Biden abraza a una niña durante su visita a Varsovia (Polonia). / AFP

La crisis de refugiados ucranianos es ya la mayor desde la II Guerra Mundial

La imagen de Biden abrazando a una niña en Varsovia despierta el resentimiento compañero, entre hispanos y haitianos por el contraste con la frontera sur de EE UU

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

Ucrania ha batido todas las predicciones. En poco más de un mes el país que Rusia quiere anexionarse ha escupido por los costados cuatro millones de refugiados, según informó este miércoles la Agencia para los Refugiados de la ONU (Acnur), que inicialmente había estimado esa cifra para el total de la guerra.

Se trata del mayor movimiento de refugiados de la historia moderna, al menos en cuanto a velocidad. Siria, otro país que se ha desangrado lentamente ante la mirada del mundo y las bombas rusas, tardó cuatro años en generar cuatro millones de refugiados. Para ellos la frontera con Irak no era una opción. A Europa no podían llegar en tren, sino en balsa, por el cementerio del Mar Egeo o del Mediterráneo. Y en Líbano, Jordania o Turquía sobraban ya refugiados, porque solo este último es hogar de 3.6 millones de sirios. Con todo, a nadie se le escapa cuál era la principal diferencia: esos niños no eran rubios, de piel clara y ojos azules. No vestían plumas de Zara ni se veían carteles de Leroy-Merlin bajo los escombros de sus ciudades.

La empatía que generan los ucranianos en Occidente se notaba el sábado en la sonrisa reluciente del presidente Joe Biden mientras sostenía en sus brazos a una pequeña vestida con un chaquetón rosa, igual de sonriente. «¡Mirad esos niños! ¿No son maravillosos? ¡Hacen que me sienta tan orgullos!», clamaba satisfecho el presidente norteamericano, que ha prometido recibirles «con los brazos abiertos». Cien mil ucranianos tendrán asilo político en Estados Unidos, en comparación a los pocos cientos de haitianos que el mandatario permitió entrar tras las escandalosas imágenes de los patrulleros fronterizos persiguiéndoles a caballo y azotándolos con las bridas en septiembre pasado. Los jueces de inmigración se encargaron después de deportarlos.

La foto de Biden en Varsovia con la que la Casa Blanca esperaba conmover a los estadounidenses resultó especialmente traumática para algunos. «El dolor que me produce ver esta hermosa foto es insoportable», escribió en Twitter Guerline M Joef, directora ejecutiva del Alianza para tender Puentes con Haití. (Haitian Bridge Alliance). «El merecido amor, amabilidad, dignidad, protección, y compasión que se le da a esta niña nunca se le ofreció a las niñas haitianas negras que estaban en la puerta de EE UU. Trump lo dijo, Biden lo demostró».

Carol Anne Donohoe, abogada ejecutiva del Proyecto de Reunificación Familiar, lo puso de otra manera: «Esto es precioso, señor presidente. Ahora venga la frontera sur y sienta la montaña rusa de emociones que verá en los ojos de los niños centroamericanos y haitianos». Precisamente allí el gobierno de Biden se prepara para deportar a una nueva oleada de migrantes. El fin de la pandemia acaba también con las medidas de emergencia a las que apeló Trump al invocar el título 42 que permite devolver a los migrantes sin mayor proceso judicial por razones de salud pública,.

Se espera que la portavoz del Centro de control para Enfermedades Infecciosas CDC, por las en inglés), Kathleen Conley, anuncie esta semana si pone fin a la medida o la prórroga. Desde que marzo de 2020 se estima que 1.7 millones de inmigrantes han sido devueltos a México o a su país de origen. Entre 30.000 y 60.000 aguardan en la frontera sur, por lo que el Departamento de Seguridad Domestica teme una verdadera avalancha de 18.000 personas diarias cuando se levante la pausa.

Pese a las promesas, Biden ha mantenido buena parte de las medidas implantadas por el gobierno de Trump sin atender a las crisis de cada país. A Haití, un lugar tan peligroso que hasta el presidente fue asesinado en su dormitorio en julio pasado, el gobierno de Biden ha deportado a 20.000 personas, 17.000 tras las brutales imágenes de septiembre. Al menos el 45% eran mujeres y niños, según las cuentas de Steve Forester, coordinador de Política Migratoria del Instituto para la Justicia y la Democracia en Haití.

Hasta Ivanka Trump presume estos días de haber entregado más de un millón de comidas a los refugiados en Polonia. Belkis Wille, investigadora de Human Rights Watch, no pudo por menos que quedarse con la boca abierta cuando por fin llegó al lado polaco de la frontera el mes pasado. «Fue alucinante», contó en el programa Democracy Now. «Un hombre me tendió una taza de chocolate caliente, una mujer un tazón de sopa y alguien más una tarjeta SIM gratis. Había gente ofreciendo pañales, comida para bebés, transporte gratuito a otras ciudades... Lo único que espero es que ahora que hemos visto cómo se le debe dar la bienvenida a los refugiados empecemos a extendérsela a todos».