Postes eléctricos caídos tras el paso del huracán 'Fiona' por la localidad de Carolina, en Puerto Rico. / efe

El huracán 'Fiona' destroza las infraestructuras en Puerto Rico

Las fuertes lluvias provocan daños catastróficos en un país que comenzaba a recuperarse de los estragos causados por 'María' hace cinco años

MERCEDES GALLEGO Nueva York

Todo el que ha sufrido alguna pérdida traumática conoce el efecto desgarrador de los aniversarios. El domingo, dos días antes de cumplirse el quinto del huracán 'María', que en 2017 devastó Puerto Rico y causó la muerte de tres mil personas, la naturaleza mandó otro fenómeno atmosférico que se ha cebado con la memoria. «Basta ver las caras de la gente en las zonas más afectadas por 'María' cuando les ordenamos la evacuación», contó el jefe de la Guardia Nacional, José Juan Reyes.

A priori el huracán 'Fiona' parecía más manejable que el fantasma de 'María', al tratarse de un ciclón de categoría 1, pero llegó acompañado de lluvias torrenciales que en solo tres horas acumularon más agua de toda la que había visto junta la ciudad de Ponce en su historia. Pero no quedó ahí. El cielo siguió descargando todo el día y toda la noche como si fuera el diluvio universal. Y al amanecer, seguían las precipitaciones, sin visos de amainar.

«Esto no se ha acabado», advirtió en conferencia de prensa Ernesto Morales, jefe del Servicio Nacional de Meteorología. «Se esperan más lluvias afectando a la isla, por lo tanto esto es serio, señores, No parará al menos hasta el miércoles». Y encima, llovía sobre mojado, literalmente. «Nuestros suelos ya estaban saturados», lamentó el gobernador, Pedro Pierluisi, que se estrena en la tarea de desastres. «La tormenta está mucho mejor organizada de lo que anticipábamos», dijo, para perplejidad de muchos.

No era solo la tormenta. Cinco años después de 'María', «un evento histórico concentrado en la cuenca de la Plata», recordó Morales, Puerto Rico apenas levantaba cabeza. Las riadas se han llevado por delante todo lo que encontraron y han convirtieron los escombros en munición de las aguas para derribar la poca infraestructura reconstruida. Así es como el río tumbó el flamante puente de Utuado, pensado para durar 75 años, a pesar de ser considerado una estructura provisional. Las obras del permanente hubieran comenzado en 2024.

Antes de cayera la noche la infraestructura eléctrica cedió y dejó a oscuras a 1,3 millones de personas, casi la mitad de la población. Los equipos de emergencia ni siquiera podían sobrevolar la red para evaluar los daños. Para cuando el gobernador y su equipo actualizó los datos ayer por la mañana, solo el 30% de la población disponía de servicio eléctrico.

Lecciones del pasado

Para muchos, la situación era mucho más desastrosa que la que experimentaron con 'María', porque entonces los daños estuvieron más concentrados, «pero sirvió de lección para el equipo de respuesta», dijo el gobernador. De ello salió un reglamento que ha obligado a todos los hospitales a tener a punto los generadores. Las farmacias de guardia siguen funcionando e incluso despachan medicamento sin firma médica en los 128 refugios donde se apilaban miles de personas y cientos de mascotas, gracias a la Ley del Buen Samaritano, que se activó automáticamente «para que no haya ninguna renuencia en asistir al pueblo», alentó el gobernador. «El 90% de los pacientes tienen sus medicamentos, no necesitamos más», anunció ufano el secretario de salud, aunque ese dato deje fuera al 10% de los enfermos.

Hay también cuatro almacenes con siete millones de comida y cuatro millones de litros de agua, disponibles de inmediato al declararse la situación de desastre. Cinco años atrás la isla solo disponía de uno. El mismo que en octubre de 2017 visitó Donald Trump, a regañadientes, casi dos semanas después de que el huracán devastase la isla. Este lunes el gobernador decía haber recibido de inmediato en su móvil numerosos mensajes de los más altos cargos del Gobierno de Washington y algunos Estados como Nueva York y New Jersey. La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, despachó de inmediato un centenar de rescatistas de habla hispana para asistir a la ex colonia española que nunca ha sido totalmente asimilada por el imperio estadounidense tras la derrota de 1898.