Un ‘Quijote’ desacralizado y que habla con acento canario

26/03/2013

El escritor y profesor grancanario Victoriano Santana Sanjurjo lleva toda la vida hablando y escribiendo sobre la obra magna de la literatura española, pero se considera un «humilde misionero cervantófilo». Y para continuar su «misión» acaba de publicar El Quijote tuneado.

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Cervantes es un autor muy manoseado. Se cita muchísimo más de lo que se conoce», afirma Victoriano Santana. «La culpa de ello no sé muy bien a qué o a quiénes atribuírsela, pero sin duda no es del pueblo, pues siento que la novela cervantina ha sido arrancada del lugar que siempre le ha correspondido».

De hecho, continua, «El Quijote de 1605, el de la primera parte, fue más del pueblo que nunca: con unas tasas de analfabetismo superiores al 80% y un precio de cada ejemplar que excedía el sueldo de muchos plebeyos, fue ese pueblo el que logró que 10.000 copias se imprimiesen y llegasen a las manos de quienes lo leyeron en voz alta para que muchos lo conociesen y disfrutasen de las aventuras del hidalgo manchego y de su escudero». Después, añade, «llegaron los académicos, los intelectuales… y el texto fue sacralizado; o sea, reducido a un objeto de estudio y devoción por parte de unos pocos».

El escritor canario ha emprendido ahora con el texto cervantino el camino de vuelta, es decir, llevarlo de nuevo al pueblo. Aunque en este caso se trata del alumnado de secundaria pues es a ellos a quien en especial va dirigido El Quijote (1605) tuneado.

Con este libro, publicado por Mercurio, Santana ha querido «personalizar» el Quijote, «mostrar que la obra se puede tocar, cambiar, manipular, modificar, hacerla como uno la siente». De hecho, este Quijote tuneado «se ha elaborado pensando en el español de Canarias, pues me siento más cercano a un no huyan que a un no huyáis, como señalo en la adaptación», afirma el escritor. Aunque «nada me gustaría más», continúa,  «que los lectores acudiesen al texto original de Cervantes y que, una vez leído, lo reconstruyan con sus palabras y con su manera de entender que aquello les pertenece, que es de ellos».

Porque, en su opinión, «hay que mostrar a nuestros jóvenes cuáles son lo valores de la obra» pues, por su experiencia se ha dado cuenta de que «los discentes actuales forman parte de una generación que ha crecido al margen de la creación cervantina».