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El presidente electo Joe Biden. Reuters
La Casa Blanca recupera la 'vieja política'

La Casa Blanca recupera la 'vieja política'

El presidente electo se rodea de personas curtidas para reparar el desmantelamiento diplomático de su antecesor en un mundo más revuelto

Mercedes Gallego

Nueva York

Sábado, 28 de noviembre 2020, 18:20

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Hace cuatro años un neófito de la política que ni siquiera esperaba convertirse en presidente entrevistaba candidatos a toda prisa en la planta 28 de la Torre Trump, con las cámaras esperando en la puerta giratoria de la Quinta Avenida. El 'reality show' de Donald Trump acababa de empezar. El magnate inmobiliario trasladaba sus 'ratings' de las pantallas de la NBC a la Casa Blanca. El mundo nunca había visto nada igual. Estados Unidos tampoco.

El nuevo presidente era el primero en la historia del país sin experiencia política ni militar. Sus primeros nominados serían los conspiracionistas que le apoyaron durante la campaña (Michael Flynn, consejero de Seguridad Nacional), generales con nombres impactantes como el 'Perro Loco' (James Mattis, secretario de Defensa), ejecutivos de potentes multinacionales (el ex consejero delegado de Exxon Mobil Rex Tillerson, Secretario de Estado) y grandes donantes (Betsy Devos, secretaria de Educación, cuya familia había donado diez millones de dólares -8,3 millones de euros- a Trump y al Partido Republicano).

Para el día de Acción de Gracias no había jefe de la diplomacia. Para un nacionalista como Trump, impulsor del 'América First', la política exterior era secundaria. El mundo según Trump era un gran mercado donde construir torres doradas y campos de golf. Arabia Saudí ganaría el concurso de su primer viaje al extranjero (mayo de 2017) con una presentación sobre su país con los diferentes aposentos que podía ofrecerle para la estancia.

Habría que esperar hasta mitad de diciembre para la nominación de Tillerson, pero no hizo falta mucho para saber el destino de los diplomáticos. La víspera de Nochebuena, el nuevo presidente ordenó que todos los embajadores nombrados por Obama hubieran abandonado el cargo para el 20 de enero, día de su investidura. Al menos 80 embajadores fueron cesados fulminantemente sin que hubiera reemplazo. Eso era lo realmente extraordinario, al tratarse de países tan importantes como Reino Unido, Alemania, China, Canadá o Japón.

Premio a la fidelidad

La mayoría de esos cargos irían a manos de sus donantes. España tuvo que esperar hasta agosto de 2017 para conocer a Richard Duke Buchan III, fundador del fondo de inversión Hunter Global Investors, que donó el máximo permitido a la campaña del presidente (898.000 dólares, equivalentes a 758.000 euros). Las embajadas se convirtieron en la moneda de cambio con la que el presidente premió a sus leales (el año pasado el 57% fueron nombramientos políticos, en lugar de diplomáticos de carrera, frente al 20%-30% de sus predecesores), pero una vez saldadas las deudas, se acabó la prisa.

Joe Biden se encontrará vacantes embajadas críticas como las de Alemania, Afganistán o Ucrania, así como un tercio de los cargos del Departamento de Estado, en lo que un informe del G llamó «vacantes crónicas». Y es que a la hora de hacer política exterior, «yo soy el único que importa», dijo Trump durante una entrevista en Fox cuando Laura Ingraham le preguntó si eso no ponía en peligro la seguridad del país.

Trump se ha presentado al mundo como un solo hombre defendido por un Ejército fuerte, al que solo el año pasado atribuyó un 57% del presupuesto discrecional y un 5% más que el año anterior, frente al 22% menos que recibió el Departamento de Estado. Frente a la apuesta de ser temido en el mundo, Biden, como Obama, propone invertir más en diplomacia precisamente para necesitar menos armas.

Si a los 48 años Obama llegó al poder necesitado de un jefe de la diplomacia más curtido que él (Hillary Clinton), Biden no necesita crear ese 'Team of Rivals' (equipo de rivales). De hecho, fue su experiencia en política exterior lo que le convirtió en favorito de Obama. Llevaba en el Senado desde los 29 y antes de convertirse en vicepresidente ya había ostentado el cargo más alto en el Comité de Relaciones Exteriores durante doce años, bien como presidente del Comité o como el demócrata de más alto rango.

No es de extrañar que el cargo de secretario de Estado haya sido uno de los primeros que llene, con alguien que le ha acompañado en el Senado y en la Casa Blanca. Antony Blinken estaba en la famosa foto de la Situation Room en la que el equipo de Obama presenciaba el operativo para asesinar a Osama Bin Laden y en las fallidas conversaciones a seis bandas con Corea del Norte, que presuntamente querría recuperar. Habla un francés perfecto y tiene un interés genuino en los derechos humanos. Es cauteloso y no busca protagonismo, solo conectar los eslabones rotos de la diplomacia mundial.

Convencer a los suyos

El nuevo presidente reconoce que el mundo ha cambiado mucho en estos cuatro años y no basta con volver a donde lo dejó. Irán tiene diez veces más uranio enriquecido que el permitido en los tratados suscritos, Turquía ya no es el puente de la Alianza de Civilizaciones, sino otra dictadura, y la OTAN, un club cada vez menos exclusivo que amenaza con despertar las iras de Rusia.

Su receta para este nuevo orden mundial coincide con la de Trump en que hace falta ponerse duro con China, pero con la ayuda de los aliados y sin hacer sufrir a los agricultores estadounidenses. Como Trump, también se ha propuesto retirar las tropas que quedan en Irak, Afganistán y Siria, además de demostrar un apoyo «inquebrantable» a Israel, para lo que buscará limitar la amistad con Arabia Saudí y otras relaciones que comprometan su aparente neutralidad.

Y mientras intenta mantener la cohesión de su partido, donde el ala progresista rechaza el pasado corporativo y lobista de su gabinete, le toca enfrentarse a izquierda y derecha con quienes temen precisamente la vuelta al orden perdido. Sus nominados «han ido a universidades de la liga IVY (la élite de la enseñanza privada), tienen currículos potentes, han asistido a las conferencias correctas y serán guardianes pulcros y ordenados del declive americano», tuiteó el senador republicano Marco Rubio, que tendrá que votar su confirmación.

Trump podrá abandonar la Casa Blanca, pero durante los próximos cuatro años los jinetes de Biden tendrán que pelear contra su realidad paralela y el legado de insatisfacción que le dio vida.

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