Anwar Ibrahim y su esposa Wan Azizah Wan Ismail abandona el palacio nacional Kuala Lumpur tras la ceremonia de toma de posesión del cargo. / FAZRY ISMAIL / AFP

Ibrahim Anwar, nuevo primer ministro de Malasia tras 25 años de espera y dos condenas por sodomía

Con un programa reformista, este moderado político musulmán alcanza el poder tras una larga carrera marcada por denuncias de homosexualidad que siempre ha negado

PABLO M. DÍEZ - CORRESPONSAL EN ASIA

Después de cinco días de bloqueo e incontables negociaciones desde las elecciones del sábado, el veterano político Ibrahim Anwar ha sido nombrado este jueves nuevo primer ministro de Malasia. Concluye para él una tensa espera no solo de cinco días, sino de veinticinco años, los que lleva aguardando para tomar por fin el poder en este país del Sudeste Asiático.

La amplia coalición que dirige su partido, Pakatan Harapan (PH), ganó los comicios adelantados con 82 diputados, pero se quedó lejos de los 112 necesarios para lograr la mayoría en el Parlamento malasio. Con 73 escaños, le pisaba los talones la coalición gobernante, Perikatan Nasional (PN), que durante unos días acarició la posibilidad de alcanzar acuerdos con otros partidos para seguir en el poder.

Como si fuera a cara o cruz, la moneda podía haberse decantado por cualquiera de los dos cuando el rey de Malasia, el sultán Abdullah, propuso un Gobierno de unidad para acabar con el 'impasse'. Pero Muyhiddin Yassin, el rival de Anwar, rechazó la propuesta del monarca, un movimiento que jugó en su contra y selló su destino.

Con otros importantes apoyos y el respaldo del rey, quien consultó con los demás sultanes de la monarquía rotatoria malasia, Ibrahim Anwar ha sido finalmente investido primer ministro en aras de la estabilidad del país. «Es importante que nuestra nación se libre de la inestabilidad política cuando el país necesita un Gobierno fuerte y estable para mejorar la economía», justificó el soberano en un comunicado.

Para Ibrahim Anwar, de 75 años, concluye así un camino que ha durado un cuarto de siglo, y empieza otro lleno de retos. Considerado uno de los políticos más brillantes y carismáticos del Sudeste Asiático, empezó fundando un movimiento islámico en su juventud y en 1982 se unió al partido que llevaba ocupando el poder en Malasia desde su independencia de los británicos en 1957: la Organización Nacional para la Unidad Malaya (UNMO) que lideraba la coalición del Frente Nacional (Barisan Nasional).

Gracias a sus dotes oratorias y de gestión, en dicha formación ascendió rápidamente hasta convertirse en 1993 en viceprimer ministro y titular de Economía del Ejecutivo dirigido por el veterano Mahathir Mohamad, quien lo ungió como su sucesor.

Pero sus diferencias sobre cómo hacer frente a la crisis financiera asiática de 1997 agrietó su unión y, en 1998, Mahathir destituyó a Anwar por corrupción y abuso de poder entre fuertes protestas ciudadanas.

Venganza política

En una acusación que él siempre definió como una venganza política, Anwar cayó en desgracia cuando uno de sus ayudantes denunció que lo había violado y acabó en prisión por sodomía, un delito en la musulmana Malasia. Aunque la sentencia fue anulada en 2004, otro de sus ayudantes volvió a denunciarlo por lo mismo en 2008, cuando lideraba la oposición y amenazaba la hegemonía de la coalición gobernante.

Por falta de pruebas, el juez lo exculpó en 2012, pero el Tribunal de Apelación reabrió el caso en marzo de 2014. En 2015 volvió a ser condenado a cinco años por sodomía, una sentencia que los grupos defensores achacaron a su cada vez mejores resultados electorales, que amenazaban al Gobierno.

En sendas entrevistas concedidas cuando estaba en libertad, una en 2010 y la otra en 2014, negó siempre los cargos. «Es solo una estrategia del Gobierno para que no pueda presentarme a las elecciones», explicaba Anwar, quien aboga por una reforma de las leyes para avanzar hacia un islam más moderado y moderno en Malasia.

En 2018, y mientras él seguía en la cárcel, su partido ganó las elecciones en una nueva coalición formada junto a su mentor y luego enemigo, Mahathir Mohamad. A pesar de su rivalidad en el pasado, ambos se unieron para desalojar del poder al partido gobernante por el monumental escándalo de corrupción del fondo estatal de inversión 1MBD, del que desaparecieron 4.000 millones de euros y por el que el primer ministro Najib Razak fue condenado a doce años de cárcel en 2020.

Tras la victoria electoral, el rey de Malasia concedió el perdón a Anwar, quien se unió en el Gobierno a Mahathir con la promesa de que lo relevaría al cabo de dos años porque era ya nonagenario. Pero dicha coalición volvió a desintegrarse por varias deserciones políticas antes de que llegara la sucesión y Anwar se quedó de nuevo en la oposición en mayo de 2020.

Dos años y medio después, y tras una larga espera de un cuarto de siglo y dos reclusiones en prisión, cumple por fin su destino político y se convierte en primer ministro de Malasia.