Rodolfo Hernández, tras votar en un colegio electoral de Bucaramanga.. / Reuters

El ingeniero millonario que «abofetea» a la corrupción colombiana

El exalcalde Rodolfo Hernández, apenas conocido y con una aparente escasa opción de éxito en las urnas, sorprende al pasar a la segunda vuelta

DIANA MARTÍNEZ

Los comicios de Colombia estuvieron marcados por la sorpresa. Los resultados del proceso electoral arrojaron un cambio con respecto a lo que reflejaban las encuestas de las últimas semanas. Ponían al izquierdista Gustavo Petro como favorito –así se dio finalmente– y por detrás a Federico 'Fico' Gutiérrez; nada más lejos de la realidad. Las urnas impulsaron hasta el segundo puesto a un «outsider» –tal y como admite él mismo–, lo que se conoce como un competidor desconocido y con pocas posibilidades de éxito. ¿Quién es ese personaje? Rodolfo Hernández, un ingeniero millonario de 77 años con una fuerte campaña en las redes sociales –se hace llamar el «rey de Tik¬Tok»– y sin un pelo en la lengua.

Sin que apenas nadie creyera en sus posibilidades de llegar a la Casa de Nariño, según los sondeos, su fuerte personalidad y la campaña populista del movimiento que él mismo creó (Liga de Gobernantes Anticorrupción) le otorgaron cerca de seis millones de votos (en torno al 28,15% del sufragio), desplazando a la derecha de 'Fico' y logrando así disputar el poder con la izquierda en una segunda vuelta.

Hernández nació en 1945 en el seno de una familia de clase obrera. Casado con Socorro Oliveros, tiene cuatro hijos: Rodolfo José, Mauricio, Luis Carlos y Juliana. Ella fue secuestrada en 2004 por la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional, que exigió dos millones de dólares a cambio de ser liberada. Su padre se negó a pagar ya que, pensaba, propiciaría continuar con los secuestros, y su hija lleva desaparecida desde entonces. Hernández inició una búsqueda sin éxito que cesó el año pasado, cuando dio por fallecida a su primogénita.

Fama en internet

El millonario hizo fortuna en los años setenta construyendo viviendas de interés social en su ciudad natal, Piedecuesta. A finales de 2015 fue alcalde de la vecina Bucaramanga, la capital del departamento de Santander, derrotando de esa forma a la clase política que llevaba gobernando la región durante tres décadas. Durante su mandato, que culminó en 2019, se dio a conocer en el resto del país por sus transmisiones semanales en Facebook en las que hablaba directamente con los ciudadanos.

Asesorado por el español Víctor López –llevó a Nayib Bukele a la Presidencia de El Salvador–, su discurso se ha basado en la lucha sin cuartel contra la corrupción, aunque sin apenas aportar medidas concretas al respecto. Aún así, su mensaje ha calado. ¿Cómo? Una de las maneras ha sido reiterando en su campaña que es ingeniero, con el fin de dar la imagen de que al ser rico no necesita robar de las arcas públicas. No obstante, está envuelto en un caso de corrupción que se remonta a sus años en la Alcaldía. La Fiscalía le acusa de favorecer a una empresa vinculada con su hijo Luis Carlos. El juicio se programó para después de las elecciones.

Este defensor de la lucha contra la burocracia y el excesivo gasto público se ha hecho popular en el país por su lenguaje sin tapujos, que le ha llevado a protagonizar varias polémicas. En una ocasión señaló que era «seguidor de un gran pensador alemán que se llama Adolfo Hitler», aunque después reculó alegando que se quería referir a Albert Einstein. Destacó también por sus peleas públicas con los concejales de Bucaramanga, a quienes tildó de «ladrones» y «corruptos». De hecho, llegó a abofetear al edil John Claro, quien acusó a su hijo Rodolfo José de estar involucrado en actos de corrupción. La agresión le apartó del cargo durante tres meses, aunque le ha valido como eslogan de su campaña, que invita a «darle una cachetada a la corrupción».