Los miembros de la Guardia Nacional vigilan los accesos vallados al Capitolio. / REUTERS

El miedo a otro asalto al Capitolio obliga a suspender su actividad

La Policía pide que la Guardia Nacional se quede sesenta días más protegiendo el palacio legislativo porque cree que existe un peligro real

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

Más de 5.500 soldados de la Guardia Nacional patrullaban este jueves el Capitolio de Washington, donde las medidas de seguridad habían vuelto a alcanzar niveles parecidos a los de la investidura de Joe Biden. Y es que para muchos seguidores de QAnon era el día de la segunda toma de posesión de Donald Trump, por oscuras y retorcidas que sean las razones que le llevaban a creerlo. «La estupidez de este supuesto Día de Investidura cae en el espacio de 'no malgastemos el tiempo hablando de ello'», respondió irritada la portavoz del Congreso, Nancy Pelosi.

En su continuo escrutar del universo trumpiano en busca de señales para la segunda venida de su líder, los seguidores más retorcidos de Trump observaron que el Hotel Trump de la Avenida Pensilvania, cercano a la Casa Blanca, había disparado las tarifas para este jueves. A partir de ahí algunos dedujeron que hasta 1933 la investidura del presidente se llevaba a cabo en esa fecha y la etiqueta del #TrueInaugurationDay se disparó en los chats más oscuros en los que se traman sus actividades subversivas.

No parecía que la idea de repetir el asalto al Capitolio pudiera pasar de las charlas interceptadas por la inteligencia, pero nadie quería jugársela. Ante el aumento de la actividad de las milicias que lideraron la insurrección del 6 de enero la portavoz del Congreso decidió mandar a casa a los representantes de la Cámara Baja para un largo fin de semana.

LAS CLAVES:

  • Prevención. Los legisladores disfrutarán de un largo fin de semana para minimizar el riesgo

  • Nancy Pelosi «No malgastemos el tiempo hablando de la estupidez de este supuesto Día de Investidura»

¿Era darles demasiado poder? Seguramente. Por eso Pelosi le quitó hierro este jueves cuando la cuestionaron. «No es que hayamos cambiado nuestro horario. Sólo lo hemos adelantado unas cuantas horas», se justificó. «Simplemente nos convenía». El Senado seguía en sesión, «pero ellos son muchos menos», defendía la portavoz del Capitolio. Y además, tenían una misión urgente que llevar a cabo: aprobar el paquete de estímulo económico que Biden considera vital para financiar la campaña de vacunación, prorrogar el paro y ofrecer nuevas subvenciones individuales y a negocios con las que reflotar la economía.

Tan vital es que algunos legisladores republicanos han decidido boicotearla todo lo que puedan. Para eso han prometido retrasar la votación lo más posible recurriendo a oscuras normas que, entre otras cosas, obligarían a leer en voz alta las 600 páginas de la ley, lo que llevaría al menos diez horas.

Fastamagóricos pasillos

Los senadores y sus ayudantes eran las únicas almas que caminaban por los fantasmagóricos pasillos de la otrora casa del pueblo, siempre bulliciosa hasta el 6 de enero. La tradición estadounidense de abrir las puertas del palacio legislativo para que los constituyentes puedan abordar fácilmente a sus representantes se acabó bruscamente ese día, cuando las milicias de ultraderecha afines a Trump manipularon con su ayuda a la turba para asaltar el Capitolio por todos los flancos posibles.

Rompieron puertas y ventanas, corretearon a las fuerzas de seguridad, violaron los despachos, los hemiciclos y se llevaron sus objetos personales como trofeos, pero no consiguieron impedir que horas más tarde se certificara el resultado de las elecciones de noviembre que dieron la victoria a Biden. Tampoco pudieron secuestrar y ejecutar a los políticos que más odiaban, porque la Policía del Capitolio se las arregló, a duras penas, para cumplir con el plan de evacuación.

El fallido golpe de Estado sirvió para meter el miedo en el cuerpo a todos los involucrados, pero particularmente a la Policía del Capitolio, que este jueves pidió que se mantenga a los soldados de la Guardia Nacional durante 60 días más. Su misión termina el día 12, pero las inquietud sigue en el aire. «Tenemos que asegurarnos de que eso no vuelve a ocurrir nunca más y en el ambiente actual el peligro es real y está muy presente», explicó el jefe de la Policía del Capitolio en funciones, Yogananda Pittman. El FBI aseguraba este jueves no haber detectado el tipo de movimiento que vio en los días antes al 6 de enero.