ilustración: Mikel casal

El 'efecto Illa' da sus frutos

El exministro de Sanidad nunca imaginó que volvería a Cataluña para encabezar la candidatura del PSC aupado por la gestión de la crisis sanitaria

MELCHOR SÁIZ-PARDO

Salvador Illa llegó en el último momento. Fue un golpe de efecto del propio Pedro Sánchez que buscaba un revulsivo para impulsar a un PSC que parecía estancado en las encuestas y en las instituciones bajo el liderazgo de Miquel Iceta. La apuesta era arriesgada porque todo el currículum político de Illa, al menos el conocido por la inmensa mayoría de la ciudadanía, estaba íntimamente relacionado con la gestión de la pandemia.

El político que ayer ganó las elecciones nunca podría haber pensado que cuando dejó la política catalana para entrar en el Gobierno iba a volver a su comunidad para encabezar la candidatura de los socialistas. Y es que Illa, a priori, era cualquier cosa menos carismático. En Sanidad, quienes menos le apreciaban, le apodaban 'el triste' e insistían en que nunca se le había visto esbozar una sonrisa. Pero los que más le llegaron a conocer en el ministerio le llamaban 'el hombre tranquilo' y decían que, incluso, bromeaba. Los que le apoyaban en Sanidad le agradecieron sobre todo su «lealtad» por haberse arrogado el papel de «coraza» para que la avalancha de críticas en esta crisis -«la más grave de los últimos cien años», como a él le gustaba recordar de cuando en cuando- no haya llegado a los funcionarios o se haya expandido como un virus desbocado entre los responsables sanitarios.

Elecciones Catalanas 2021

Sea como fuere, Salvador Illa nunca pudo ni siquiera imaginar hace poco más de un año todo lo que le ha ocurrido. Él entró en el Gobierno para engrasar las relaciones con las fuerzas independentistas de Cataluña. Su destacado papel en las negociaciones con Esquerra Republicana para que posibilitara la investidura de Sánchez le abrió la puerta del Ministerio de Sanidad. Una cartera maría para que pudiera dedicarse a restañar las heridas con los de Oriol Junqueras y encauzar el conflicto catalán. Pero llegó la pandemia y cambió todo.

Solo habían pasado 18 días desde que el político del PSC llegara a Madrid cuando estalló la crisis sanitaria con el primer caso de covid declarado en España. Tuvo que reinventar sobre la marcha un ministerio 'florero' que hasta Podemos rechazó por considerar «vacío» de contenido y con poca visibilidad, tal y como le llegó a recriminar en varias ocasiones Pablo Iglesias a Pedro Sánchez en las negociaciones del Gobierno de coalición.

El candidato a la presidencia de la Generalitat por el PSC, Salvador Illa, celebra los resultados electorales hoy domingo en la sede del Partido Socialista en Barcelona / EFE

Con el estado de alarma del 14 de marzo que le daba un mando único, Illa, un filósofo con la única experiencia profesional de su paso por la política catalana y que apenas conocía a Sánchez, se convirtió 'de facto' en la segunda autoridad con más poder del país. En ese momento, aunque ni él lo sabía, comenzó su carrera a liderar la candidatura del PSC.

Aquel ministro que había sido llamado al Gobierno para 'aburrirse' escuchando debates de poco calado con las autonomías en un Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud venido a menos, de la noche a la mañana decía quién tenía derecho a salir a la calle, cuánto tiempo e, incluso, dónde. Su poder pasó a ser omnímodo. Cara seria, mirada triste tras sus gafas de pasta, y tono monocorde fueron los rasgos de su imagen en los nueve meses largos de gestión de la crisis. De ser un desconocido pasó a ser uno más en el sofá a la hora de los informativos. Esa omnipresencia le llevó a ser denostado por la derecha, que ha ridiculizado su titulación de filósofo, y a recibir los halagos de la izquierda.

Trampolín

A pesar de su interminable exposición pública, pocas veces ha perdido los papeles. Cuando se ha desmelenado, ha sido por la demagogia en el debate. Un estilo que ha sido un trampolín para ser la apuesta socialista en Cataluña y relevar a su jefe y amigo Miquel Iceta. Volvió a la política catalana, un terreno que no es extraño para el también secretario de Organización del PSC, que tiene con una dilatada carrera en las procelosas aguas del socialismo catalán y en las negociaciones con otras fuerzas.

Su vuelta a Cataluña fue un cambio cocinado en silencio y con mentiras. Solo 24 horas antes de hacerse pública, él mismo dijo que el candidato era Iceta. Sánchez bendijo la operación en noviembre durante una reunión en la Moncloa. Illa se presentó en sociedad con la operación vacuna en marcha. Con razón dijo que era «el principio del fin», era el colofón de la andadura ministerial y el comienzo de su regreso a Cataluña.