El Arco de la Amistad georgiano-rusa sigue en pie pese a las tempestades

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11/07/2019

El Arco de la Amistad de los Pueblos, símbolo de los lazos seculares entre georgianos y rusos, sigue en pie en lo alto de las montañas del Cáucaso pese a las tempestades en las relaciones entre ambos países, agravadas en las últimas semanas.

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El Arco de la Amistad de los Pueblos, símbolo de los lazos seculares entre georgianos y rusos, sigue en pie en lo alto de las montañas del Cáucaso pese a las tempestades en las relaciones entre ambos países, agravadas en las últimas semanas.

Obra del afamado escultor georgiano Zurab Tsereteli, el monumento fue erigido en 1983 a 25 kilómetros de la frontera con Rusia en Dkivris Ugeltejili (Paso de la Cruz), a 2.384 metros sobre el nivel del mar, por donde se extiende la única carretera transcaucasiana que actualmente une Georgia y Rusia.

Así, en tiempos todavía soviéticos, se recordó el bicentenario de la firma del Tratado de Amistad de Gueorguevsk por el que Imperio ruso asumió la protección del reino georgiano de los conquistadores orientales.

Sin embargo, en 1801 el zar Alejandro I abolió la dinastía georgiana de los Bagrationi e incorporó a Georgia en el Imperio ruso, hecho que durante la celebración del bicentenario del tratado las autoridades y la prensa de la época optaron por soslayar.

El Arco, instalado en un mirador ante el que se desvela la majestuosidad de montañas caucasianas, contiene en su cara interior un gran mosaico con escenas de la vida en Georgia y en Rusia, y se pueden leer citas de "El caballero de la piel de tigre", del poeta medieval georgiano Shotá Rustaveli.

"Al amigo el amigo fiel socorrerá, ante su desgracia no se arredrará. Corazón por corazón entregará...", estos versos del vate suenan hoy a burla en los oídos de los georgianos, que en agosto de 2008 sufrieron una guerra con Rusia, que reconoció las independencias de las separatistas Osetia del Sur y Abjasia.

El conflicto y la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Tiflis y Moscú no afectó, sin embargo, a la histórica simpatía mutua entre georgianos y rusos de a pie.

No es de extrañar que en 2018, diez años después de la guerra, 1,4 millones de turistas rusos visitaran Georgia.

Para este año las previsiones del sector turístico eran mucho más auspiciosas, pero dos acontecimientos puntuales recientes desataron una nueva tormenta en la relaciones entre Moscú y Tiflis.

La ocupación del sillón del presidente del Parlamento de Georgia por un diputado ruso durante una reunión interparlamentaria desató en la capital georgiana una ola de protestas opositoras, en las que se denunció la política del Kremlin contra la integridad territorial del país.

Moscú respondió a las "provocaciones rusófobas" prohibiendo los vuelos hacia y desde Georgia, con lo que asestó un duro golpe a la economía del país caucasiano, ya que la caída del flujo turístico podría suponer la pérdida de hasta 1.000 millones de dólares, suma que equivale al 6 % de su PIB.

"Espero que la política no destruya los lazos entre la gente. Nos gusta mucho Georgia y aquí nos sentimos seguros", dijo a Efe Artiom, un turista ruso que llegó a Georgia con su novia en vuelo directo y que se lamenta de que tendrá que regresar a Rusia a través de un tercer país.

Mientras, en el sector turístico georgiano cunde la desolación y la única esperanza es que la prohibición de vuelos no se prolongue en el tiempo.

"Perdemos trabajo, y todo por culpa de la política", se queja a Efe el guía Bajtang, que recuerda que hace unos días siete de cada diez turistas extranjeros eran rusos.

Las tensiones volvieron a dispararse el domingo pasado, cuando el presentador de un programa del canal de televisión Rustavi 2 lanzó una retahíla de improperios e insultos de grueso calibre contra el presidente de Rusia, Vladímir Putin.

La reacción en Moscú no se hizo esperar: los grupos parlamentarios propusieron al Gobierno imponer sanciones económicas a Georgia, como prohibir la importación de vinos y aguas minerales, que gozan de gran popularidad entre los consumidores rusos, o las transferencias bancarias.

Pero el jefe del Kremlin, el blanco de los insultos, se mostró contrario "por respeto al pueblo georgiano" a la imposición de sanciones.

Para el expresidente georgiano Mijail Saakashvili, Putin se ha comportado como "un gato que juega con un ratón entre sus garras y que puede engullirlo en cualquier momento".

"Las actuales autoridades de Georgia, totalmente corruptas, hicieron todo por reorientar la economía georgiana hacia Rusia. Hoy vemos el resultado", dijo a Rustavi 2 el exmandatario, que es perseguido por la justicia georgiana y reside actualmente en Ucrania.

Alexandr, otro turista ruso, dijo a Efe en Tiflis que el actual conflicto entra ambos países "se ha hinchado de la nada" y que no entiende el comportamiento de los políticos, pero tampoco el del presentador de Rustavi-2.

"Creemos que todo esto está hinchado. Esto no debe preocupar a los pueblos" de ambos países, enfatizó.