El presidente de EE UU, Joe Biden, y su homólogo francés, Emmanuel Macron, durante su encuentro de ayer en la Casa Blanca. / AFP

Biden asegura que no hablará con Putin sin antes «consultarlo» con sus aliados europeos

El presidente francés dice a su homólogo estadounidense que sus respectivos países deben «volver a ser hermanos de armas»

MERCEDES GALLEGO Nueva York

No hay planes para un encuentro entre Joe Biden y Vladímir Putin que pueda sentar las bases para una solución negociada en Ucrania. Y no los hay porque para eso haría falta que Putin estuviera dispuesto a retirar las tropas del país que ha invadido, «y aparentemente no lo va a hacer», dijo ayer el presidente estadounidense, durante una conferencia de prensa con su mejor aliado europeo, Emmanuel Macron.

Su visita a la Casa Blanca dio pie el miércoles por la noche a una cena íntima de las dos parejas presidenciales en un lujosos restaurante de Washington con vistas al río Potomac, desde el que disfrutaron la iluminación el árbol de Navidad. «Es la primera vez en mucho, mucho tiempo que salgo a cenar en privado en Washington, pero tenía la protección del Gobierno francés», bromeó Biden. El mandatario también agasajo a sus huéspedes ayer con la primera cena de Estado de su presidencia, marcada por la pandemia, en la que se sirvieron más de 200 langostas de Maine, organizada bajo la supervisión de la primera dama, Jill Biden, a la que Brigitte Macron regaló una copia de 'Madame Bovary', escrita por Gustave Flaubert, y una colección de ensayos de Albert Camus.

En ausencia de Angela Merkel, Macron se ha convertido en el líder europeo por antonomasia que más peso tiene en Washington. Biden, un multilateralista convencido que ha presidido el comité de Relaciones Exteriores del Senado durante muchos años, quiere reforzar la unidad con los aliados para hacer frente a Rusia y mostrar un frente común en la defensa de Ucrania. La guerra enfila ya su primer aniversario en febrero próximo. Ante la rotundidad del Gobierno de Zelenski de no negociar con su invasor, muchos creen que la única manera de poner freno a la carnicería que desangra a Ucrania y a Europa es un tú a tú entre las dos superpotencias, que parecen estar luchando una guerra proxy en Ucrania.

«No tengo planes inmediatos de contactar al señor Putin», dijo Biden. «Si realmente tiene interés y está buscando una manera de acabar con la guerra, en tal caso, en consultas con mi amigo francés y mis amigos de la OTAN, estaría encantado de sentarme con Putin para ver qué es lo que tiene en la cabeza», anunció el inquilino de la Casa Blanca. Biden está convencido de que Putin erró el cálculo «en cada uno de los pasos iniciales que dio». El dictador ruso pensó que sus tropas serían recibidas con los brazos abiertos por la población ucraniana de habla rusa. «Hablaba de sí mismo como si fuera a ser otro Pedro El Grande», Recordó Biden. «¿Y cómo sale ahora de las circunstancias en las que se ha metido? Yo estoy preparado para hablar con él y averiguar lo que está dispuesto a hacer, pero solo en consultas con mis aliados de la OTAN. No lo voy a hacer por mi cuenta», prometió.

Sin presiones

Ninguno de los dos jefes de Estado dice tener la menor intención de presionar a Ucrania a negociar con Rusia ni alcanzar ningún tipo de compromiso «que no sea aceptable para ellos», subrayó Macron. «Los ucranianos deben decidir el momento y las condiciones en que negociarán sobre su territorio y su futuro», defendió y agregó que hay que «volver a ser hermanos de armas».

La parte de la defensa europea para la que ambos se han comprometido con «una búsqueda más robusta, integrada y coherente para construir una resiliencia individual y colectiva contra amenazas militares y no militares que promuevan la estabilidad internacional» es la parte fácil de la reunión. «Ambos presidentes reconocen la importancia de una defensa europea más capaz y más fuerte que sea complementaria e interoperable con la OTAN», dice el comunicado conjunto de la cumbre.

El escollo está en la parte económica de las relaciones bilaterales y, en concreto, el proteccionismo contenido en la ley para luchar contra la inflación que, en esencia, proporciona subsidios a la industria estadounidense y los condiciona al proteccionismo del 'America First' que deja fuera a la industria europea. Aunque no lo reconozca, Macron llegó a Washington dispuesto a utilizar todos sus encantos para convencer al presidente estadounidense de que encuentre la manera de incorporar a su país y a Europa en las excepciones que ha extendido a México y a Canadá. Se trata sobre todo de los semiconductores y baterías de alta potencia para los coches eléctricos en los que Estados Unidos ha apostado su independencia energética y el futuro contra el cambio climático.

El mandatario francés reconoció que lo que el presidente y el Congreso estadounidense buscaban era crear oportunidades laborales para la clase media de su país, imprescindible para tener éxito en la transición energética, sin pensar en las consecuencias que eso tenía para Europa. «Francia simplemente no ha venido en busca de una exención», aseguró, «solo a discutir las consecuencias de esa legislación. Y la noticia que se desprende de esas circunstancias es que no tenemos más alternativa que trabajar juntos».

El mandatario dice creer en la necesidad de «resincronizar» las agendas e instruir a sus equipos a seguir trabajando «en cooperación y coordinación para encontrar soluciones». Macron dice no haber venido «solo en busca de amor», pero eso es lo que encontró por ahora, cariño y voluntad de futuro, sin que Biden, a la defensiva, vaya a «disculparse» por «una ley que París ve proteccionista», advirtió el mandatario estadounidense. «Vamos a seguir creando trabajos industriales en Estados Unidos para no depender de nadie, pero no lo haremos a costa de Europa», prometió.