Funeral de Estado por Shinzo Abe, este martes en Tokio / afp

Polémico funeral de Estado en Japón para el asesinado Shinzo Abe

Bajo fuertes medidas de seguridad para proteger a sus 4.000 asistentes y 700 invitados extranjeros, el Gobierno nipón honra a su ex primer ministro con una fuerte oposición pública por su alto coste

PABLO M. DÍEZ Corresponsal en Asia

Fue polémico en vida y lo sigue siendo tras su muerte. Con una oposición pública tan fuerte como sus medidas de seguridad, este martes se celebra en el pabellón Budokan de Tokio el funeral de Estado por el ex primer ministro Shinzo Abe, asesinado el pasado 8 de julio mientras daba un mitin en la ciudad de Nara. Abatido a tiros por un antiguo militar de 41 años que lo culpaba de su ruina familiar, su fallecimiento causó una enorme conmoción no solo en el seguro y pacífico Japón, sino en todo el mundo.

Para honrar la figura de Abe, quien dirigió el país entre 2006 y 2007 y entre 2012 y 2020 y es el primer ministro nipón que más tiempo ha estado en el poder, el Gobierno decidió despedirle con todos los honores y darle un funeral de Estado. Todo un homenaje a su labor porque, desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, solo un ex primer ministro había sido reconocido con tan alta distinción. Ocurrió en 1967 y fue Shigeru Yoshida, el artífice del «milagro económico» de Japón y de la recuperación de su soberanía nacional tras su derrota en la contienda.

A pesar de los logros de Abe y de sus aplastantes victorias electorales, la sociedad nipona está dividida sobre su funeral de Estado. Los motivos: su alto coste para el contribuyente, estimado en 1.600 millones de yenes (once millones de euros), y su controvertido legado político. Así lo demuestra una reciente encuesta del periódico 'Mainichi', en la que el 62% de los consultados se oponía a esta ceremonia.

A su gestión, marcada por su afán por reformar la Constitución pacifista de Japón y los 'Abenomics' para hacer frente al auge de China, se suman los numerosos escándalos que salpicaron sus dos mandatos. De todos ellos, hubo dos que estuvieron a punto de tumbarle: la pérdida de los expedientes de 50 millones de pensionistas en 2007 y el tráfico de influencias con la guardería ultranacionalista Moritomo Gakuen de Osaka en 2018, que llevó incluso a la falsificación de documentos oficiales en el Ministerio de Finanzas. Cuando el periódico 'Asahi' descubrió las conexiones entre dicha guardería y el matrimonio Abe, uno de los funcionarios confesó en su nota de suicidio que sus superiores le habían obligado a manipular los expedientes y 30.000 personas llegaron a manifestarse pidiendo la dimisión del primer ministro. Pero nada pudo con Abe, salvo su propia salud, que le obligó a dimitir por segunda vez en agosto de 2020 debido a la misma colitis ulcerosa que ya la había hecho renunciar en 2007.

Tras dispararle con un arma de fabricación casera, su asesino, Tetsuya Yamagami, confesó que lo había hecho no por motivos políticos, sino por una venganza personal. Sin visos de arrepentimiento, responsabilizaba a Abe de apoyar a un grupo religioso, la Iglesia de la Unificación, a la que su madre había donado todo su dinero. Desde entonces, se ha descubierto que 179 de los 379 diputados del Partido Liberal Democrático (PLD) tienen algún tipo de relación con dicho culto, fundado en 1954 en Corea del Sur por el famoso Reverendo Moon y conocido en todo el mundo por sus bodas multitudinarias y su tradicionalismo anticomunista. Por el temor a la influencia política que puedan tener sus seguidores, apodados despectivamente como los 'Moonies', este es el último escándalo que ha protagonizado Abe incluso después de su muerte.

Delegación internacional

Entre las protestas de sus detractores, como el hombre de 70 años que se prendió fuego la semana pasada cerca de la residencia oficial del primer ministro, el funeral de Estado se celebra desde las dos de la tarde (siete de la mañana, hora peninsular española). Al acto está previsto que asistan unas 4.000 personas, entre los que figuran 700 invitados extranjeros como la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, el primer ministro indio, Narendra Modi, y su amigo Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI). Paladín de los Juegos de Tokio 2020, que no pudo inaugurar porque fueron aplazados un año por la pandemia, una de las imágenes más recordadas de Abe es cuando apareció disfrazado de Super Mario para recoger el testigo olímpico en la clausura de Río 2016.

Aunque ya se celebró un funeral privado por Abe cuatro días después de su asesinato y su cuerpo fue incinerado, ahora será despedido con toda la pompa que requiere la ocasión. El escenario elegido es el cálido pabellón Budokan, que fue construido para albergar las pruebas de judo en los Juegos de Tokio 64, ha acogido conciertos míticos como el de Bob Dylan en 1978 y en el verano de 2021 vio coronarse a la española Sandra Sánchez como campeona olímpica de kárate. A su larga historia se suma ahora este funeral de Estado por Shinzo Abe con el que sus sucesores, Yoshihide Suga y el actual primer ministro, Fumio Kishida, ensalzan su figura. Desde por la mañana, en los agradables jardines de Kitanomaru, alrededor del Budokan, los seguidores de Abe dejan flores en su recuerdo, pero no hay libro de condolencias para firmar.

Con más de 18.000 agentes, la Policía de Tokio está en máxima alerta y ha desplegado una seguridad equivalente a la de los Juegos Olímpicos y la ascensión al trono del Emperador Naruhito en 2019. Aunque a una escala mucho menor que el reciente funeral de la Reina Isabel II de Inglaterra, Japón aprovecha la despedida a Abe para lucirse diplomáticamente y su primer ministro, Kishida, se reúne con 40 mandatarios venidos de todo el mundo, como sus homólogos de Australia y Corea del Sur, Anthony Albanese y Han Duck-soo, respectivamente. Como hizo durante toda su vida, Shinzo Abe sigue sin dejar indiferente a nadie incluso después de su muerte.