Lula y Bolsonaro durante un debate televisivo en el que abundaron la desinformación, las mentiras y los insultos de todo calibre. / Sebastião Moreira / EFE

Lula y Bolsonaro, empate técnico en un clima electoral de creciente tensión

Un exdiputado aliado del actual presidente se entrega después de atacar a unos policías con granadas y disparos

IÑIGO FERNÁNDEZ DE LUCIO

Falta menos de una semana para que Brasil elija quién va a presidir el país. El domingo tendrá lugar la segunda vuelta y las encuestas arrojan un escenario insólito. Tal y como salieron de la primera ronda electoral, Luiz Inácio Lula da Silva –presidente entre 2003 y 2010 y líder del Partido de los Trabajadores– y Jair Bolsonaro –actual mandatario, del Partido Liberal– mantienen un empate técnico que no ha roto ni siquiera la intensa agenda de reuniones, mítines y entrevistas que los dos protagonizan desde la anterior vuelta.

La tensión crece a medida que se acerca la cita con las urnas. En lo estratégico los dos aspirantes se han quedado prácticamente sin opciones de buscar nuevos caladeros. Han agotado casi todos los tradicionales y acabado enredados estos días en un tira y afloja en torno a la comunidad evangélica, un colectivo de 65 millones de ciudadanos que suma un tercio de la población de Brasil.

Se trata de un grupo en auge, decantado hasta ahora por el conservadurismo cerrado y que en los pasados comicios dio la victoria a Bolsonaro. Sin embargo, Lula espera arrebatar parte de esta cuota con un programa que pronostica una mejora económica, lo que no gusta nada en la campaña del líder derechista, consciente de que la Presidencia se dirimirá seguramente en un puñado de votos.

Los dos candidatos centran también sus esfuerzos en atraer a los indecisos y abstencionistas, un 11% del electorado. Todo un tesoro en los estrechos márgenes con los que se manejan. Lula ganó la primera vuelta el pasado día 2 con un 48,4% de los sufragios frente al 43,2% de Bolsonaro, que obtuvo unos resultados mucho mejores que los que señalaban las encuestas. En teoría, el dirigente izquierdista parte como favorito: los sondeos le dan un 49% de papeletas por un 45% de su rival. Teniendo en cuenta el margen de error y el precedente de la primera vuelta, es un empate técnico.

Debates en televisión

En la recta final solo queda un debate televisivo por celebrarse. Lula rechazó la semana pasada participar en otro en el Estado de Minas Gerais con el argumento de que su objetivo es el contacto directo con la gente en la calle. También es cierto que la anterior confrontación televisada –previa a la primera vuelta en las urnas– se convirtió en un festival de descalificaciones entre los líderes del Partido de los Trabajadores y del Partido Liberal.

La agresividad ha presidido buena parte de la campaña. Bolsonaro aseguró este domingo que él y su familia son víctimas de un episodio continuado de «crimen de odio» por parte de algunos opositores y citó las pintadas y ataques contra la casa y el coche de su mujer. El presidente acudió a un debate televisivo que se transformó en una entrevista por una nueva negativa de Lula a participar.

En este clima, no pasa desapercibido un incidente en Comendador Levy Gasparian, a 140 kilómetros de Rio de Janeiro. El exdiputado Roberto Jefferson, aliado de Bolsonaro en el Congreso, lanzó una granada y disparó contra dos policías que iban a detenerle por saltarse un arresto domiciliario a causa de un caso de corrupción e insultar a una magistrada. Los funcionarios fueron trasladados al hospital y se encuentran bien. El agresor se entregó.

Bolsonaro se solidarizó con los policías y afirmó que el exdiputado merece un trato «de bandido». Lula recordó el vínculo del presidente con Jeferson y señaló que el incidente «refleja el resultado de lo que sucede en el Gobierno».