El barco restaurante 'Jumbo' / EP

El misterioso naufragio del Jumbo

Conmoción en Hong Kong por el hundimiento en extrañas circunstancias de su mayor restaurante flotante, que era un icono turístico

PABLO M. DÍEZ Corresponsal en Asia

Era uno de los iconos turísticos de Hong Kong y se ha ido a pique. En medio de su misteriosa travesía al Sudeste Asiático, el enorme barco Restaurante Flotante Jumbo zozobró el domingo pasado en el mar del Sur de China, cerca de las islas Paracelso. Causando una conmoción en Hong Kong, su naufragio es una triste metáfora de la pérdida de la memoria histórica en esta antigua colonia británica, que el 1 de julio conmemora los 25 años de su devolución a China.

Inaugurado en 1976 a imagen y semejanza de un palacio imperial de la Dinastía Ming, sus tres plantas se elevaban sobre una cubierta de 76 metros de largo y su superficie total, de 13.000 metros cuadrados, permitía servir a 2.300 comensales. Profusamente decorado con dragones, pagodas y brillantes neones, su vistosa fachada roja, verde y dorada destacaba entre los yates atracados en el puerto de Aberdeen, al suroeste de la isla de Hong Kong. Desde que abrió sus puertas hace ya 46 años, se calcula que por sus suntuosos salones han pasado más de 30 millones de personas, algunas tan ilustres como la Reina Isabel de Inglaterra, el expresidente de Estados Unidos Jimmy Carter y estrellas del cine como Tom Cruise.

Con sus tejados puntiagudos iluminados al anochecer, era tan espectacular que ha servido como escenario para las aventuras de James Bond en «El hombre de la pistola de oro» (1974) y de Jackie Chan en «El protector» (1985). Casualidades del destino, en su interior se rodó el final de la película «Contagio» (2011), que estaba inspirada en el SARS pero fue una premonición hollywoodiense de la actual pandemia de Covid.

Ruta del restaurante flotante Jumbo.

Para el Jumbo, esa fue su puntilla. Cuando el coronavirus paró el mundo tras su estallido en Wuhan en enero de 2020, el restaurante ya sufría desde el año anterior la falta de clientes por las violentas protestas que reclamaban democracia en Hong Kong. Sin los turistas chinos que antes acudían en masa, a la compañía que lo gestionaba, Aberdeen Restaurante Enterprises, se le acumularon las facturas para mantener tan colosal y sensible construcción. Cerrado desde 2020, sus pérdidas ascendían a 100 millones de dólares de Hong Kong (12 millones de euros), una «pesada carga financiera» según reconocían públicamente sus dueños.

Atrás quedaban los años dorados en que el multimillonario Stanley Ho, magnate de los casinos de Macao, había invertido 32 millones de dólares HK (3,8 millones de euros) en el mayor restaurante flotante de la entonces colonia británica. Siguiendo la tradición de los marinos «tanka» de la costa china, que desde 1920 servían marisco en sus juncos, el Jumbo se empezó a construir en 1970 al lado de otros restaurantes flotantes del puerto de Aberdeen. Pero quedó dañado en 1971 por un incendio que mató a 34 personas. Tras adquirir su estructura, Ho tardó cinco años en terminarlo y se gastó 16 millones de dólares HK (1,9 millones de euros) en su equipamiento y 10 millones de dólares HK (1,2 millones de euros) en su decoración. Además del trono que presidía su mayor salón, cuyos dragones dorados costó dos años tallarlos en la madera, un mural en la segunda planta inspirado en un cuadro Ming llegó a valer seis millones de dólares HK (726.000 euros).

Pero ni su importancia artística ni histórica han podido salvar al Jumbo, que estaba conectado a otros dos restaurantes flotantes más pequeños. Uno de ellos, llamado Sea Palace, fue vendido y trasladado a la bahía de Manila en 1999, donde estuvo operativo hasta su cierre en 2008. Tres años más tarde, fue llevado hasta la ciudad china de Qingdao, donde sigue atracado sin uso alguno. El otro, Tai Pak, continúa en el puerto de Aberdeen, pero sin perspectivas de apertura por las fuertes restricciones por Covid que asfixian a la economía de Hong Kong y China. Unidas, dichas embarcaciones formaban el Reino Jumbo.

