El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell. / ep

Borrell enfada a Rusia al decir que «esta guerra se ganará en el campo de batalla»

Lavrov cree que la actitud del jefe de la diplomacia europea y el envio de armas a Kiev revelan un «giro muy peligroso» en una UE «no militar»

OLATZ HERNÁNDEZ Bruselas

El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, aseguró este lunes durante el Consejo de Exteriores de la UE que «la guerra en Ucrania se decidirá en el campo de batalla» y apuntó que lo «importante ahora es ayudar a Kiev», en referencia al envío de armas por parte de los Estados miembro. Estas declaraciones fueron vistas en Moscú como una amenaza. En una entrevista emitida este lunes mismo, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, señaló que el envío de armas a Kiev por parte del bloque es «un giro de 180 grados muy peligroso» de la política europea.

Su encuentro con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y la visita a Bucha parecen haber cambiado el discurso del jefe de la diplomacia europea. Durante su viaje a Kiev, anunció que la UE aumentaría los fondos destinados al envío de armas letales al país hasta los 1.500 millones de euros.

El bloque comunitario ha estado enviando armas y ayuda humanitaria al país de forma coordinada desde hace casi un mes. «Además, muchos países están ayudando también por su cuenta», apuntó Borrell. Según explicó, algunos Estados han gastado 300 millones de euros en material militar y otros han destinado la tercera parte de su presupuesto de defensa a la ayuda militar a Kiev.

Esta ayuda, dijo el diplomático, será la que marcará la diferencia en el campo de batalla. «No hay que hacerse ilusiones. Cerrar el grifo al gas no va a tener un efecto inmediato a efectos defensivos. El Ejército ruso, a corto plazo, va a seguir siendo el mismo con o sin el dinero del gas. Lo que cuenta ahora es la ayuda a Ucrania», destacó.

La unidad se diluye

El envío de armas pesadas a Kiev fue una de las peticiones más importantes del ministro de Exteriores ucraniano Dmitro Kuleva, en la reunión de la semana pasada de la OTAN. Sin embargo, el debate ya ha mostrado las costuras de la Alianza Atlántica. Países como Hungría o Bulgaria son reticentes al envío de armas y Budapest no permite que estas pasen por su territorio en el camino a Kiev. España, por su parte se mostró contraria al envío de armamento pesado al país, como aviones o tanques.

La brecha entre los países europeos también es evidente a la hora de negociar sanciones energéticas. Éste ha sido el talón de Aquiles de la unidad comunitaria desde que comenzó la crisis. Este lunes, los Veintisiete dieron su visto bueno al embargo del gas ruso y Borrell insistió que «todas las sanciones están sobre la mesa», incluidas las del posible veto al petróleo y el gas ruso.

Bruselas es consciente de que los castigos al petróleo y al gas llegarán antes os después, pero estas medidas cuentan con el rechazo total de países como Alemania, Austria y Hungría, por su gran dependencia del gas de Moscú. Otros Estados, como Dinamarca, Países Bajos, Lituania y República Checa urgieron este lunes a elevar la presión sobre Rusia.

El consenso parece total sobre la opinión de que el Ejército ruso está cometiendo crímenes de guerra en Ucrania. Bruselas anunció este lunes que apoyará financieramente a la fiscalía ucraniana y a la del Tribunal Penal Internacional para «investigar y perseguir a los culpables de las atrocidades cometidas» durante la invasión, la mayoría atribuidas a las fuerzas rusas.