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El sudor como precio de la victoria

El sudor como precio de la victoria

El primer paso del Herbalife Gran Canaria en la temporada tuvo una pisada firme. En un escenario tenso por el calor y la fatiga, la agrupación claretiana enseñó sus nuevos argumentos minada por una rotación sin dos de sus referentes en el juego interior, ante un Bilbao menos talentoso que su versión más reciente en la ACB.

Lunes, 20 de julio 2020, 06:50

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La tórrida atmósfera del CID influenció la dinámica de un partido hosco que concluyó con 46 faltas personales, 22 en el bando local, 24 en el visitante. El Herbalife Gran Canaria, sin Eulis Báez ni Xavi Rey, fue dominante durante el primer acto, que finalizó con una ventaja de nueve puntos. Pero tras el descanso fue engullido por sí mismo, por una versión de mano débil, que permitió a Bilbao amagar con la remontada en el último parcial del encuentro.

Ryan Toolson respondió en la primera jugada. Certero, el escolta de Arizona se elevó sobre sus punteras para anotar desde el exterior en la ofensiva inaugural del encuentro. En el Centro Insular se apreció pronto ese encanto mayestático, esa excitación que predice un gran partido. Contaba la jornada con todos los elementos para ser un día grande, pero el Gescrap no quería conceder el premio tan temprano. A pesar de que las dos faltas de en minuto y medio de Raül López dejaron al mando más minutos de lo previsto a Zisis.

Kostas Vasileiadis (14 puntos) fue el sostén de su equipo. El contestó primero a Toolson, y se erigió pronto en el gran protagonista de la defensa del orgullo vizcaíno. Con el Herbalife Gran Canaria ganando la partida en la pintura, donde solo Hamilton mantenía el nivel, Pedro Martínez gestionaba sus recursos para cimentar la primera meta del partido en ventaja (19-16). El grupo claretiano usó 10 jugadores en ese segmento, incluidos Samuel Domínguez y Roberto Guerra. Todos menos Óscar Alvarado, relegado a un nivel terciario en la dirección de juego, que recayó en el primer quinteto en Jon Scheyer.

El Gran Canaria más limpio y ordenado se vio en el segundo cuarto. La canasta inicial de Hamilton no era más que la espoleta que necesitaba el equipo insular para propulsarse hasta sus máximas rentas. Más comprometido en defensa, Óscar Alvarado se coló cuatro minutos entre Scheyer y Bellas y, con viento de cola, le dio más velocidad al ataque claretiano.

Si Alvarado dirigía dinámico, Nelson, omnipresente, tomaba el mando. Toolson bajaba su productividad, mientras el cuatro de Pocatello anotaba, asistía y reboteaba. Una actuación desplegada ante Rakovic o Moerman, incapaces de detenerle. Ni siquiera el tiempo muerto de Katsikaris a 4’56 (26-18 tras triple de Toolson) sirvió para diluir la mezcla local. Nelson era el hombre más certero en el acierto. Al Gran Canaria se le supone un potencial exterior infinitamente mayor que el de la pasada temporada, pero se gastaba en balones al hierro desde fuera (3 de 10 en la primera parte; 1 de seis en la segunda). Eso no fue impedimento para desplegar su mayor renta, marcando en dos ocasiones su máxima ventaja en 12 puntos (30-18 a 4’06 y 38-26 a 50 segundos). Con ello se llegó al descanso con 9 de renta (38-29).

Gescrap Bizkaia recibió en el intermedio la receta para recuperar el tempo adecuado sobre la cancha del CID. Llevado el encuentro al cuerpo a cuerpo por los de negro, en el intercambio de tiros, Bilbao estuvo más acertado. Éste, el tercero, fue el único parcial que se llevo Bizkaia (12-17), con Zisis ordenando el despliegue ofensivo, y con un Álex Mumbrú referencial sobre la cancha (50-46).

CLAVE EN LA PINTURA. El Herbalife Gran Canaria pagaba el esfuerzo. Repartido para ese entonces el global de los minutos entre siete jugadores (Prestes, Alvarado, Guerra y Domínguez jugaron menos de cinco minutos), Bilbao fue creciendo en consistencia y en confianza. López coló un pase entre dos defensores que Hamilton recogió y machacó contra el aro local (52-53). Era la primera ventaja vasca desde un 7-8 en el primer cuarto.

Con ese contexto de frente, el CID recurrió a una historia mil veces escrita. La grada espoleó, surgiendo inmensa entre sudores y abanicos, eso llevó al Gran Canaria a duplicar su garra en la pista. Vamos, lo de siempre. Pero también amaneció el mejor Slokar. Al choque siempre en defensa, se mostró más certero en el poste rival. Dos canastas suyas cuando el partido se agotaba apagaron la rebelión vizcaína Una victoria sudada (65-59).

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