El candidato demócrata al Senado de Georgia, el senador Raphael Warnock. / AFP

Georgia se convierte en la elección al Senado más cara de la historia

El demócrata Rafael Warnock pelea por hacerse este martes con el último escaño de la Cámara Alta tras costar su campaña 400 millones de dólares, al nivel de una presidencial

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

Georgia ya no está solo en la mente de Ray Charles y de cuántos cantan a ritmo de soul la popular canción de Hoagy Carmichael. En el 2022 está en la mente de todos los estadounidenses que ponen atención a la política de su país. Dependiendo del swing que bailen los votantes este martes, la mayoría del Senado recaerá en los brazos del Partido Demócrata o seguirá bailando con unos y otros.

En la más reñida batalla que se recuerda por el último asiento del Senado que se juega en estas elecciones, el senador Rafael Warnock lideraba este lunes las encuestas por apenas un punto sobre la vieja estrella del fútbol americano Herschel Walker. Con ambos en empate técnico, todo es posible. Prueba de la importancia de estas elecciones para la agenda del presidente Joe Biden es que entre el Partido Demócrata y el dinero que le ha llovido de fuera, la campaña de Warnock ha costado cerca de 400 millones de dólares, que es poco menos de lo que gastó Mitt Romney en su campaña presidencial contra Barack Obama en 2012.

Warnock ganó la primera vuelta el mes pasado, pero no llegó a alcanzar el 50% que requiere la ley del Estado para rematar la faena. Se supone que por eso debería partir como favorito, pero en realidad la estadística favorece a Walker. Chase Olivier, candidato del Partido Libertario, obtuvo el 8 de noviembre 81.278 votos, más del doble de los que separan a Walker de Warnock. El republicano es el destinatario natural de los votos libertarios, una vez eliminado ese candidato. Además, cuenta también con el apoyo del gobernador Brian Kemp, que revalidó cómodamente su cargo con la precaución de no asociarse ni a él ni a nadie apoyado por Donald Trump. Una vez que ha asegurado su cargo, Kemp no tiene problema en hacer campaña por Walker para pedir que el senador de Georgia que salga este martes de las urnas «trabaje por Georgia, y no por la agenda de Biden», ha dicho en los mítines.

Escándalos

En condiciones normales la cómoda victoria de Kemp sobre la popular Stacey Abrams debería haber arrastrado hasta la vistoria al ex jugador de fútbol americano por el que Trump había apostado, pero Walker tiene tantos cadáveres en el armario que los independientes conservadores no pudieron votarle ni tapándose la nariz. De lo que haga ese 5% dependerá en buena parte el resultado de las elecciones. A Walker no paran de salirle casos de violencia doméstica, abuso de poder, mujeres a las que pagó abortos -pese a declararse un firme opositor de ese derecho reproductivo-, un hijo experto en redes sociales que le considera el peor padre posible y hasta domicilios fuera del Estado que ponen en entredicho su legitimidad como candidato por el estado de Georgia.

Con toda esa mochila cuesta creer que al Partido Demócrata le esté saliendo tan cara la reelección del primer senador afroamericano que haya dado el estado -388 millones de dóalres-. La noche de este martes se sabrá si la apuesta ha valido la pena.