Trump durante la firma del acuerdo que reunió a Israel, Emiratos y Baréin, un logro que no está previsto modificar. / dpa

El relevo en la Casa Blanca reactiva el pacto con Irán

La vuelta de EE UU al compromiso nuclear firmado por Obama en 2015 es uno de cambios más esperados en una 'zona caliente'

MIKEL AYESTARAN Jerusalén

«A rey muerto, rey puesto». El refrán se cumplió una vez más y, aunque con muchas de horas de retraso respecto a otros líderes mundiales, los dirigentes israelíes felicitaron a Joe Biden. «El líder del mundo libre es el aliado más importante de Israel», dijo el presidente, Reuven Rivlin . «Tenemos una larga y cálida amistad (.) Estoy seguro de que seguiremos trabajando juntos para fortalecer la especial alianza entre Israel y Estados Unidos», declaró el primer ministro y amigo íntimo de Donald Trump, Benyamin Netanyahu. Tras cuatro años en los que la agenda estadounidense en la región la ha marcado el Estado hebreo, el relevo en la Casa Blanca traerá algunos cambios, pero en esencia, la seguridad de Israel seguirá siendo prioritaria.

Uno de los cambios que se esperan, y el más sensible, es la vuelta a la negociación con Irán para recuperar el acuerdo nuclear que Barack Obama firmó en 2015 y del que Trump se retiró de forma unilateral tres años después. Biden era vicepresidente en el momento de la firma y cuando el líder republicano decidió retirarse y volver a imponer castigos a la república islámica lo calificó de «error peligroso». Para el analista militar israelí Alex Fishman, la vuelta al acuerdo «está fuera de duda y es solo cuestión de saber cuándo sucederá». Fishman detalló en un artículo en Ynet que «la estrategia consiste en dos fases y dos canales diferentes. Los primeros movimientos sucederán entre la toma de poder de Biden y las elecciones de Irán de junio».

El exembajador de Estados Unidos en Tel Aviv entre 2001 y 2005, Daniel Kurtzer, habló en la misma dirección en la Radio del Ejército y aseguró que « primero se informará a Israel, pero luego se pondrá en marcha la negociación para intentar frenar de nuevo el programa atómico y el enriquecimiento de uranio». El diplomático recordó que «durante el tiempo que estuvo en vigor, este pacto fue efectivo y el programa iraní se frenó, pero tras la retirada de Trump del mismo vuelve a estar activo».

Este cambio de estrategia en Washington, sin embargo, despierta el enfado de los sectores más ultraconservadores en el Estado hebreo y el ministro de Asentamientos, Tzachi Hanegbi, alertó de que la vuelta a la negociación «traerá una confrontación violenta entre Israel e Irán».

«El peor acuerdo posible»

El acuerdo nuclear firmado entre Irán y el grupo del 5+1, formado por Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Italia y Alemania, fue un momento histórico que rebajó la tensión entre Washington y Teherán después de décadas de enfrentamiento. Los iraníes se comprometieron a limitar su programa atómico a cambio del levantamiento de las sanciones. Trump, sin embargo, lo vio como «el peor acuerdo posible» y no dudó en retirarse de él pese a que los iraníes cumplían todo lo pactado, según los informes de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).

Frente a la política de «presión máxima» impuesta por el líder republicano, T eherán ha respondido con esta estrategia de alejamiento reversible cuyo primer paso fue incrementar las reservas de uranio enriquecido por encima del máximo de 300 kilogramos establecido; después, excedieron el umbral del 3,67% en la pureza de sus reservas de uranio hasta llegar al 4,5%, y más tarde pusieron en marcha 40 centrifugadoras de cuarta y sexta generación. Se trata de pasos que definen como «reversibles» ya que estarían dispuestos a dar marcha atrás en el momento en el Estados Unidos levante los castigos impuestos de forma unilateral y se acoja a los términos del texto de 2015.

El presidente iraní, Hasan Rohani, pidió al nuevo presidente estadounidense que «compense los errores pasados» y vuelva al pacto. El clérigo moderado, acompañado de su ministro de Exteriores, Javad Zarif, fue el valedor de la negociación con «el Gran Satán», pero las cosas se torcieron tras la llegada de Trump y el país está ahogado por unas sanciones que le impiden vender petróleo.