El senador Raphael Warnock. / efe

Georgia da la mayoría en el Senado de EEUU a los demócratas

El senador Raphael Warnock consigue el 51,4% de los apoyos en la segunda vuelta, frente al 48,6% cosechado por Herschel Walker, la estrella de fútbol americano que apoyaba Trump

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

Uno sabe que los republicanos van perdiendo cuando se les oye decir que «los demócratas hacen mejor trabajo sacando a los suyos a votar». Eso es lo que se oía anoche en Georgia, cuando todo indicaba ya que el senador Raphael Warnock revalidaría en segunda ronda el escaño al Congreso que ostenta desde que lo ganase temporalmente hace dos años. Con su victoria el partido de Biden se alza con la mayoría en el Senado -51 asientos frente a los 49 de los republicanos- y se libera de la tiranía que ha ejercido sobre su agenda un demócrata conservador, el senador Joe Munchin, cuyo voto era imprescindible para que la vicepresidenta, Kamala Harris, pudiera romper el empate.

La batalla fue reñida. Con menos de un punto de diferencia (50,5-49,5, con el 93% de los votos escrutados), el resultado parecía demasiado ajustado para cantar victoria, de no ser porque la mayoría de los votos que faltaban por contar procedían del área metropolitana de Atlanta, bastión demócrata. La Georgia rural había votado por el candidato de Donald Trump tapándose la nariz, porque a estas alturas nadie le consideraba un senador ejemplar. Prueba de ello es que los 81.000 votos del candidato libertario Chase Oliver, eliminado en la primera vuelta, se repartieron entre Warnock y Herschel Walker, a pesar de que el Partido republicano era su destino natural.

Warnock, de 53 años, se impuso finalmente dn Georgia con el 51,4% de los votos a su rival, Herschel Walker, una vieja gloria del fútbol americano de 60 años, tuvo que conformarse con el 48,6% de los sufragios.

Tantos cadáveres tenía Walker en el armario que Warnock presentó la contienda como «la lucha entre el bien y el mal». Su adversario explotaba la fama que adquirió en equipos como los Dallas Cowboys, New Orleans Saints, Denver Broncos, Minnesota Vikings, Filadelfia Eagles, New York Giants y New Jersey Generals. Fue en este último, propiedad de Donald Trump, donde se hizo amigo del magnate. Cuando el año pasado llegó el momento de elegir un candidato de su cuerda para arrebatar a los demócratas el escaño de Georgia, el magnate que aspira a volver a la Casa Blanca convenció a Walker, afroamericano y nativo de Georgia, para que se presentara a las primarias del Partido Republicano. Con su ayuda, Walker ganó a otros seis rivales, pero no fue capaz de vencer en las generales del pasado día 8 y ni siquiera en esta segunda vuelta, donde partía como favorito.

Esa es la gran lección de Georgia. Los candidatos de Trump pueden ganar fácilmente las primarias del partido conservador, pero lo tienen difícil en las generales. No basta con escoger a un negro famoso. Walker era un insulto para los votantes afroamericanos y una vergüenza para los conservadores convencidos, por mucho que defendiese ilegalizar completamente el aborto en todos los supuestos a nivel federal.

Durante la campaña fue acusado por dos de sus novias de haberles pagado el procedimiento para interrumpir el embarazo. Además, su ex mujer y otra novia con la que mantuvo una relación de cinco años lo acusaron de violencia doméstica, y su hijo de 23 dijo en las redes sociales que «ha sido un mentiroso toda su vida». «No vamos a permitir que pretendas qué eres un hombre de familia con recta moral a costa mía y de mi madre», le encaró Christian Walker. «Fue un padre ausente. Tuvo cuatro hijos de cuatro mujeres diferentes y no estuvo en casa para criar a ninguno de ellos», tuiteó. Su madre calló durante la campaña e incluso le prestó su dirección a Walker para que pudiera empadronarse en Georgia, pero durante una entrevista con ABC News en 2008 había contado que llegó a ponerle una pistola en la cabeza amenazándola con volarle «los putos sesos».

Frente a semejante personaje Barack Obama presentó a Warnock como «un hombre con clase que le cae bien a la gente porque sientes su integridad cuando hablas con él», dijo el jueves en Atlanta. «Alguien que ha servido toda su vida como trabajador comunitario, que dice la verdad, que mantiene su palabra, que trata a todo el mundo con decencia y respeto, ¡incluso a aquellos que se oponen a él!».

Los pesos pesados de ambos partidos se lanzaron en estas últimas semanas a defender a sus candidatos en Georgia, arrojando a la campaña de un senador más dinero de lo que cuesta una campaña presidencial. A los demócratas, que han gastado en el primer senador negro de Georgia 388 millones de dólares, según Open Secrets, la inversión les ha valido la pena. Dado el perfil de los escaños que se disputarán en 2024, es muy posible que los dos años que tienen por delante sean los últimos en los que puedan disfrutar del control del Senado.

Con ello podrán ratificar fácilmente las nominaciones que haga el presidente para jueces federales o del Supremo, embajadores o miembros de gabinete. No necesitarán pactar con la oposición las presidencias de los comités, ni rendir pleitesía a los más conservadores de sus propias filas. Pero no podrán aprobar leyes sin negociar con la oposición, porque el Partido Republicano ha obtenido la mayoría en la Cámara Baja. Tal y como querían los votantes, demócratas y republicanos están condenados a entenderse.