La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en diciembre en el Senado. / EFE

La recuperación económica y el déficit marcarán los cambios

El Ejecutivo espera que Bruselas sea flexible en las reglas fiscales para evitar que la subida de impuestos sea la fórmula de rebajar el déficit

Clara Alba
CLARA ALBA

Las recomendaciones de los expertos serán solo el punto de partida para abordar una reforma fiscal en profundidad que, además, tendrá que debatirse y desarrollarse en pleno debate en Bruselas sobre el futuro de las reglas fiscales. Unos límites al déficit (3% de máximo) y a la deuda pública (60% de máximo)de los estados miembros que han permanecido suspendidos durante la pandemia para ayudar a los países a luchar contra la crisis.

Mientras estas reglas sigan suspendidas, el Gobierno tendrá capacidad para mantener el histórico gasto presupuestado para este año. Pero si finalmente las normas cambian en 2023, será difícil que la reducción del déficit llegue por un drástico ajuste de ese gasto.

El Ejecutivo lleva meses defendiendo una estrategia basada en la mejora de ingresos derivada de la reactivación económica y del empleo, que en 2021 terminó con una recaudación tributaria récord de 223.383 millones de euros.

Riesgo

El problema es que si esa recuperación se ralentiza, no quedará otra que subir impuestos para caminar hacia el equilibrio en las cuentas públicas. Fuentes consultadas reconocen que, por eso, las medidas que se decidan para la reforma fiscal, que en principio debería entrar en vigor en 2023, dependerán mucho de que se mantenga esa inercia de mejora que hasta ahora ha permitido mantener al alza la recaudación, además de contar con otros factores como un mayor impacto de los fondos europeos. Es decir, cuanto más tiempo se pueda 'vivir' de la tendencia del rebote tras la pandemia, menos bruscos serán los movimientos fiscales que se decidan en un principio.

Con el objetivo de recortar el déficit hasta el 3,2% en 2024, resulta evidente que al Gobierno le vendría muy bien que la Comisión Europea mantuviese flexibles sus reglas fiscales. O, al menos, que accediese a la propuesta lanzada por algunos países para que esos límites al déficit y a la deuda se decidan por regiones y según el momento económico de cada una de ellas. ¿El objetivo?Intentar mantener la capacidad de inversión para no entorpecer la recuperación.

En el otro lado de la balanza se posicionan Francia o Alemania, que abogan por recuperar ya para 2023 esas 'buenas costumbres' que marcarán el retorno al equilibrio fiscal dentro de la UE.