Trump Organization condenada por fraude fiscal y falsificación de documentos

El jurado necesitó poco más de diez horas para determinar la culpabilidad en los 17 cargos presentados

MERCEDES GALLEGO

Las empresas no pueden ir a la cárcel. Es una de las ventajas del capitalismo estadounidense, que deja amplios márgenes para fomentar el espíritu emprendedor. El fiscal del distrito de Manhattan, Alvin Bragg, pudo haber presentado cargos de fraude fiscal contra Donald Trump, sus hijos y otros altos ejecutivos, pero en lugar de eso prefirió centrarse en la sociedad que fundase el magnate y otra de sus empresas encargada de pagar las nóminas. Por eso ayer, cuando un jurado emitió un contundente veredicto de culpabilidad, al magnate solo le dolió el bolsillo y su orgullo.

El jurado no tuvo muchas dudas de que Trump Organization lleva 15 años estafando fiscalmente al Gobierno de Nueva York, embarcada en «una cultura de fraude y engaño». Los doce miembros tardaron poco más de diez horas en llegar a un contundente veredicto de culpabilidad en los 17 cargos criminales presentados contra ambas empresas, Trump Organization y Trump Payroll Corporation, la filial creada para pagar a los empleados.

Uno de ellos se sentaba en el banquillo. Allen Weisselberg, de 75 años, jefe financiero de Trump Organization, negoció una sentencia reducida de cinco meses a cambio de cooperar con el fiscal de forma muy limitada y siempre sin declarar contra Donald Trump, del que siempre ha sido uno de sus socios más leales, ni ninguno de sus hijos. «Fue mi propia avaricia personal la que llevó a este caso», dijo con la voz quebrada en el banquillo, en lo que muchos entendieron como perjurio. Weisselberg empezó a trabajar en la organización con el padre del expresidente, Fred Trump. Manejaba los asuntos personales de toda la familia, vio nacer y crecer a Ivanka, Donald Trump Jr. y Erick Trump, que lo consideraban «la única persona en la que podían confiar». Ha sido Tesorero de la empresa, vicepresidente de Trump Hotels & Casinos y hasta jurado del reality show que hizo famoso al magnate, «El Aprendiz». En su declaración fue tan limitado como pudo para evitar pudrirse en la cárcel hasta el final de sus días, pero su jefe no resultó tan benevolente.

La estrategia de la defensa fue considerarle «un simple empleado» que manipuló las finanzas en beneficio propio para ahorrarse dinero en impuestos. Lo hizo, no solo para ahorrarse lo que ha tenido que devolver con creces –los 344.745 millones en gastos sin tasar, que se han transformado en dos millones de dólares al incluir la multa y los intereses-, sino para ahorrar a la empresa grandes sumas fiscales. La estrategia financiera consistía en convertir parte del sueldo de los ejecutivos en gastos libres de impuestos. O sea, cobraban buena parte de su salario en especias. No se trataba solo de tener un coche ejecutivo, sino varios coches de lujo, pisos en Manhattan y hasta el colegio de sus nietos y la universidad de sus hijos pagados directamente por las empresas de Trump.

«Después de mirar millones de páginas de documentos, a lo largo de muchos años, en detrimento de las cifras récords de asesinatos y otros crímenes violentos que ocurren en la ciudad de Nueva York, el Gobierno consiguió que un empleado se declarara culpable para obtener una sentencia muy reducida», despreció Trump anoche en un comunicado.

El empleado en cuestión ha seguido cobrando su sueldo de 640.000 dólares anuales incluso después de pedir una excedencia. A cambio, ha repetido hasta la saciedad que ni Trump ni sus hijos sabían nada de los trucos financieros con los que ahorraba dinero a la empresa, algo que el jurado no se ha tragado. «Nada ocurría en Trump Organization sin que Donald Trump lo supiese y lo rubricase», declaró en el Congreso de EEUU bajo juramento el abogado de Trump, Michael Cohen.

Trump Organization solo pagará 1,6 millones de dólares de multa, calderilla para una empresa que ingresa cientos de millones al año, pero quedará marcada para siempre por el fraude y no podrá obtener préstamos financieros al interés favorable del que disfrutaba, entre otras consecuencias. Además, la sentencia fortalecerá el caso de la fiscal general de Nueva York, Letitia James, que lleva a cabo una investigación civil y busca expulsar a la empresa de Nueva York. Una ciudad que, de todas maneras, el expresidente considera hostil. «Es muy difícil ser un Trump en Nueva York», se quejó anoche.