Un hombre sostiene un kit de conversión de pistola junto a un niño durante la convención que arrancó este viernes./REUTERS

Un hombre sostiene un kit de conversión de pistola junto a un niño durante la convención que arrancó este viernes. / REUTERS

El desafío de la Asociación del Rifle incendia Texas

Los manifestantes encaran a los defensores de las armas al grito de «asesinos»

MERCEDES GALLEGO Enviada especial a Houston (Texas)

«¡Asesinos! ¡Canallas!», gritaban los manifestantes este viernes a los miembros de la Asociación Nacional del Rifle a la entrada del centro de convenciones George R. Brown de Houston. Justo este fin de semana la organización celebra su primera convención nacional en tres años, suspendida una y otra vez debido a la pandemia, en la que por principio no se acredita a prensa extranjera. Algunos políticos y músicos de country prefirieron cancelar su asistencia, conscientes de que celebrar las armas «no es apropiado» en este momento. Sería como bailar sobre los cadáveres de 19 niños y dos profesoras del colegio Robb de Uvalde que aún yacen en la morgue, pero el poderoso 'lobby' del rifle no se dejó amedrentar.

El alcalde de Houston, Sylvester Turner, un afroamericano demócrata, abogado, aseguró que no estaba en su mano impedirlo ni revocar los permisos, por las muchas implicaciones legales que eso tendría para la ciudad. Y así, unos y otros, se enfrentaron a ambos lados de la Avenida de las Américas ante la que se abre el centro de convenciones. De un lado, dispuestos a aguantar el chaparrón, mucho anglosajón en pantalones de faenas, ropa de camuflaje y gafas de espejo. Del otro, a pleno sol, un grupo racialmente más variopinto que oraba por las «almas pequeñitas» y no dudaba en gritar en español. «¡Eran niños! ¡Asesinos!».

Steven McKensey, uno de los asistentes a la convención, no se inmutó. «Ellos están ejerciendo la primera enmienda de la Constitución (sobre la libertad de expresión) y nosotros intentamos proteger la segunda. Estamos igual».

Ninguno de los entrevistados se sentía culpable de lo ocurrido el martes en Uvalde, donde un adolescente que compró dos rifles de asalto tan pronto como cumplió 18 años entró a tiros en un colegio de primaria y masacró a todos los niños y profesoras que había en la clase. «No encontrarás una sola persona aquí dentro que no hubiera hecho todo lo que estuviera en su mano para impedirlo», se defendió Ron Sasaki, que tenía un puesto dentro del pabellón. Su hijo, Jack, era todavía más pasional. «Aquí tienes a la mejor gente de toda Texas, ¡la más patriótica! Esta mañana cuando tocaron el himno nacional no se oía ni un ruido en todo el pabellón».

Trump, la gran estrella

Los «patriotas» esperaban a su líder, Donald Trump, como la gran estrella de la jornada. Cuando lanzó su campaña presidencial en 2015 el magnate no era uno de los suyos. Hablaba de restringir las armas y pedir historiales delictivos antes de dar una licencia.

Pero la NRA se encargó de invertir más de 30 millones de dólares en la campaña del único hombre que al llegar a la Casa Blanca no llevaba armas ni iba de caza, según datos de la Comisión Federal de Elecciones. En total, una investigación de los periódicos del grupo McClatchy elevó la inversión electoral del poderoso 'lobby' armamentístico en 2016 a cerca de 70 millones de dólares, «y puede que mucho más».

Minuto de silencio frente a la Asociación Nacional del Rifle en recuerdo de las víctimas de Uvalde.

Galería. Minuto de silencio frente a la Asociación Nacional del Rifle en recuerdo de las víctimas de Uvalde.

La apuesta funcionó. Ahora Trump es también el único que ha atendido cinco convenciones seguidas, aunque los servicios secretos se encargaran este viernes de que no hubiera armas durante su intervención. Su mensaje de 'Make America Great Again' evoca en la mente de sus seguidores aquellos tiempos dorados en los que nadie les acosaba ni les culpaba de tiroteos.

«El problema es que nuestra sociedad se ha alejado de Jesucristo y ha perdido los valores que nos hacían grandes», decía a este periódico la reverenda evangélica Emma Trimble, después de aconsejar a los dolientes de Uvalde en la gracia de Dios. «Esto es Texas, aquí todo el mundo tiene armas en casa para matar una serpiente, defenderse de los inmigrantes ilegales y una variedad de cosas. Lo que tienen que hacer los políticos es corregir las leyes de inmigración».

Y sí, esto es Texas, el estado donde se venden más de un millón de armas al año, «segundo después de California», se quejó en un tuit el año pasado el gobernador Greg Abott, que no puede soportar la idea de que su estado vaya detrás de California en algo tan querido como las armas. El gobernador, que canceló este viernes su asistencia a la convención de la NRA con la excusas de visitar Uvalde, en vísperas de que lo haga el presidente Joe Biden, envió una intervención grabada en vídeo para no decepcionar a sus mentores. Bajo su mandato se han relajado las regulaciones hasta el punto de que cualquier individuo mayor de 18 años puede comprar un rifle de asalto y, desde septiembre pasado, llevar armas sin licencia.

Arriba, Protestas por la celebración de la Asociación Nacional del Rifle. Debajo. Varias personas se interesan por material. / AGENCIAS

«¿Te parece normal que un chaval de 18 años pueda comprar un rifle pero no tomarse una cerveza? ¿Qué clase de leyes son esas», preguntaba retórico Edwin Rubio, un vecino de Houston. «Y sí, luego le echan la culpa a los demócratas, a los videojuegos, a las enfermedades mentales, pero este es el único país en el que esto pasa». Confrontada con esa peculiaridad, la reverenda eligió ponerla en duda. «No estoy segura de que eso sea cierto», zanjó.

Saasaki y su hijo creen que peor sería que los desequilibrados mentales llevaran un cuchillo, «porque se esconde más fácilmente», defienden. «Las armas no matan, solo la gente. Lo que hace falta es impedir que las lleven los desequilibrados mentales».

Cómo determinar eso es otro asunto en el que la razón luce por su ausencia, porque el 88% de los estadounidenses defienden la necesidad de requerir el historial mental y delictivo en todas las ventas de armas y, aún así, los políticos financiados por la NRA lo han impedido. «¿Cuándo seremos capaces de plantarle cara a los lobbies armamentísticos?», se quejó el presidente Biden. El consenso es que nunca.