Trinidad: ¿horror o venganza?

ANTONIO F. DE LA GÁNDARA

La Justicia inicia este martes el juicio contra los dueños de la residencia de ancianos Trinidad, en Vegueta. El fiscal les acusa de 18 delitos contra la integridad moral por el trato a otros tantos internos y de dos abusos sexuales. Los imputados lo niegan todo y hablan de una venganza de los empleados.

El Juzgado de lo Penal número uno de la capital grancanaria tiene previsto iniciar mañana, martes, la vista oral del juicio que se sigue contra los dos hermanos propietarios de la hoy clausurada residencia de ancianos Trinidad de Vegueta, a los que acusa de 18 delitos contra la integridad moral en concurso ideal y de otros dos de abusos sexuales.

Los dos imputados, Jesús María y Álvaro C.D., niegan que el relato del fiscal se ajuste a la realidad de los hechos y alegan que se sientan en el banquillo por invenciones de ex empleados, difundidas para perjudicarles en un «contexto de conflictividad laboral».

El representante del Ministerio Público Pedro Gimeno interesa penas que oscilan entre cuatro años y medio y cinco de prisión para los dos hermanos. Entiende que la «asociación Jesús María del Bienestar y Salud de la Tercera Edad» que presidía Jesús María escondió durante al menos tres años entre 2009 y 2011, cuando dejó de gestionarla su mujer una siniestra institución en la que, por una cuota mensual de 1.095 euros, se daba de comer a los residentes auténtica bazofia, no se les lavaba, no se les permitía que fueran reconocidos por médicos y se les dejaba dormir sobre sus orines.

Nada de esto es cierto según los acusados, que a través del abogado Ángel Luis Calonge aseguran que la mayor parte de las imputaciones del Ministerio Público «están basadas en juicios subjetivos sin sustento probatorio alguno, salvo las declaraciones de varios de los trabajadores de la residencia hechas en un contexto de conflicto laboral. El relato de la Fiscalía sostiene que, al menos desde 2009, fecha en la que la mujer de Jesús María se apartó de la gestión del centro, «las condiciones de alimentación e higiénico sanitarias se fueron deteriorando hasta alcanzar cotas de infrahumanidad, situación ésta de la que eran plenamente conscientes ambos acusados. Jesús era el director y su hermano Álvaro el administrador.

Para la defensa, es «incierto» que la residencia estuviera en estado de abandono. Los hermanos aseveran a través de su director legal que no hay en las actuaciones indicios en este sentido, «al margen de la parcial declaración de quienes lo manifiestan». Calonge aporta un reportaje fotográfico del centro poco antes de su cierra para apoyar la afirmación.

El caso adquirió trascedencia nacional cuando la popular periodista Mercedes Milá, alertada por extrabajadores de la residencia, entró en el centro y grabó aparentes deficiencias en el trato a los ancianos para su programa Diario de.