Shirley MacLaine relata su odisea canaria en 'Wild Oats'

«Por desgracia su gente ha sido muy poco profesional, bordeando lo corrupto. Ustedes han sido muy injustos al cambiar continuamente sus decisiones. El equipo ha puesto dinero de su bolsillo porque sabía que había una agenda que cumplir. Aún no sabemos, ni siquiera, si hay dinero para hacer esta película, Wild Oats. Su avena (oat) ha sido sembrada de forma salvajemente (wildy) injusta», quien así habla es la veterana Shirley MacLaine en el arranque de su último libro Above the Line:  My Wild Oats Adventure (Al descubierto: mi aventura en Wild Oats) en el que narra el tormentoso rodaje de la película Wild Oats en Gran Canaria, entre junio y julio de 2014.

El libro, publicado en Estados Unidos el pasado marzo por la editorial  Simon & Schuster, describe el mundo del cine desde dentro y relata las tremendas dificultades a las que se tuvo que enfrentar el equipo dirigido por el realizador Andy Tennant.

El rodaje, en el que participaron Demi More, Billy Connolly y Jessica Lange, comenzó el 6 de junio en Gran Canaria y a mediados de mes tuvo que interrumpirse a la espera de que llegara más dinero. La falta de liquidez obligó a retrasar el pago de los salarios a los miembros del equipo, que tuvieron que renunciar a percibirlos en su integridad. Además, el contable y los ayudantes de dirección, entre otros, gastaron miles de dólares de su bolsillo para afrontar los gastos diarios. En esa tesitura, la decisión de la protagonista absoluta de la cinta de continuar o no en el proyecto era determinante. «Si te vas, me voy», le llegó a decir Jessica Lange.

La que fuera novia de King Kong tenía más idea que MacLaine de los problemas financieros que arrastraba la producción independiente. De hecho, Lange llegó a confesarle que ella había viajado a Gran Canaria con la única intención de pasar unos días agradables. «Incluso si no hay dinero y no hacemos la película, me han pagado el viaje para tomar mojitos en la playa», le dijo Lange, cuyas palabras la impresionaron.
La película -cuyo título Wild Oats significa literalmente avena salvaje y, en modo figurado, irse de picos pardos- trata de dos amigas que supuestamente ganan una fortuna y viajan para vivir una aventura.

Gran Canaria fue el lugar elegido para el rodaje por razones estrictamente económicas. El guión se modificó muchas  veces, según relata la actriz y escritora, incluida en la lista de autores más vendidos de The New York Times. La historia original iba a transcurrir en Texas, pero cuando otras ciudades y estados empezaron a ofrecer rebajas fiscales, la productora y los guionistas se centraron en ahorrar dinero en lugar de preservar el argumento. Por ello, el guión se reescribió  para ambientarlo en Pittsburgh, Las Vegas, Nueva York, Nueva Orleans, Puerto Rico y, finalmente, en las Islas Canarias, relata MacLaine.

Otro de los elementos decisivos de la película era la presencia del director de fotografía español José Luis Alcaine, un habitual en el equipo de Pedro Almodóvar.  «Muchas estrellas femeninas hubieran preferido rodar con él una semana que encontrar a un marido para toda la vida», subraya la actriz, que al verse tan favorecida en las tomas pensó que, cuando se estrenara la película, muchos le iban a preguntar qué cirujano plástico la había operado. 

Todos temían estar trabajando en balde y los problemas de comunicación entre el equipo americano y el español eran cada vez más evidentes. MacLaine califica las condiciones de trabajo como confusas e intolerables pero, así y todo, la actriz, al igual que los demás, renunció a la mitad de su salario. La moral del equipo español se vino abajo porque aún no había cobrado. Pero, así y todo, «el amor por el  mundo del espectáculo prevaleció», dice la autora, que solo deja constancia en su libro de la baja de un ayudante de dirección y de un ayudante de producción que discutió con un inversor.

La crónica de este desastroso rodaje llega a su punto álgido cuando un inversor, al que llama Dominick Hollins, condicionó una suma de 3.5 millones de dólares a la participación en la película de una joven actriz que se incorporó al equipo en los últimos días de trabajo en la Isla; la escultural Rebecca Da Costa (El encargo, Instinto maternal), con una carrera  más corta que sus piernas.

Con el equipo español amenazando con la huelga, no había más remedio que aceptar las condiciones del productor. Así que, en medio del rodaje, Tennat y  Ken Lonergan tuvieron que modificar el guión para añadir, con calzador, las líneas que garantizarían la continuidad del proyecto.

La escena en la que Da Costa se lucía se filmó en una bodega de Monte Lentiscal. Según MacLaine, se trataba de una larga parrafada pronunciada en un inglés incomprensible.

Fue justo en este punto del rodaje cuando intervino Santiago Segura, un «extraordinario ser humano», según la actriz. El actor, al que MacLaine apodó Compostela, no llegó a enterarse de los problemas económicos y de que su papel se acortó en favor de la guapa actriz brasileña.

A pesar de todo, y gracias al empeño de Tennant, la película siguió adelante milagrosamente. «Me sentí feliz por hacer algo por amor y no por dinero», dice la autora, que confiesa que jamás había vivido una experiencia similar en su larga carrera.