Adiós al último revolucionario

"Canarias y Cuba laten con el mismo corazón"

06/12/2016

 Alberto Rodríguez nació con la Revolución Cubana, en el año 1959. Lleva el cuño de Fidel Castro, «como todos los cubanos». Y hoy siente su pérdida. «Estamos huérfanos», asegura apostado en la popular Café TV, local emblemático en los bajos del imponente Focsa, construcción identitaria de La Habana. «Nos lo dio todo y vernos sin él nos ha descolocado. Poco a poco lo iremos superando, aunque todavía se hace muy difícil habituarse a que ya no volveremos a verlo», añade con evidente nostalgia.

Aunque es hombre de mundo, pues ha viajado de manera generosa, se declara defensor y admirador del comandante. Lo considera «como un padre». Reconoce que ha llorado. «Fidel para Cuba era como su bandera...», apunta con voz entrecortada.

La vida le hizo casarse con una canaria en el año 2000 y, desde hace catorce, mantiene residencia en Las Palmas de Gran Canaria. Allí, en El Cardón, vive su hijo Ahmed con su esposa Yoya y sus nietos Alberto Adonys y Yaiza.

Tiene el corazón partido entre los dos lados del Atlántico. En su día regentó un negocio de productos religiosos en Vegueta. Hoy, por su condición de babalawo, sacerdote religioso, («soy el más veterano que ejerce en Canarias»),  mantiene una amplia colonia de ahijados repartidos entre las siete islas del Archipiélago.

«Antes pasaba largas temporadas allí. Ahora voy una vez al año. No voy a perder de ninguna manera el vínculo con una tierra que considero, como Cuba, mi casa. Mi abuelo paterno era grancanario y mantengo a parte de mi familia en una ciudad que me encanta y con la que me identifico plenamente. Canarias y Cuba laten con el mismo corazón por todo lo que compartimos. Historia, tradiciones, gastronomía, habla, costumbres...», admite.

«Hemos perdido el vuelo directo que nos unía sin escalas, sin tener que pasar por Madrid. Pero, en cambio, salimos ganando con las mejoras en las tramitaciones. Se ha flexibilizado todo. Es más fácil ahora para un cubano ir a Canarias, hemos salido ganando en ese sentido», expone.

Albertico, como se le conoce en su amplio círculo social, ha focalizado ahora su labor de empresario en Cuba. Ha comprado una finca, se desplaza con frecuencia a Panamá para adquirir todo tipo de mercancías y tiene proyectos para poder beneficiarse de las oportunidades que ahora germinan en Cuba.

«Conozco a muchos canarios que van a invertir aquí. Y creo que aciertan plenamente. Un canario siempre es bien recibido en Cuba y el pueblo cubano es agradecido con la gente que viene para construir, para impulsar nuestra economía», agrega.

Volverá en el año 2017 a Gran Canaria. Hasta entonces le puede una nostalgia («no hay día en que no me acuerde de mi gente y de mis amigos canarios») que aminora a golpe de teléfono. «Ahora, con el Internet, hasta podemos hablar viéndonos...», finaliza señalando su teléfono móvil.