El paisaje dunar es uno de los más fotografiados por los visitantes a Gran Canaria. / ARCADIO SUÁREZ

CRÓNICA

Maspalomas y todos nosotros

Tampoco fue extraño que aquel ingente proyecto, que trastocaría definitivamente la vida y el devenir insular, tuviera un hondo componente sentimental

A las ciudades, a territorios definidos y marcados por una geografía, una historia y una identidad propia, aunque se conozca con claridad una fecha o hito fundacional, hay que reconocerles como su realidad actual no deviene sólo de aquel momento o situación, sino de una serie de acontecimientos, expandidos en el devenir de los siglos, que, en un tiempo determinado, marcaron tanto su evolución que se puede hablar de una auténtica refundación. Si de la capital grancanaria podemos afirmar que, después de aquel final del siglo XIX en el que se construyó el Puerto de La Luz, hay otra ciudad distinta, de Gran Canaria en general también se podría destacar como hace 60 años en Maspalomas comenzó a conformarse otro concepto de la isla, un antes y un después de su historia, de la de todos nosotros.

Si desde unos años antes ya se insistía, en las pocas e incipientes páginas turísticas, que por entonces casi se limitaban a la 'Revista Isla' del C.I.T., en una idea, la de que esta esta era «la isla de las playas doradas», y como «...la inmensa sábana arenosa de Maspalomas, situada en la punta meridional de la Isla, a 60 km por carretera, que es uno de los parajes más bellos y originales del Archipiélago...» se instituía en el verdadero y maravilloso horizonte de su propia tierra -como afirmaba esa publicación en 1958-, todo arrancaría con el Concurso Internacional de ideas Maspalomas Costa Canaria, impulsado por D. Alejandro del Castillo, Conde de la Vega Grande de Guadalupe, que, con independencia del aprovechamiento que se hiciera del mismo, como de los rumbos que se tomaran posteriormente, constituye tanto en sí mismo, como por los proyectos que se presentaron, un verdadero e inolvidable hito en la historia de Gran Canaria, que no sólo tiene un antes y un después del despegue turístico del sur insular, sino que con el mismo proyecto muestra una renovada capacidad de emprendimiento, un reforzamiento de su talante cosmopolita y cultural; el mismo libreto del Concurso, que se dio a conocer el 1961, es una verdadera joya en su contenido y en su diseño, una indiscutible muestra de la búsqueda de una modernización y una apertura a todas las corrientes arquitectónicas, urbanísticas y turísticas más internacionales y vanguardistas de aquel momento, donde arquitectura, urbanismo, paisaje, naturaleza e identidad cultural, buscaban fundirse en una nueva expresión, que contribuiría a asentar esa imagen de Gran Canaria como lugar de encuentro y crisol de culturas en el Atlántico.

Es sugerente volver a leer, sesenta años después, como ya entonces, exactamente en 1963, la prestigiosa revista 'La Revue des Voyages', editada en París, dedicaba una amplia y elogiosa crónica a este proyecto y aspiración del sur de Gran Canaria, que su autora, Sylvain Zegel, abría resaltando como «Maspalomas, hoy en día, es un desierto. Maspalomas dará la bienvenida a 300.000 turistas en 5 años...», y culminaba la entradilla del reportaje, tras enumerar todo lo que ya se veía venir, exclamando «Hay que darse prisa», y señalando como «...aquí está la historia de una sorprendente aventura inmobiliaria que ofrece exuberancias y lujos de Florida, en la punta sur de la Gran Canaria...». En 1965 otra importante revista de información turística, con título muy elocuente para el momento y el lugar, Costa Canaria, resaltaba como surgía el complejo de San Agustín «integrado en el vasto plan de Maspalomas, cuyas proporciones alcanzarán unas magnitudes extraordinarias en un futuro próximo...», añadiendo como el «Sur de Gran Canaria ofrece un futuro prometedor y, desde San Agustín a la Playa del Inglés, un fabuloso proyecto integrado en el plan general de Maspalomas, hasta el faro, será la zona que más atractivo podrá ofrecer al turismo internacional...».

Alejandro del Castillo, en una entrevista en la casa familiar en Vegueta. / arcadio suárez

El proyecto comenzaba a ser algo palpable y San Agustín con el restaurante La Rotonda, apartamentos como «Los Caracoles» u hoteles como Las Folías, inaugurado en octubre de 1965 con muchísimas miradas puestas en él, en una recepción muy concurrida y por todo lo alto, no sólo constituía ya, como señaló esa revista, «un centro de atracción del turismo internacional que lo ha convertido en punto de cita», sino un santo y seña, un símbolo, de lo que se quería hacer, de lo mucho que se esperaba de un futuro a corto y medio plazo. Y el orbe cultural también estuvo muy presente desde un primer instante, pues aquellos pioneros no entendían estos proyectos sin ella. Las Folías se llenó desde su inauguración de obras de arte de autores como Cesar Manrique, o Pepe Dámaso que realizó para el vestíbulo una escultura muy simbólica, 'Cosmos' (1965), un cosmos insular muy nuevo para una nueva época y un nuevo orbe.

El Concurso Internacional, que tuvo un prestigio siempre reconocido y un eco muy amplio, lo ganó el proyecto presentado por un equipo de arquitectos e ingenieros franceses, integrado por Guy Lagneau, Michel Weill, Jean Dimitrijevic, René Bartholiu, Philippe Cennet, Ivan Seifert, Lucien Varinay y Jean Davidad, que con un concepto muy claro de lo que era aquel maravilloso territorio, y lo que debía ofrecer a propios y foráneos en el futuro, se proponían dividir para su urbanización en siete zonas independientes, que debían diferir entre ellas tanto en lo arquitectónico, como en la oferta turística que se realizara en cada una. Nunca se siguió este proyecto, al menos al pie de la letra, pero fue un verdadero arco de entrada de lujo al futuro de Gran Canaria.

Tampoco fue extraño que aquel ingente proyecto, que trastocaría definitivamente la vida y el devenir insular, tuviera un hondo componente sentimental, que reflejó pocos años después, en 1968, Néstor Álamo en la canción habanera 'Maspalomas', que enseguida se convertiría en todo un himno no sólo para la zona, sino de la isla, de lo que estaba aconteciendo y transformándola. El propio Néstor señalaba a la prensa del momento como 'Maspalomas es un lugar de una belleza indescriptible'. Era la mirada honda del grancanario que veía como «allá abajo, en el sur de Gran Canaria, dormida bajo el sol hay una playa», y como eran «el sol y las arenas, y el cielo azul, la gloria de mi tierra», y también aquel proyecto que nacía, que crecía rápido y sustantivo era algo de todos, que afectaba al conjunto y que era para toda la isla y su futuro, y así cobraba sentido el añadir, al título definitivo de la canción, el «y tú», 'Maspalomas y tú'. Sesenta años después debemos entender que hoy, con lo que se hizo, con lo que ha significado, con lo que tiene que ser para el futuro, el lema deberá ser 'Maspalomas y todos nosotros'.