Historia y decadencia en San Martín

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO

Pleamar se reinventa como apuesta cultural dominical. Como símbolo de este nuevo camino les proponemos un recorrido por la parte sin rehabilitar y cerrada al público del antiguo Hospital de San Martín de la capital grancanaria. Enclave elegido por el Cabildo para que albergue el futuro Museo de Bellas Artes de la Isla.

Entre la nostalgia, la historia y por enclaves que parecen el decorado de una película de La noche más Freak del Festival de cine de la capital grancanaria transcurre un recorrido de casi dos horas por la parte sin rehabilitar del antiguo Hospital de San Martín. Histórico y enorme edificio de Vegueta, que tiene rehabilitado un 25% de su superficie en la que ya luce el Centro de Cultura Contemporánea desde el 2011. Ahora, todo el inmueble figura como sede del Museo de Bellas Artes entre los planes de futuro del Cabildo de Gran Canaria. El concurso de ideas para el mismo se puso en marcha el pasado 1 de diciembre.

Sobrecoge toparse con una antigua estancia hospitalaria que parece haber sido desalojada a toda velocidad. Fruto de una contienda bélica o de una de esas situaciones apocalípticas que tanto gustan a los guionistas de Hollywood. Pero San Martín echó el cierre en 1995, tras un largo camino iniciado en 1786, como explica Juan Bosch Millares en su libro Hospital de San Martín. Estudio histórico desde su fundación hasta nuestros días (editado por primera vez en 1940). En algunas salas de la primera planta aún se acumulan catres de hierro oxidado. A unos pasos, unas sillas de rueda que llevan sin clientes casi veinte años o más. En una dependencia anexa, antiguas camillas de ginecología, aparatos de rayos X, lámparas móviles de quirófano que, vistos hoy y en sus actuales condiciones de abandono, invitan más a la tortura medieval y de la CIA de George W. Bush que a sanar cuerpos enfermos.

San Martín es un edificio que creció a golpe de ampliaciones, añadidos y reformas arquitectónicas, a medida que pasaban los años y sumaba nuevas funciones.

Su tétrico estado no esconde esta realidad en sus distintas plantas y sótanos. Por ejemplo, de las letrinas del original se pasó a la instalación de baños por doquier, incluso en enclaves impensables, en rincones imposibles y entre las distintas entreplantas que los arquitectos se sacaban de la manga por exigencias del guion social y político de la época.

El recorrido que les sugerimos desde estas páginas no es completo. Amplias salas están apuntaladas. En otras, por seguridad, los técnicos del consistorio insular recomiendan no transitar ante el fundado riego de derrumbe.