El roscón es ya el cuarto rey mago

IBÓN S. ROSALES

El roscón de Reyes regresa para no volver hasta las próximas navidades. Así que hay que aprovechar. En solo tres días, los artesanos de la Dulcería Colomar, en la capital grancanaria, se encargan de cocinar alrededor de 2.500 roscones. Entre regalos bajo el árbol o encima de los sillones y para desayunar, de postre o para merendar, el roscón será el bocado de miles de canarios mañana, aunque alguno seguro se adelanta y lo toma hoy también. «Todas las familias tienen su roscón, con su haba y su rey. Al que le toca el rey es coronado y al que le toca el haba tiene que pagar el roscón. Es una tradición», explica Bernardo Colomar, propietario de la pastelería y pastelero junto a sus otros dos hermanos, Francisco y Arnaldo. La historia de su pastelería se remonta a los años 40, cuando sus abuelos partieron de Mallorca en busca de una vida mejor a Venezuela y, durante la escala en Gran Canaria, decidieron quedarse a mitad de camino. «Empezaron con la ensaimada mallorquina y mira, 70 años llevamos ya aquí», relata. La materia prima del roscón de Reyes, con lo que se elabora la masa, podría estar en cualquier casa: leche, huevo, agua, azúcar, aromas y harina. «Hacemos la masa, terminamos unas cuantas bolas, se le da forma y luego vamos echando la fruta», describe mientras el equipo de ocho pasteleros está con las manos en la masa entre harina y trozos de deliciosa fruta escarchada. Lo que no se ve son los regalitos, el bueno y el malo, envueltos en papel de plata. «Van integrados en la masa» y deben estar bien escondidos. Si por algo destacan estos dulces tradicionales de la pastelería Colomar es porque no se rellenan hasta el último momento. «El cliente pide el sabor que quiera y se le rellena sobre la marcha con crema, turrón, nata, trufa, cabello o de lo que quiera», describe el propietario. «Si lo quiere de cinco sabores pues de los cinco sabores se le rellena», asegura. Hay cuatro tamaños y el precio es por peso. Los hay pequeños, medianos, XL y XXL -de este último podrían comer más de 20 personas-. El kilo de este manjar cuesta 14,50 euros. «Lo nuestro es endulzar a la población, darles alegría en su noche de Reyes», aseguran. Los cruasanes y las ensaimadas de esta pastelería se han hecho famosos con el paso del tiempo pero aseguran que «todo lo que hacen lo venden» sin darle mayor presencia a un producto que a otro. ¿Cuál es su secreto? «La artesanía, las manos y el amor que elaboran y, claro, la materia prima de calidad», responden. Es en la pastelería de León y Castillo donde los artesanos crean y hornean para vender también en Menéndez Pelayo. Desde hace varios días trabajan muy duro, hasta altas horas de la noche, así que esta no es su época preferida pero «la felicidad de la gente», dice el pastelero José Ángel González, es lo que compensa.