Sergio Moro, en el colegio electoral al que acudió para depositar su voto. / Rodolfo Buhrer/reuters

El juez que encarceló al líder izquierdista llega al Senado

DIANA MARTÍNEZ

Los resultados de las elecciones legislativas del pasado domingo dejaron a Luiz Inácio Lula da Silva un sabor agridulce. Aunque se haya postulado como favorito (obtuvo el 48,43% de los votos frente al 43,2% de su principal rival, el presidente Jair Bolsonaro), será necesario llevar a cabo una segunda vuelta. Y su pasado le puede pasar factura. A partir de 2011, una sucesión de escándalos de corrupción deparó la muerte política del izquierdista durante al menos 580 días, el tiempo que permaneció entre rejas tras ser acusado de haber participado en una trama por la que se lucraron decenas de políticos y empresarios. Un recordatorio continuo de esa oscura etapa de su vida será Sergio Moro, el juez que encarceló al candidato del Partido de los Trabajadores (PT) y que en los comicios logró un escaño en el Senado.

De hecho, Moro, símbolo en tiempos de la lucha anticorrupción en el gigante sudamericano, quiso presentarse a las presidenciales, pero su partido, Unión Brasil, le instó a desistir. En esta ocasión, el exmagistrado se impuso con un 33,7% del sufragio por el Estado de Paraná. Quedó por delante de Paulo Martins, el candidato más próximo a Bolsonaro (29,1%), Alvaro Dias (23,9%) y Rosane Ferreira (8%).

'Operación Lava Jato'

'Su lucha contra la corrupción ha dado frutos, pues fue precisamente en Paraná donde el antigio magistrado juzgó en primera instancia las causas de la llamada 'operación Lava Jato', que en 2014 destapó la trama ilegal y metió en prisión a varios empresarios y políticos, entre ellos el propio Lula. No obstante, la Corte Suprema anuló posteriormente muchos de los casos por problemas de jurisdicción y declaró que Moro no fue «imparcial» en el proceso contra el líder izquierdista.

Moro dejó la judicatura en 2019 para convertirse en el titular de Justicia de Bolsonaro, que había ganado las elecciones un año antes. Renunció al cargo ministerial en 2020, tras acusar al jefe de Estado de interferir políticamente en la Policía Federal para favorecer sus intereses. Su siguiente paso fue lanzarse a la carrera presidencial, al calor de encuestas que le situaban incluso como el tercer favorito, con un 10% de intención de voto. Sin embargo, su formación descartó su nombre y hubo de conformarse con aspirar al Senado. Lo ha conseguido.