Donald Trump, presidente de EE UU. / foto: ERIK S. LESSER | Vídeo: EP

Diez republicanos se unen a los demócratas en el segundo 'impeachment' de Trump

El miedo a represalias por parte de las turbas del presidente impidió a otros legisladores sumarse al juicio político

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

Donald Trump es ya el primer presidente de la historia de EE UU en enfrentar dos juicios de 'impeachment'. Supera así a los únicos dos mandatarios -Andrew Johnson en 1868 y Bill Clinton en 1998- que le acompañaban en el panteón de la historia por haber sido acusados formalmente de delitos tan graves que ameritaban apartarle del cargo. En su caso, «incitar a la insurrección», una acusación que para la mayor parte de los diputados merece intervenir a una semana de que acabe su mandato. «Tiene que irse», afirmó rotunda la portavoz del Congreso Nancy Pelosi. «Es demasiado peligroso».

Si en el primer 'impeachment' por la trama rusa que la Cámara de Representantes votó en diciembre de 2019 ningún legislador republicano se unió a los demócratas, después de sentir el peligro en carne propia la semana pasada diez de sus correligionarios votaron en favor de pasarle factura junto a todos los demócratas e independientes hasta dejar el resultado en 232 a 197 a favor de su 'impeachment'.

«El presidente de EE UU convocó a la masa, la organizó y encendió la llama de este ataque. Todo lo que siguió fue producto suyo», le acusó la diputada conservadora Liz Cheney, que por haberle apoyado durante su mandato y ser hija del siniestro vicepresidente de George W. Bush tuvo un enorme peso moral al liderar el cisma. «Nunca ha habido una traición mayor a su cargo de un presidente de EE UU y al juramento que ha hecho de defender la Constitución».

LA CLAVE:

  • Cambio de discurso. El mandatario se desliga al fin de los manifestantes y pide que no haya violencia o vandalismo

Aún así, cerca de 200 prefirieron dejar correr su papel en la insurrección del Día de Reyes, un acto que la portavoz del Congreso calificó de «terrorismo doméstico». Trump había logrado su propósito: aterrorizar a los posibles políticos desleales con una demostración de fuerza que le hace todavía más poderoso de lo que era.

«¿A qué tenéis miedo?», preguntó a sus colegas la congresista republicana del Estado de Washington Jaime Herrera Beutler. «Nuestro enemigo aquí no es el presidente ni sus seguidores, sino el miedo, que no solo incita a la violencia y al fuego, sino que nos lleva al silencio y la inacción».

No era solo el miedo a que el poder del trumpismo les cueste el cargo en las próximas elecciones. Bajo la cobertura del 'off the record', muchos legisladores habían confesado estar aterrorizados ante la posibilidad de que las huestes de Trump se vuelvan contra ellos y amenacen su vida o la de sus familiares. Y todos podían imaginarse estremecidos lo que les pasaría si este miércoles votaban en favor de un segundo 'impeachment', un riesgo que consideraban innecesario al quedarle solo una semana en el cargo. De hecho, el FBI ha alertado de que las milicias de ultraderecha planean graves actos de violencia si se le cesa antes del día 20.

«A mí me da miedo lo que digan de mí, pero me da más miedo que mis hijos crezcan en un país que no sea libre», insistió Herrera. «Por eso no voy a basar mi voto en el miedo, sino en la verdad». La verdad, aseguraron uno tras otro los que creen necesario ponerle freno, es que si bien Trump se cuidó medir sus palabras a la masa que incitó a «descender sobre el Capitolio» para «defender la Constitución y la democracia», pudo haber hecho un llamamiento a la calma si de verdad hubiera querido frenar la violencia, pero no lo hizo.

«Patriotas» atribulados

Algunos de los que le defendieron este miércoles aseguran que se trataba de «patriotas» atribulados por un colosal fraude electoral que le ha costado a su líder el segundo mandato, pero ningún juez, ni siquiera los que ha nombrado el propio Trump, le ha dado la razón. Y entre los fanáticos destacaban también los que, como el legislador de Luisiana Doug Lamalfa, sostenían que los demócratas «le odian porque está en contra del aborto, a favor de Israel y defiende nuestras fronteras».

