Con la leche en la cabeza

02/04/2007

Eran tiempo de penurias. Ordeñaban las cabras antes de despuntar el día y después se echaban a la cabeza cántaras de leche de hasta 50 kilos. Con un jacho de tea salían al camino y se dirigían a la capital para vender el sustento. Breña Alta rindió homenaje a 15 mujeres lecheras.

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Muchas veces perdieron el equilibrio y las cántaras cayeron al suelo en algún lugar del serpenteante camino que discurre entre los municipios de Breña Alta y Santa Cruz de La Palma. Sólo el ímpetu de la juventud y las penurias económicas daban fuerzas para levantarse e iniciar el regreso con los cacharros vacíos y lágrimas en los ojos. Las inclemencias meteorológicas de los duros días de invierno hacían aún más penoso el trabajo.
El Ayuntamiento de Breña Alta rindió en días pasados un homenaje a 15 mujeres del municipio que en su juventud -y algunas en su niñez- realizaron el oficio de lecheras. Una escultura de Medín Martín recuerda a una generación de féminas que se dejó la piel para contribuir a la maltrecha economía familiar. Hoy están ya jubiladas y disfrutan de la sociedad del bienestar.
Las lecheras de Breña Alta iniciaban la jornada laboral al amanecer. Salían de sus casas con una cesta de varas de follao (nombre común de un arbusto) en la cabeza donde portaban cántaras de hasta 50 kilos. Para transportar la carga de forma más cómoda colocaban, entre la cabeza y el cesto, la rodilla, un paño enrollado en forma circular. Así, recorrían unos 10 kilómetros hasta llegar a la capital, donde cada lechera tenía sus clientes fijos, a los que denominaban feligreses.

Descanso. Las lecheras se encontraban en La Cuesta para iniciar juntas la bajada a la ciudad. El tránsito en el camino, a esas horas de la mañana, era intenso. A lo largo del trayecto se habían establecido varios descansaderos en los que las esforzadas féminas se liberaban de la carga por algunos minutos y cogían resuello para proseguir la marcha. Las que partían antes de despuntar el día, llevaban un jacho de tea para alumbrarse. En la entrada de la capital, se encontraba el puesto de control de la leche. Allí, un funcionario verificaba la calidad del producto y comprobaba que «no había sido rebajado con agua». Este fraude era penado con una multa a la lechera y el vaciado de las cántaras. Una vez en la ciudad, estas féminas debían recorrer varios kilómetros para llevar la leche a la casa de cada feligrés. El jarro costaba 15 céntimos y los pagos se hacían mensualmente.
Las lecheras homenajeadas en Breña Alta son Marina Álvarez, Carmen de la Cruz, Francisca de la Cruz, Petronila Felipe, Florentina Felipe, Nieves Gutiérrez, Loreto Gutiérrez, Engracia Hernández, Dignora Hernández, Sabina Hernández, Ana Rosa Hernández, Pilar Pérez, Susana Rodríguez, Herminia Rodríguez y Amparo Rodríguez.