'SIEMPRE ALICE', EN ENERO EN EL TEATRO CUYÁS

El café que está y no está

Quiere más café. Sabe que lo quiere. Lo tiene delante y su hija puede servírselo en su taza en un segundo. Pero su cerebro no lo procesa. Ni siquiera, logra generar la palabra café para que salga de sus labios, aunque se trate de un producto habitual en el día a día de Alice. Así actúa, como muchos ya se imaginan, el Alzheimer, la enfermedad que parece esta profesora de psicología en la Universidad de Harvad.

Se trata de un mal común del que, en mayor o menor medida, toda la población tiene conocimiento. Familiares, amigos, conocidos... esta enfermedad no discrimina y se ha convertido en un invitado al que nadie ha llamado, pero que se ha acomodado en la vida de buena parte de la población. Aunque el caso de Alice es muy extremo. Porque esta mujer, aficionada a correr para despejar la mente, tiene solo 50 años. Su Alzheimer es precoz y genético, lo que significa que sus dos hijas, en un futuro, es muy probable que sigan su terrible realidad.

Este es el panorama que presenta Siempre Alice, el nuevo montaje de Drama Producciones que desembarcará en el teatro Cuyás en plena cuesta de enero. En concreto, se representará los días 20 y 21 de enero, a partir de las 20.30 horas.

Desde hace cuatro semanas, el equipo que dirige el actor y director Víctor Formoso ensaya este montaje, que será un estreno absoluto en Europa. Uno de los salones del edificio lateral del palacete Rodríguez Quegles es el lugar en el que Formoso y su equipo pulen y perfeccionan este ambicioso montaje.

«Es una obra original, a partir de la novela de Lisa Genova y de la adaptación escénica de Christine Dunford. Queremos estar a la altura de las compañías que vienen de fuera al teatro Cuyás. Por eso estamos cuidando todos los detalles y llevamos tanto tiempo con los ensayos», apunta el director.

Siempre Alice tiene los cinco sentidos pendientes del estreno del Cuyás. Pero sus responsables son conscientes de que lo que se traen entre manos tiene miga y calidad más que suficiente para recorrer las Islas, saltar a la Península y al extranjero. «Aún no tenemos cerrada la gira, pero esperamos que sea muy amplia. Tenemos contactos con un distribuidor muy importante para concretarla», desvela con cautela el actor y director grancanario.

La obra es puro texto. El peso del montaje recae sobre su quinteto de intérpretes, que están acompañados por una escenografía austera pero efectiva de Carlos Santos y del trabajo de iluminación y las proyecciones de Pedro Chamizo.

Alice sale a correr y se desorienta. Así arranca este montaje en el que la actriz grancanaria Mari Carmen Sánchez encarna a esta profesora norteamericana de psicología. «Desde el principio, me pareció un proyecto apasionante. Camina sobre una línea muy delgada, entre el melodrama y una pieza que refleja cómo es la enfermedad y cómo es capaz de devastar a una familia entera. Además, me parece muy interesante que se trate de personajes con una formación académica importante. Porque así queda de manifiesto, por si alguien lo dudaba, que estas cosas le pueden pasar a cualquiera. Da igual la condición social, la inteligencia, la formación y el lugar del mundo en el que vivamos», apunta la protagonista de este montaje.

Esta habitual de los escenarios isleños, que alcanzó una gran popularidad nacional por su papel en la exitosa adaptación a la pequeña pantalla de El tiempo entre costuras, asegura que ha construido en buena medida este complejo personaje desde el sentimiento de culpa que experimenta la propia Alice. «Lo he trabajado mucho desde este punto de vista porque Alice es consciente de que su mal es genético, lo que sentencia a sus dos hijas», apunta con rotundidad.

Alice es un personaje tan atractivo como complejo. Pasa del drama a la normalidad e incluso a la risa con rapidez, lo que supone una constante en este montaje. «Se parte de una fiesta para que después estalle el drama. Cuando no hay drama, nos agarramos a la parte alegre para que el espectador respire», comenta Víctor Formoso.

«Lo más difícil para mí es el momento en el que está totalmente ida y... vuelve. Retoma la normalidad como si nada hubiese pasado. Siempre es ella, aunque parezca que no es ella realmente, porque la enfermedad así lo quiere», explica con pesar.

Luifer Rodríguez, que da vida a John, el marido de la protagonista, destaca que esta pieza escénica da visibilidad a una realidad mucho más extendida de lo que parece. «Es un problema que se vive en soledad. Cada uno lo padece en su casa. Sacarlo a la luz, como hace esta obra, es como sacarlo del armario. Por ejemplo, te puedo decir que mi padre tiene Alzheimer. Lo hablas con la gente y descubres que, quien no lo tiene en casa, conoce a muchas personas que lo han sufrido o lo sufren», destaca el actor grancanario.

Añade que Siempre Alice tiene la virtud de fijar su mirada no solo en el enfermo, sino en su entorno más cercano. «Muestra cómo la enfermedad es capaz de destruir a toda una familia. Cada miembro tiene su vida y cada uno es egoísta en sus planteamientos. Una hija quiere ser madre, la otra quiere ser actriz... mi personaje aspira a investigar en un prestigioso laboratorio. De repente llega este problema, lo asumes y cuando pasa un poco el drama inicial, ves que tienes que convivir a diario con éste. Se genera una cierta culpabilidad que es difícil de superar», explica.

Blanca Rodríguez, que encarna a la doctora Davis, desvela otro aspecto que queda muy claro durante el desarrollo de este montaje, cuyas escenas transcurren durante un periodo de tres años en la vida de los protagonistas. «La ciencia no tiene remedio para esta enfermedad. En un momento de la obra, se le plantean varios tratamientos experimentales, pero ninguno es seguro. Por desgracia, en estos momentos no se conoce la solución», lamenta.

Nati Vera y Marta Viera encarnan a Lydia y Anna, las dos hijas de la protagonista. La primera se forma lejos de casa para ser actriz y la segunda lleva una vida acomodada y está ilusionada con ser madre.

Nati Vera destaca del proceso de gestación de Siempre Alice cómo durante los ensayos se han trabajado las escenas que no están escritas. «Ha sido muy interesante cómo hemos abordado la forma en la que llegan los personajes a las escenas. Llegas con un recorrido hecho y así todo es mucho más natural», apunta con el apoyo de Marta Viera, que aún saborea las mieles de su exitoso Me llamo Suleimán.