Biden arrolla a Sanders en el Supermartes

04/03/2020

El vicepresidente da la vuelta a la campaña tras la retirada de dos candidatos de centro y a costa de Michael Bloomberg, que no ganó ningún estado y sólo se ha apuntado el territorio asociado de American Samoa

El impulso de su rotunda victoria el sábado en Carolina del Sur y la lluvia de apoyos que siguió catapultó a Joe Biden hasta la victoria en estados donde no había invertido tiempo ni dinero, como Massachusetts, Virginia o Minessota.

Este no es un ciclo electoral cualquiera. Lo único que buscan los demócratas durante estas primarias es un candidato con fuerza que pueda vencer a Donald Trump en noviembre. Hasta el sábado Bernie Sanders parecía el único capaz de movilizar el voto, pero el miedo a que el resto de EE UU no estuviera preparado para votar por un socialista tenía agarrotados a buena parte de los demócratas. Tan pronto como uno de los candidatos de centro logró sobresalir del pelotón, todo el partido se aglutinó en torno suyo, y detrás, los electores.

El ex vicepresidente de Obama supone una vuelta al status quo que existía antes de que Trump pusiera el país del revés. No es la revolución de izquierda que promete Bernie Sanders, sino la continuidad del proyecto de Obama y una validación para el electorado afroamericano, que le ha sido fiel en los estados del sur. Lo dijo el líder afroamericano más prestigioso de Carolina del Sur, Jim Clyburn: «Joe Biden es un buen hombre, lo conozco bien. Pero lo que es más importante, él nos conoce a nosotros». Su palabra llegó muy lejos en todos los estados del sur, donde grabó mensajes telefónicos directos a los hogares afroamericanos.

El resultado fue palpable. En Alabama, donde ese sector de la población supone el 44% del electorado demócrata, el 72% votó por Biden, frente al 12% que votó por Sanders. Biden fue declarado ganador de ese estado tan pronto cerraron las urnas, al igual que en Tennessee, donde venció por 31 a 24% con el 68% del voto afroamericano, y en Carolina del Norte.

La lealtad de ese segmento de la población hacia el escudero de Obama siempre fue incuestionable, pero las encuestas reflejaban cómo había influido en el resto del electorado la victoria de Biden en Carolina del Sur y los apoyos de tres candidatos retirados de la campaña –Pete Buttigieg, Amy Klobuchar y Beto O’Rourke-. El sábado Sanders ganaba por dos puntos a Biden en Virginia. Ayer perdía por 30.

El senador de Vermont mantuvo el liderazgo en los estados de suroeste del país, apuntándose la victoria de Utah y Colorado, pero incluso ahí tuvo que repartir los delegados con Biden y Michael Bloomberg, al igual que en Texas, donde las colas sobrepasaron la hora de cierre de los colegios electorales. Esa era la mejor noticia para los demócratas. La alta participación que les permitirá enfrentar con fuerza a Trump en noviembre.

La arrolladora victoria de Biden en al menos ocho de los 14 estados que votaban ayer fue a costa de Bloomberg y Elizabeth Warren. El electorado prefirió apostar por un caballo ganador y dejó de lado a la senadora de Massachusetts, que ni siquiera ganó su estado. Peor le fue al multimillonario neoyorquino, que ha gastado una media de 5.6 millones diarios de su propio bolsillo pero sólo se anotó la victoria en American Somoa, la isla del Pacífico cercana a Nueva Zelanda a donde no llegó ningún candidato, solo el bombardeo de sus anuncios. Su campaña tiene una reunión de emergencia mañana para evaluar los resultados y decidir el camino a seguir.

Muchos de los votantes admitieron haber decidido el voto la víspera o incluso en la cola electoral. Entre estos la percepción de que el partido cierra filas en torno a Biden fue el factor decisivo. El ex vicepresidente se apuntó también la victoria de Oklahoma, un estado donde Sanders ganó a Hillary Clinton en 2016, Arkansas y Minnesota, donde Sanders iba mano a mano en las encuestas con la senadora de ese estado Amy Klobuchar. Su retirada e inmediata maniobra de redirigir los votantes a Biden fue decisiva. Ese estado era también una de las grandes apuestas de Bloomberg, que había invertido en él once millones de dólares.

La última incógnita de la noche era California, por su uso horario. También será el último en presentar resultados, dado que acepta recibir papeletas por correo hasta tres días después. Incluso ahí, donde se había anticipado la victoria de Sanders y el 60% se produjo anticipadamente por correo, los votantes habían vuelo la vista a última hora hacia el candidato del ‘establishment’ que se presenta como la opción de centro.

Para Biden, esta campaña es una batalla «por el alma de EE UU» que Trump ha robado al país. Su estrategia es tender la mano a los republicanos desafectos de Trump con la promesa de devolverles los valores perdidos, «la decencia, el honor y la honradez». Para eso todavía tendrá que vencer a Sanders en la cuenta de delegados, sin que este diera anoche signos de aceptar la derrota. «Vamos a ganar la nominación», prometió. Su estrategia en esta contienda a dos es destacar la diferencia entre «un candidato que lideró la oposición a la guerra de Irak y uno que votó por ella», recordó. «Uno que lideró la oposición contra los desastrosos tratados comerciales, y uno que votó por ellos». Dos políticos de 77 y 78 años respectivamente con carreras radicalmente distintas a sus espaldas que proponen dos alternativas diametralmente opuestas con una mira común: derrotar a Donald Trump, «el presidente más peligroso de la historia de EE UU», subrayó Sanders. «No podemos vencerle con las mismas viejas políticas de siempre».