Los haitianos reclaman la liberación de los religiosos secuestrados.

Piden un millón de dolares por cada misionero secuestrado en Haití

La banda haitiana que capturó el sábado a 17 religiosos estadounidenses pone precio a su liberación

MERCEDES GALLEGO Corresponsal en Nueva York.

Cualquier maleante de un país tercermundista sabe que no vale lo mismo la vida de un estadounidense que la de un vecino. En Haití, el país más pobre del hemisferio occidental, conocido como «la República de las ONG's», los extranjeros tienen un precio más alto, pero los bandidos que secuestraron el sábado en La Tremblay (Ganthier) a un grupo misionero de 16 estadounidenses y un canadiense pretenden hacer el gran botín: un millón de dólares por cabeza.

Se encuentran con un problema: la política del Departamento de Estado es no pagar jamás ningún rescate. El gobierno estadounidense sabe que, de hacerlo, pondría en peligro a todos sus ciudadanos, porque detrás vendrían otras bandas en busca de sus connacionales con los que hacer el agosto.

La demanda de la banda 400 Mawozo llegó, como es costumbre en Haití, entre 24 y 72 horas después del secuestro. A la prensa se la comunicó el propio ministro de Justicia haitiano Liszt Quitel, que dijo no tener claro si el precio es por cada uno de los once adultos –seis hombres y seis mujeres- o incluye también a los cinco niños de esos matrimonios que viajaban con el grupo, entre ellos un bebé de ocho meses. «Normalmente siempre empiezan por una cantidad alta que van negociando a la baja», aclaró. «Ya saben que no van a conseguir todo lo que piden».

Casos diferentes

En otros casos similares la cantidad final fue de diez o veinte mil dólares por cabeza. Paradójicamente, el hombre que negocia por parte de esta banda, responsable del 80% de los secuestros masivos que se produjeron en Haití en el último trimestre, es Joly «Yonyon» Germine, desde la cárcel.

Quitel insistió al 'Washington Post' en que «cada caso es diferente», pero no quiso dar más detalles «para no perjudicar las negociaciones», lo que sugiere que están ocurriendo. El grupo pertenecía a la organización Christian Aid Ministries con sede en Ohio, donde se mantiene la discreción sin perjuicio de los rezos masivos.

Igual de cauteloso resulta el gobierno estadounidense, aunque se sabe que ha puesto a un equipo del FBI a investigarlo. El FBI ya trabajaba activamente en Haití desde que el 7 de julio pasado fuera asesinado en su propia casa el presidente haitiano Jovenel Moïse, durante un aparatoso operativo de mercenarios colombianos dirigido por haitianos que dejó también malherida a la primera dama, sin que aún se conozca la identidad de los autores intelectuales del crimen de estado.

Prueba de que Haití es ya un país sin ley donde nadie está a salvo es que su sucesor interino, Ariel Henry, salió el domingo de su fortaleza con una corona de flores para rendir honores al líder de la independencia haitiana Jean-Jacques Dessalines, pero una banda armada emboscó a tiros su comitiva y tuvo que buscar refugio en unas instalaciones estatales cercanas. Incapaz de garantizar su seguridad en Puerto Príncipe, la policía prefirió escoltarle hasta la ciudad que lleva el nombre del héroe, a 134 kilómetros de la capital, para concluir la ceremonia.

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