Dirigida por Lawrence Ho, hijo del difunto magnate de los casinos, la empresa matriz, Melco International Development, ha intentado por todos los medios vender el barco a otras compañías. Tan mal debieron verlo que ninguna lo quiso. A los elevados costes del mantenimiento, el seguro, los permisos y las inspecciones se sumaba que, el pasado 1 de junio, se había volcado una cubierta de 30 metros con una cocina conectada a la parte trasera del restaurante. A pesar de las peticiones populares para salvarlo, el Gobierno de Hong Kong tampoco acudió al rescate y, debido a la falta de un tercer socio, fracasó el plan para reubicarlo en el parque temático Ocean Park.

«Hemos indicado claramente que el Gobierno no tiene planes para invertir en la operación del restaurante porque nuestra misión no es manejar dichas instalaciones», anunció la jefa ejecutiva, Carrie Lam, pese a que la reapertura del Jumbo era uno de los proyectos para revitalizar el Distrito Sur de Hong Kong. Ignorando dicha promesa, Lam dejaba claro que «no forzaremos una propuesta inviable o que exija una gran cantidad de dinero público simplemente porque ha sido incluida en el discurso político. No creo que esta situación sea un problema en absoluto».

Recogiendo el malestar general por la pérdida de este símbolo, el profesor John Hanzhang criticaba la decisión gubernamental en una tribuna de Opinión en el diario «South China Morning Post». «Este es solo el último ejemplo de la incapacidad de Hong Kong de preservar su historia contemporánea», denunciaba este sociólogo. A su juicio, las «políticas sobre las antigüedades y la falta de voluntad del Gobierno para apoyar los esfuerzos de conservación han tenido un efecto devastador en la cultura local. La marcha del Restaurante Flotante Jumbo será una triste continuación de la tendencia hacia la desaparición de la historia local posterior a la II Guerra Mundial, dejando huecos en el paisaje de la ciudad porque solo habrá estructuras previas a la contienda y edificios contemporáneos para las futuras generaciones». Según el profesor Hanzhang, «transformar el Reino Jumbo en una atracción turística del Distrito Sur podría enriquecer la ciudad» porque «una nueva generación de turistas está aburrida de los centros comerciales interminables y los rascacielos. En su lugar, quieren visitar atracciones locales icónicas. Conservar el restaurante flotante le daría al turismo de Hong Kong el impulso que tanto necesita y ayudaría a recuperar la economía en la parte sur de la isla».

Pero nada pudo cambiar el destino del Jumbo. Arrastrado por el remolcador Jaweon 9, el martes 14 de junio zarpó hacia algún lugar del Sudeste Asiático, que sus dueños se negaron a revelar. Pero naufragó el domingo día 19 al encontrar «tiempo adverso» a la altura de las islas Paracelso, en el mar del Sur de China. Según informaron sus propietarios el lunes, «el barco volcó al entrarle agua y es imposible rescatarlo porque está en una zona que tiene hasta mil metros de profundidad». Ante la indignación desatada por este misterioso siniestro, que ha tenido eco en todo el mundo, la empresa dueña del restaurante matiza ahora que «no se ha hundido», solo «volcado». Pero sigue sin aclarar su ubicación ni por qué se echó al mar para tan largo viaje en lugar de ser transportado sobre una cubierta semisumergible, un método más caro pero más seguro.

El Departamento Marítimo de Hong Kong, que ha revelado que la embarcación se dirigía a Camboya y tenía su visto bueno para navegar, ha abierto una investigación para aclarar el siniestro, ya que el portal de noticias HK01 asegura que el convoy cambió el rumbo durante la travesía y zigzagueó alrededor de las islas Paracelso. Además, las autoridades avisan de que los dueños podrían haber violado las leyes marítimas al tardar más de 24 horas en comunicar el naufragio, que empezó el sábado. A la espera de lo que descubra el seguro, que todavía no se sabe si lo tenía contratado para tal expedición, muchos sospechan que sus dueños se han deshecho de la «pesada carga financiera» del Jumbo enterrándolo en el fondo del mar.