de dicha agencia.

Strelkov, el militar ruso retirado que organizó la insurgencia en Crimea y en el este de Ucrania en 2014, considera que la mejor prueba de que el caso está "fabricado" es que la operación en la que se intentó liquidar al antiguo agente del GRU Serguéi Skripal en territorio británico fue "tosca".

La policía británica ha identificado a dos rusos, Alexander Petrov y Ruslán Boshírov, como los principales sospechosos del envenenamiento de Skripal y su hija con un agente nervioso llamado Novichok, aunque Moscú insiste en que esos nombres y sus fotos no le dicen nada.

El GRU, brazo ejecutor de los más siniestros planes del Kremlin en el mundo y hermano del temido KGB, que ahora se llama Servicio Federal de Seguridad (FSB), es una organización ultrasecreta de la que se reciben noticias con cuentagotas, como cuando murió en enero de 2016 su entonces jefe, el general Ígor Sergún.

Con todo, dicho acrónimo es mencionado comúnmente en casi todas las conspiraciones en las que ha estado implicada Rusia desde que el presidente ruso, Vladímir Putin, asumiera el poder hace 18 años, incluida la injerencia en las elecciones presidenciales en EEUU.

Según la prensa, el Departamento Central de Inteligencia (GRU), que está integrado en el Estado Mayor del Ejército ruso, tuvo un papel protagonista en el asesinato en 2004 del expresidente chechén Zelimján Yandarbíev en Catar.

Los dos agentes, Anatoli Yáblochkov y Vasili Bogachov, fueron condenados por la Justicia qatarí a cadena perpetua por el atentado con coche bomba que costó la vida a Yandarbíev, pero después fueron entregados a Moscú, donde fueron supuestamente recibidos "con honores".

Paradójicamente, es sabido que el terrorista número uno de Rusia durante muchos años, Shamil Basáyev, que sembró el terror con atentados y el secuestro de la escuela de Beslán en 2004, fue adiestrado en un centro de instrucción de comandos del GRU.

En el marco de sus operaciones de subversión en el espacio postsoviético, el GRU provocó dos crisis diplomáticas con Georgia en 2006 y 2011, entonces principal aliado de EEUU en el Cáucaso y eterno aspirante a ingresar en la OTAN.

Ucrania ha acusado a la agencia rusa de espionaje militar de coordinar la insurgencia prorrusa en las regiones de Donetsk y Lugansk que desembocó a mediados de 2014 en un conflicto aún latente y que ha costado la vida a más de 10.000 personas.

En el caso de Siria, donde las tropas rusas intervienen desde 2015, la agencia habría dado cobertura y cedido su base de entrenamiento en el sur del país al Grupo Wagner, la compañía militar privada que envía mercenarios al país árabe para combatir en las filas gubernamentales.

Además de evitar la impopular llegada de ataúdes de zinc con reclutas rusos de Siria, la presencia de la unidad Wagner es un lucrativo negocio, ya que, a cambio de la seguridad, los rusos tienen acceso a yacimientos de petróleo.

El historial de GRU es largo -fue fundado por Vladímir Lenin-, pero pocos creen en Rusia, sean antiguos agentes o expertos, que dicha agencia sea la responsable de una chapuza de tal magnitud que ha provocado una nueva andanada de sanciones occidentales contra este país.

"En Rusia hay mucha gente que puede actuar de manera oficial. No es necesario enviar agentes como en los años 50, en plena Guerra Fría, cuando el KGB aún eliminaba gente en el extranjero. El Estado ruso ya no funciona así", aseguró a Efe Román Shleinov, experto en seguridad del periódico opositor "Nóvaya Gazeta".

El periodista considera que, en caso de necesidad, "puede venir alguien de Chechenia" o se puede contratar a alguien que ya "no tenga relación alguna con los servicios de seguridad", como era el caso de Alexandr Lugovói, principal sospechoso del asesinato en 2006 del agente Alexandr Litvinenko.

"En Occidente tienen la impresión de que Rusia es un organismo monolítico en el que un solo dictador lo decide todo. Pero la realidad es que hay muchos centros de poder independientes. No tiene sentido que el Estado utilice agentes para un caso como el de Skripal", subraya.

Lo mismo opina en el caso de la injerencia en las elecciones estadounidenses o de la intervención en Siria. "¿Para qué utilizar hackers oficiales cuando hay muchos piratas informáticos que pueden hacerlo? ¿Y para qué enviar soldados a Siria cuando puedes recurrir a compañías privadas como Wagner?".