Era la hora del patriotismo, que cada uno entendía a su manera. «La verdad te hará libre», replicaban los republicanos que se han atrevido a enfrentarse a Trump. Con su 'impeachment' quedará un registro histórico que defenderá la verdad de esos acontecimientos para la posteridad. Por contra, los más asustados se refugiaban en la necesidad de responder a este momento con un gesto de unidad que calme los ánimos, en lugar de provocarlos más.

Trump no perderá el cargo antes de tiempo porque el Senado no está en sesión y su líder Mitch McConnell ya ha anunciado que no lo convocará antes del 20, pero también ha dado señales de que podría votar a favor de condenarle cuando llegue el momento. Solo así se asegurará de que no vuelve a ocupar un cargo público en el futuro. El Partido Republicano es ya el Partido de Trump, pero su 'impeachment' es la única manera que queda para salvar su alma y su futuro.

Trump vuelve a condenar la violencia en el Capitolio

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó este miércoles un nuevo vídeo condenando los actos de violencia vividos la semana pasada con la toma del Capitolio, pero no ha hecho referencia a la decisión de la Cámara de Representantes de iniciar un juicio político contra él por «incitar a la insurrección» durante aquel día.

«Quiero ser muy claro. Condeno inequívocamente la violencia que vimos la semana pasada, la violencia y el vandalismo no tienen absolutamente ningún lugar en nuestro país, y no tienen lugar en nuestro movimiento», ha expresado Trump en un vídeo desde el Despacho Oval publicado en la cuenta de Twitter de la Casa Blanca.

«Ningún verdadero partidario mío podría jamás respaldar la violencia política, ningún verdadero partidario mío podría faltar al respeto a la aplicación de la ley ni a nuestra gran bandera estadounidense», ha dicho.

El vídeo ha sido difundido horas después de que la Casa Blanca emitiera una breve declaración del presidente Trump, en la que hacía un llamamiento para que no se produjera actos de vandalismo, ni se transgrediera la ley en vísperas y durante la cercana toma de posesión del presidente electo, Joe Biden, el 20 de enero.

Biden no tiene miedo

Hace cuatro años Donald Trump comenzó su presidencia obligando a su primer portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, a defender públicamente que su investidura había sido la más concurrida de la historia, con multitudes «mucho mayores» a la histórica de Barack Obama. Por el contrario, su sucesor Joe Biden quiere que la suya sea la menos concurrida de todas, tal es el miedo a que se repitan los disturbios de la semana pasada.

Para ello, el portal Airb&b ha cancelado todas las reservas existentes en el área de Washington DC. Algunos hoteles han dejado de ofrecer habitaciones. Las aerolíneas han vetado durante 14 días a pasajeros rebeldes que conocen de la semana pasada. El Comité Nacional del Partido Demócrata ha pedido a sus seguidores que no acudan. Hasta el gobernador de Virginia, cuyo Estado forma parte del área metropolitana de la capital, ha pedido a sus seguidores que ese día no crucen el río Potomac. La mayoría se conformarán con ver la ceremonia por televisión en una retransmisión que pilotará el actor Tom Hanks y contará con las actuaciones de Jon Bon Jovi, Justin Timberlake y Demi Lovato.

Biden no tiene miedo. O eso dice. El riesgo no es solo de una insurrección, según el FBI, que ha advertido de manifestaciones violentas en los 50 Estados, sino de un intento de asesinato que podría producirse en los mismos escalones del Capitolio donde jurará el cargo, para intranquilidad de quienes le suplican que lo haga dentro. «Hay ciertas tradiciones que realmente queremos mantener», desechó Maju Varghese, director ejecutivo de los actos de investidura. Unos 20.000 miembros de la Guardia Nacional están ya desplegados en Washington. Las imágenes de este contingente durmiento en los pasillos del Congreso se convirtieron este miércoles en virales en las redes sociales.

Donald Trump no estará allí, ni recibirá antes al nuevo mandatario para enseñarle su nueva casa, que ya conoce bien. No habrá fiestas multitudinarias en los hoteles y hasta el primer baile será virtual. Pero mantener el tradicional desfile por las calles de Washington estremece a propios y extraños. El escudero de Obama y la primera vicepresidenta negra se jugarán la vida antes de poner un pie en la Casa Blanca.