El hasta ahora fiscal general William Barr / EFE

Trump despide a su fiscal general al confirmarse la victoria de Biden

El nuevo presidente electo defiende los resultados de unas elecciones «honestas, libres y justas»

MERCEDES GALLEGO Nueva York

William Barr ha sido uno de los más fieles miembros del gabinete de Trump. Incluso cuando Robert Mueller le puso en frente el informe sobre la trama rusa que sirvió para su impeachment, el fiscal general eligió leerlo de forma que exonerara al presidente, consciente de que los primeros titulares se imprimirían en el subconsciente colectivo. Con todo, hay límites. Uno tras otro los tribunales han desestimado la ristra de demandas que la campaña de Trump ha interpuesto por todo el país. ¿Cómo podía llevarles la contraria el titular del Departamento de Justicia?

Trump confiaba en él para evitarle la derrota. Ayer, tan pronto se ratificó que Joe Biden es el nuevo presidente electo, le llamó a su despacho. Al salir, Barr había decidido que quería pasar más tiempo con su familia de cara a las Navidades, anunció el mandatario por Twitter.

La red social en la que tiene casi 89 millones de seguidores ha sido el canal favorito de Trump para los despidos desde que cambió las pantallas de NBC por la Casa Blanca. El «You are fired!» (¡Estás despedido!) con que batió récords de audiencia en «El Aprendiz» sigue trastornando la vida política de EEUU, a poco más de un mes de que se acabe la primera temporada de este reality show. Trump piensa volver a la política en cuanto lance su próxima campaña presidencial, para la que ha recaudado más de doscientos millones de dólares, por lo que no tiene sentido dejar de entretener a la audiencia, aunque se acerque el final de su primer mandato. Barr le humilló frente a sus bases al decir que no ha visto ninguna prueba de fraude electoral capaz de cambiar el resultado de los comicios y tenía que pagar por ello, o de lo contrario las acusaciones perderían credibilidad.

«Nuestra relación ha sido muy buena, ha hecho un gran trabajo», le concedió el presidente. «Según su carta dejará el cargo antes de Navidad para pasar las fiestas con su familia». Prueba de que la relación ha sido buena es que le ha dado la oportunidad de salvar la cara, en lugar de enterarse de su despido por Twitter, como tantos otros miembros de su gobierno. A cambio Barr ha encabezado la carta de dimisión con una mención a «las acusaciones de fraude», que dice haber revisado y que «continuarán investigándose» por parte de todas las agencias de gobierno «para asegurar la integridad de las elecciones».

Por el contrario, en su primer discurso como presidente electo Biden agradeció a los «patriotas estadounidenses» del Colegio Electoral, algunos de los cuáles han tenido que votar desde ubicaciones ocultas ante las amenazas que sufrían, la valentía de haber defendido el resultado de unas elecciones que fueron «honestas, justas y libres».

Durante más de un mes ha guardado silencio para dejar hablar a la justicia y al proceso democrático, pero una vez que se han pronunciado más de 80 jueces y los 538 representantes del Colegio Electoral, era hora de alzar la voz. Biden aprovechó la oportunidad de su ratificación como presidente para atacar los esfuerzos de Trump contra los resultados y destacar que «hasta su propio jefe de ciberseguridad dijo que habían sido las elecciones más seguras en la historia de EEUU».

Le falló la voz a la hora de prometer que será «el presidente de todo EEUU» y «bajara la temperatura» del discurso político, pero el incómodo carraspeo no impidió que pusiera el énfasis en la «transición pacífica» que debe producirse el 20 de enero. Con las milicias de ultraderecha planeando atentados y los supremacistas blancos enfrentándose en las calles de Washington, nadie las tiene todas consigo al oír su deseo de que «la democracia prevalezca» sobre «esta oscura luz» que ha enturbiado el 2020.