Un soldado francés juega con unos niños en un pueblo de Mali, antes de que la misión gala en el Sahel abandonase la región a principios de año. / THOMAS COEX / AFP

«En el Sahel se está creando el imperio del mal»

El militar, uno de los principales analistas de la región africana, advierte contra la escalada del yihadismo y el aumento de su «peligrosidad»

Óscar Beltrán de Otálora
ÓSCAR BELTRÁN DE OTÁLORA

La guerra de Ucrania ha retirado del foco a uno de los lugares más peligrosos del planeta y situado también a las puertas de Europa: el Sahel. Esta gigantesca franja de desierto que atraviesa África desde el Atlántico al Mar Rojo se está convirtiendo en una de las amenazas más inminentes para el Viejo Continente. Según el coronel del Ejército de Tierra Pedro Sánchez Herráez, que el jueves pasado pronunció una conferencia en La Sociedad Bilbaína y es un gran experto en la región, ese territorio es uno de los principales ejes del avance del terrorismo islamista.

– ¿Cuál es la situación actual del Sahel?

– El yihadismo se está acrecentando y cada vez es más peligroso. En términos vulgares podríamos decir que se está produciendo la tormenta perfecta. Hay que tener en cuenta que la creación de un califato, tal y como hizo el Estado Islámico en Siria, es una fuente de problemas. En unos Estados tan pobres, a muchas personas la disyuntiva que se les plantea es emigrar o unirse a este tipo de grupos. Son zonas, además, en las que se mueven masas de emigración ilegal controladas por el crimen organizado.

– Usted sostiene que esta situación tiene un fuerte componente histórico.

– Se trata de un territorio en el que, históricamente, ha existido un fuerte comercio desde tiempos remotos. Antes eran los esclavos y ahora son los emigrantes. Y desde allí llegaron los almohades y almoravides, que ocuparon partes de España en la Edad Media. En el presente nos encontramos con ese empuje del yihadismo y el despliegue de poderosos grupos de narcotraficantes. Los mayores laboratorios de drogas que se están construyendo actualmente en el mundo se encuentran en esa región. Allí se está creando un auténtico emporio del mal.

– Sin embargo, no figura en el eje de las preocupaciones políticas.

– En España hay varios 'think tanks' que llevan más de diez años explicando la evolución de esta zona y los peligros que implica. Es evidente que en Europa hay países como el nuestro, Francia o Italia que sí están preocupados por esta región, y también otros como Polonia o los nórdicos a los que les pilla más lejos y que además tienen otros problemas, como se ve ahora con la invasión de Ucrania. Y el dinero que se puede destinar a cada uno de los focos es el que es.

– Lo que resulta difícil de entender es que ni siquiera la derrota del Estado Islámico en Siria haya desgastado la capacidad de organización del yihadismo.

– El califato fue destruido por una coalición de países en la que, no nos olvidemos, Rusia fue un actor principal. Una vez que fueron eliminados los combatientes del Estado Islámico en Siria, la narrativa yihadista se refugió en la zona del Sahel. Entonces se produjo la retirada de Estados Unidos de Afganistán en 2021 y eso cambió todo. El mensaje que recibieron todos los yihadistas es que si resistimos, venceremos a los cruzados.

– ¿Los ecos de la salida de Estados Unidos de Afganistán siguen activos?

– El ideario que se puso en marcha en Kabul tiene ahora su epicentro en el Sahel. No solo hay grandes grupos yihadistas sino que cuentan con la financiación del crimen organizado. Y como decía Napoleón, para que algo funcione solo hacen falta tres cosas: dinero, dinero y dinero.

– Describe un panorama bastante oscuro. ¿Cómo debe Occidente plantar esa batalla?

– Se están haciendo muchos esfuerzos y desde la UE, por ejemplo, hay muchos acuerdos bilaterales para apoyar a unos países muy pobres y que carecen de las más mínimas infraestructuras. Pero también nos enfrentamos a unas situaciones muy complejas en las que, aunque haya cantidades importantes de dinero, existen particularidades locales que afectan a todo el conjunto de la ayuda. Hay un ejemplo bastante claro. Enviamos vacunas contra el coronavirus a unos países en los que no existe la cadena de frío suficiente para conservarlas. Y es complicado enfrentarse a la narrativa antioccidental sin la ayuda de los elementos locales.

Tráfico de armas

– Estos días se ha especulado con la posibilidad de que armas destinadas a la guerra de Ucrania acaben en el Sahel.

– Desde que desapareció la Libia de Gadafi, todos los arsenales de ese país se vendieron al mejor postor así que parece que no es muy necesario recurrir a otros actores. Están activos muchos focos de venta y comprar armas ligeras, que son las más peligrosas, es bastante fácil. Si hay más demanda de armamento, para pagarlo solo hace falta vender más drogas.

– Aunque este problema afecta a Europa, los países más cercanos son Argelia o Marruecos.

– Están tremendamente preocupados. Argelia es el país más grande de África y las fronteras son gigantescas, pero también son meras rayas en la arena. En el Magreb, esos países se sienten además amenazados por el yihadismo y, en especial, por esa tormenta que va creciendo. Hay que pensar que en determinados momentos es más fácil lograr la radicalización que la moderación.