Las claves de un vuelco histórico

La victoria de Moreno no se ha construido de la noche a la mañana. Mientras en 1977 la derecha representaba a unas élites de gomina, en 2022 el PP es una organización de masas en Andalucía

CÉSAR GINER PARREÑO Profesor titular de la Universidad Carlos III de Madrid. Exdiputado del PSOE

En la Transición, Andalucía quiso levantar su autonomía por la vía del artículo 151 de la Constitución y obtener mayores cotas de autogobierno. Los partidos de la derecha andaluza no se sumaron con claridad a ese propósito que se convirtió en un clamor popular. El PSOE lideró la voluntad de una gran mayoría de ciudadanos, y se convirtió en el partido de los andaluces durante varias décadas. Tal fue el camino del Estatuto de Andalucía de 1981. La derecha aprendió la lección, y no desaprovechó la oportunidad durante la negociación y aprobación del Estatuto de Autonomía de 2007. Su artículo 1.1 dice que Andalucía, como nacionalidad histórica y en el ejercicio del derecho de autogobierno que reconoce la Constitución, se constituye en Comunidad Autónoma en el marco de la unidad de la nación española y conforme al artículo 2 de la Constitución. Javier Arenas, presidente de los populares andaluces, peleó en Madrid el reconocimiento más explícito de Andalucía como nacionalidad histórica y sumó a la derecha al movimiento reformista: los populares presentaron su candidatura para ser también un partido de los andaluces.

Mientras que en 1977 los partidos de la derecha representaban a unas élites de gomina, a los señoritos de la vida social andaluza, en 2022 el Partido Popular es una organización de masas, vertebrada territorialmente, con representación en todos los municipios, y con gestión de gobierno prácticamente en todos los ayuntamientos andaluces. Esta extensa red territorial con militantes de todos los perfiles sociales se ha construido pacientemente durante cuarenta años, y es un mérito de las direcciones políticas de los populares andaluces. Juan Manuel Moreno, candidato popular, ha sido para los votantes 'Juanma', expresando su cercanía al convertirse en uno más de todos los andaluces.

El PSOE ha hecho en Andalucía la misma campaña electoral que en Madrid resultó en un fracaso. Al grito de que viene la ultraderecha, ha intentado asustar al electorado andaluz, curado de espantos ante los socios de Pedro Sánchez en el Gobierno y en el Parlamento. En cambio, el PP le ha dado sutilmente la vuelta al argumento: 'vota a Juanma' para que no dependa de la populista Macarena Olona, candidata de Vox. Los ciudadanos centristas han comprado la propuesta, lo que explicaría un amplio trasvase de votos del PSOE a los populares, que consiguen, por esta vía, situar al partido en una posición clara de rechazo al populismo, y estratégicamente, orientar al PP bien, en el eje de la disputa contemporánea, con los defensores de las democracias liberales, frente a los regímenes autoritarios. El PSOE tiene graves problemas para ubicarse en esa disputa trascendental, siendo percibido como una organización sin ruta ideológica más allá de la permanencia en el poder al precio del pacto con los representantes de los iliberales, simpatizantes de los regímenes autoritarios. Hoy por hoy, esa posición parece perdedora en la política española.

Los tres años de Juan Manuel Moreno como presidente de la Junta de Andalucía han sido tranquilos, demostrando un conocimiento alto de la Administración andaluza. Ha ganado la confianza de sus conciudadanos desde la centralidad de sus políticas. Juan Espadas, candidato socialista, ha sido un gran alcalde de Sevilla, pero afrontaba dos graves problemas que lastraban su prestigio. De un lado, sigue pesando el recuerdo de los graves casos de corrupción durante la última etapa de los gobiernos socialistas. La gente se cansó, quiso pasar página a esos cuarentas años de Gobierno del PSOE, queperdió la mayoría en las elecciones autonómicas de 2018, y Juanma, apoyado principalmente por Ciudadanos, no ha desentonado y le han dado otra oportunidad con una mayoría sólida. Y, de otro, Juan Espadas ha sido presentado con éxito por el PP como el candidato de Pedro Sánchez, y hay que reconocer que las políticas del Gobierno de España, sin entrar en detalles, generan muy pocas simpatías en Andalucía.

El Partido Popular es hoy un partido identificado con Andalucía y los andaluces, cuenta con una organización territorial experta y bien implicada en la sociedad andaluza, ha dirigido una excelente campaña electoral presentando a 'Juanma' como uno más, ha situado al partido claramente en el eje de las democracias liberales y ha subrayado la falta de hoja de ruta del Gobierno de España. Estas han sido las claves de la victoria electoral del 19 de junio de 2022, pero no olvidemos que el éxito presente se ha gestado bien durante años.

El PSOE tiene que recuperar su capacidad de competir en Andalucía y en España. Esto sería lo mejor para la democracia, la competencia entre dos opciones políticas que se mueven dentro del paradigma social-liberal. Estomaga que al partido lo hayan perniquebrado. Alguien ha dicho que le han hecho la taxidermia: está su cuerpo, pero sin vida orgánica, ni ideológica. Debe apostar, sin ambages, por un modelo social-liberal, aquel que desarrolló brillantemente en la década de los ochenta del siglo XX, quizás los años de implosión de las libertades en España. Y en el contexto político actual necesita encontrar, además, un modelo de cooperación con un Partido Popular que abraza la templaza de Feijóo y Moreno frente al modelo de Ayuso.