Donald Truump sube al helicóptero Marine 1 al abandonar por última vez la Casa Blanca como presidente de EE UU. / E. P.

Los republicanos vuelven a Trump

El porcentaje de votantes conservadores que cree que el expresidente de EE UU debería jugar «un papel importante» en el partido ha subido un 9% desde el asalto al Capitolio

MERCEDES GALLEGO Nueva York

Hace poco más de una semana Donald Trump abandonó Washington tan desprestigiado que los líderes de su propio partido buscaron excusas para no acudir a su despedida. Este jueves el congresista Kevin McCarthy, que lidera a los republicanos en la Cámara Baja, emprendió el camino contrario y fue a buscarlo a su residencia de Mar-a-Lago para reconciliarse con él.

Trump vuelve a ser el poderoso que todos quieren tener en su equipo, en parte por miedo a las consecuencias y en parte por la fuerza de sus seguidores. Cada uno de los diez republicanos que votaron en favor de las acusaciones de 'impeachment' tendrá que defender su cargo en primarias, al haber surgido contrincantes en esta última semana. Como sin duda le ocurrirá a los cinco senadores que el martes votaron en contra de anular el juicio político.

Oponerse a Trump puede acabar con la carrera política de cualquier republicano. Por el contrario, los grupos conservadores han premiado con más de 700.000 dólares al joven senador de Missouri Josh Hawley, que defendió las falsas acusaciones de fraude y objetó a la certificación de resultados electorales. El Fondo de Conservadores para el Senado ha invertido casi 400.000 dólares desde el 12 de enero en una campaña de mensajes masivos por texto e 'e-mail' para ensalzarle. Su director ejecutivo dijo a Axios que ha recaudado 310.000 dólares para apoyar su campaña de reelección, que no es hasta final del año que viene.

Cualquier pérdida que haya sufrido se verá ampliamente compensada por la generosidad de los seguidores de Trump. Entre las 200 empresas que han decidido retirar sus contribuciones políticas a los legisladores que votaron en contra de certificar los resultados destacan Google, Disney, Pfizer, AT&T, Amazon y Walmart, pero al ritmo que se rehabilita la popularidad de Trump, la indignación corporativa puede durar poco.

Líderes de recaudación

El poder del expresidente está en sus bases y en los 74 millones de votos que obtuvo en las elecciones de noviembre. Las encuestas reflejan que sus votantes no le culpan del asalto al Capitolio y ni siquiera creen que Biden ganase las elecciones. En estos tiempos de polarización, los legisladores que más recaudan son los más vocales y extremistas: Alexandria Ocasio-Cortez y Devin Nunes en la Cámara Baja, según el investigador político Michael Barber, de la Brigham Young University.

El porcentaje de votantes republicanos que cree que Trump debería jugar «un papel importante» en el partido ha subido un 9% desde los días posteriores al asalto, según una encuesta de Morning Consult. El 81% tiene hoy una visión positiva del magnate que ha prometido volver al poder « de alguna forma». Gracias a esa fulminante rehabilitación, diversas fuentes periodísticas aseguran que Trump ha abandonado su amenaza de formar un tercer partido al que hubiera llamado «Partido Patriota», y al que se hubieran adscrito el 30% de los votantes republicanos, según las encuestas.

Eso explica que McCarthy haya ido a buscarle, el senador Lindsey Graham le esté ayudando con la defensa legal para su juicio de 'impeachment' y el líder del Senado Mitch McConnell votase el martes a favor de declararlo inconstitucional, pese a haberle acusado en los días posteriores al asalto de haberlo provocado alimentando a las masas con mentiras. «Ya basta, Trump y yo hemos tenido un viaje infernal, pero todo lo que puedo decir hoy es que no contéis más conmigo», zanjó Graham tras la insurrección.

Las declaraciones están frescas, la indignación no. A medida que buena parte de la población se une ideológicamente a los supremacistas que asaltaron el Congreso, el partido se radicaliza. «El enemigo está entre nosotros», advirtió la portavoz Nancy Pelosi. Como prueba fehaciente, los comentarios desenterrados de Facebook de la primera congresista seguidora de QAnon, en los que Marjorie Taylor Greene pedía para Pelosi «muerte o prisión», entre otras incitaciones a la violencia. McCarthy ha evitado amonestarla. El partido pierde su alma mientras busca un líder.